Siempre nos definimos en relación con algo o alguien. Nuestros padres son sin duda nuestros primeros puntos de referencia. Pero a medida que nuestro campo de acción se amplía, también lo hace nuestra necesidad de precisión. Saber que nuestra casa está a 600 km de nosotros no sirve de nada para orientarnos en otra ciudad, a menos que podamos medir con gran precisión el ángulo y la distancia que nos separan, más allá de la curvatura de la Tierra. Posicionarnos sigue siendo un reto al que el ser humano se enfrenta desde hace miles de años.
Para comunicar nuestra posición, hemos adoptado puntos de referencia universales: los polos, la estrella polar y la trayectoria del sol. Con los cuatro puntos cardinales, pudimos crear una cuadrícula de longitud y latitud, que hemos utilizado como referencia desde entonces. En la actualidad, el sistema geodésico mundial(WGS 84) utiliza el Meridiano Internacional de Referencia(IRM), que está ligeramente desplazado (unos 100 metros) respecto al meridiano de Greenwich. ¿Por qué? Porque el GPS se diseñó en Estados Unidos, la Tierra no es una esfera y los continentes se mueven. Así que se establece una media, que se convierte en la referencia. La mayoría de las coordenadas se basan en esta cuadrícula; incluso la hora de tu reloj se determina por referencia al IRM. También utilizamos el aún más sofisticado International Reference Frame(ITRF), con su red de miles de puntos de referencia.
Sólo nos queda localizarnos a nosotros mismos.
Antes del GPS y la electrónica
La brújula, el sextante y el reloj fueron algunos de los primeros instrumentos utilizados para situarnos en esta red con relativa precisión a grandes distancias. Más allá del sextante, la cantidad de dispositivos mecánicos y ópticos desarrollados para medir ángulos, alturas y distancias es sencillamente asombrosa: astrolabios, micrómetros anastigmáticos, sistemas de paralaje, altímetros, giróscopos, etc. Se han utilizado prácticamente todos los principios físicos, con el objetivo último de localizar y orientarse de forma autónoma, en todo momento y en todas las condiciones, y ése es el reto.
Con el desarrollo de la marina, el tren y, sobre todo, la aviación, las exigencias de precisión no han dejado de aumentar: los trenes tienen que esquivarse en el momento justo, los aviones tienen que aterrizar en el lugar adecuado antes de quedarse sin combustible y los barcos tienen que evitar siempre los arrecifes. Hemos desarrollado giroscopios cada vez más precisos, pero nunca lo suficiente como para poder confiar en ellos durante mucho tiempo.
La revolución electrónica
Con la electrónica, pudimos empezar a utilizar principios físicos antes inaccesibles para posicionarnos: radar, efecto Doppler, paralaje con ondas de radio, cronometría, radiointerferometría, telemetría láser... se abrió todo un universo de posibilidades y aparecieron varios sistemas de posicionamiento como Decca y Loran (LOng RAnge Navigation), con la inmensa ventaja de ser transportables y precisos.
Pero la accesibilidad práctica seguía siendo limitada y los costes elevados.
La revolución informática
Los ordenadores y la construcción de una red de puntos de referencia tanto en tierra como en órbita han cambiado la situación. Ahora se trata de una red física de miles de transmisores estáticos y dinámicos, constantemente recalibrados, compensados y programados para ofrecer una precisión de hasta diez centímetros, ¡si se paga el precio!
En cuanto se comunica por Internet, puede ser localizado: por su dirección IP (poco precisa), por cruce de células si utiliza el teléfono (más preciso), por el sistema GPS o Galileo(y otros). Pero eso no es todo.
Los girómetros y acelerómetros electrónicos permiten conocer tu orientación y, sobre todo, procesarla dinámicamente. Así que puedes registrar el movimiento y obtener feedback. Hay decenas de aplicaciones móviles para la orientación de la pantalla, el control del movimiento de las aplicaciones, la compensación de vídeos y fotos. Por ejemplo, la Wii utiliza simultáneamente dos sistemas para localizar al jugador y los movimientos del mando; otras aplicaciones se activan cuando está cerca, a una velocidad determinada, con una aceleración dada, cuando no se mueve nada, cuando pasa alguien, cuando vibra, etc.
¿Y en educación?
Por supuesto, Google Maps ofrece numerosas posibilidades educativas para crear mapas personalizados, medir distancias, visitar lugares, etc. Aparte de las clases de geografía, he aquí otras sugerencias.
Las populares actividades de geocaching se utilizan obviamente en actividades al aire libre y de exploración, pero cansan más o menos rápido porque es menos interesante remitirse a un dispositivo en lugar de a los sentidos para explorar el entorno. No obstante, el aspecto de "búsqueda del tesoro" sigue siendo una buena excusa para ir donde no tendríamos otra razón para ir.
Un sistema wi-fi de posicionamiento en interiores como Wifarer puede utilizarse para proporcionar literalmente un mapa de todos los espacios de cualquier edificio o campus, y localizarte en el mapa en tiempo real. ¿Busca la sala C437? ¿La escultura de Rodin?
Más abiertas son las actividades de investigación que se llevan a cabo bien utilizando bases de datos alimentadas por decenas de mediciones posicionadas, como con el software EpiCollect, bien utilizando sistemas más sofisticados de transmisor y receptor (collares, anillos, chips RFID o transmisores). Los estudios de campo realizados por toda una clase pueden abarcar grandes zonas y arrojar datos valiosos, por ejemplo para determinar la ruta óptima que debe seguir un grupo, identificar las fuentes de contaminación de una zona, la presencia de especies animales o artefactos, etc.
Algunas aplicaciones móviles que registran las posiciones de los teléfonos en un momento dado pueden identificar patrones de comportamiento colectivos o individuales, tan característicos como una firma o una huella dactilar. AntiMap tiene todo tipo de aplicaciones en la vigilancia del movimiento. Incluso hay un cepillo de dientes Bluetooth(Oral B) que te dice cómo mejorar tu cepillado.
Varias ciudades tienen sitios que muestran las posiciones de aviones(Flight Aware), barcos(Marine Traffic) e incluso aplicaciones que integran los movimientos de los coches. Lo que puedas hacer con ellas depende de tu imaginación.
También podemos crear juegos que integren las posiciones de los jugadores en tiempo real e incluso añadir elementos o información de realidad virtual. Ingress es un ejemplo pionero de ello.
Las aplicaciones de entrenamiento se utilizan con frecuencia en las clases de educación física. Vinculan el movimiento a la ubicación y la topografía, lo que permite todo tipo de deducciones y encuentros sociales... los teléfonos y relojes conectados ofrecen decenas de aplicaciones.
En educación, el potencial del "posicionamiento" es real y la explotación de sus posibilidades está en una fase temprana de desarrollo.
Referencias
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