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Publicado el 25 de marzo de 2026 Actualizado el 25 de marzo de 2026

Asunción de riesgos y esperanza de victoria: la capacidad de percibir la propia eficacia

El rendimiento no consiste en una audacia desesperada, sino en controlar un margen de seguridad

El miedo a los adversarios te hace perder tu ventaja

En la prueba de moguls de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026, el favorito estaba tan seguro de sí mismo que sus rivales forzaron la situación y cometieron numerosos errores. Uno arriesgó demasiado en el último salto, otro aceleró mucho más allá de su zona de confort y un tercero perdió el control a mitad de recorrido. Ninguno de ellos fue desafiado directamente por el campeón. Fue su aura la que lo hizo todo.

Esta escena ilustra cómo el éxito de un individuo crea un campo social invisible que empuja a sus competidores fuera de su zona de confort. La excelencia no consiste en "jugar de más" o intimidar deliberadamente. Reside en la gestión metacognitiva de la propia actuación, mientras los demás perturban la suya. Comprender este mecanismo es comprender la verdadera naturaleza de la dominación.

El mecanismo de la altitud: ¿por qué el aura te hace tropezar?

La autoeficacia según Bandura: el motor que se escapa

Este fenómeno puede explicarse gracias a los trabajos de Albert Bandura sobrela autoeficacia. Se trata del sentimiento que tiene un individuo de su propia capacidad para realizar una tarea con éxito. Según la teoría de Bandura, este sentimiento no es fijo: fluctúa en función del contexto, la experiencia pasada, la observación de los demás y las señales emocionales recibidas en tiempo real.

Frente a un competidor percibido como superior, el sentimiento de autoeficacia de un deportista -y lo mismo cabe decir de un estudiante de oposiciones- se va erosionando poco a poco. El razonamiento inconsciente pasa a ser entonces el siguiente:

"Si juego mi juego habitual, no puedo ganar. Necesito algo más".

Este "algo más" adopta casi sistemáticamente la forma de una asunción excesiva de riesgos, recurriendo a recursos sobre los que no se tiene suficiente control. El esquiador intenta un salto que sólo ha conseguido una de cada tres veces en los entrenamientos. El estudiante redacta una demostración compleja que nunca ha asimilado realmente, esperando impresionar mediante la audacia lo que no puede garantizar mediante el dominio.

Aquí es precisamente donde reside la paradoja: al intentar compensar la brecha percibida, el competidor no la reduce. Al contrario, la amplía. Pasa de su nivel real, digamos el 85% de sus capacidades, a una zona de exceso de riesgo que supera el 110% de lo que realmente controla. El campeón, en cambio, nunca supera el 100% de su capacidad: nunca está en números rojos, siempre tiene el control.

Sesgo de percepción: luchar contra un fantasma

El adversario ya no lucha contra la pista o el evento. Este paso de la realidad a un adversario o una dificultad fantaseados es una de las causas de fracaso más subestimadas.

La competición deja de ser un enfrentamiento con uno mismo para convertirse en una lucha contra una imagen idealizada que es, por definición, imbatible. Este sesgo en la percepción transforma una prueba de habilidad o conocimientos en una prueba psicológica. Esta es la prueba que la mayoría de los competidores han perdido incluso antes de salir.

Metacognición: permanecer dentro de su margen de control

La aportación decisiva de Romainville: conocerse para regularse

Aquí es donde entra en juego el concepto de metacognición, desarrollado por Romainville, Noël y Wolfs (1995). La metacognición se refiere a la capacidad de un individuo para pensar sobre su propio pensamiento, para observar y regular sus propios procesos cognitivos en tiempo real. Es, en cierto modo, el cuadro de mandos interno de quien se conoce a sí mismo. Le permite saber a qué atenerse, qué domina realmente y qué arriesga al aventurarse más allá de sus límites actuales.

La diferencia entre el atleta o el estudiante que resiste la presión y el que se desmorona no es sólo el talento en bruto. Tiene que ver con la calidad de esa autocomprensión.

El individuo metacognitivamente competente es capaz, en medio de un examen o una competición, de decirse a sí mismo: "No voy a intentar esta compleja demostración que no domino muy bien sólo para impresionar. Voy a basar mis puntos en lo que sé hacer". No se trata de resignación, sino de estrategia.

La estrategia de la eficacia más que del espectáculo

La verdadera excelencia consiste en ser eficaz más que espectacular. Este matiz es crucial. En un mundo en el que la actuación visible se confunde la mayoría de las veces con la actuación real, la tentación de sobreactuar y forzar es permanente. La metacognición actúa como un regulador de velocidad: impide que el individuo se deje llevar, que confunda la audacia desesperada con la iniciativa calculada.

En términos prácticos, esto implica tres habilidades distintas:

  • Autoconocimiento: identificar con precisión los puntos fuertes reales y las áreas de incertidumbre.
  • Vigilancia en tiempo real: estar atento, durante la acción, a las señales que indican que te acercas a la zona de riesgo exagerado.
  • Regulación activa: ajustar tu estrategia sobre la marcha, sin dejarte llevar por el pánico o el orgullo.

En conjunto, estas tres dimensiones forman el escudo cognitivo que protege el rendimiento bajo presión competitiva. No se improvisan: hay que entrenarlas, cultivarlas y reforzarlas mediante la práctica reflexiva.

El profesor o líder ejemplar: entre el prestigio y la exigencia

El aura como palanca pedagógica

El fenómeno descrito hasta ahora no se limita a las competiciones deportivas o a los exámenes universitarios. Se reproduce del mismo modo en cualquier relación asimétrica en la que uno de los actores se percibe como claramente superior al otro. El profesor conocido, el directivo carismático, el líder empresarial como Steve Jobs o Elon Musk: todos ellos ejercen una forma de altura sobre quienes les rodean.

Cuando se utiliza con inteligencia, esta altura puede elevar a los alumnos. Cuando el modelo de conducta es accesible, benevolente y explícito en su planteamiento, alimenta el sentimiento de autoeficacia de sus alumnos y no los intimida. Bandura insiste en este punto: observar a un modelo competente es una de las fuentes más poderosas de refuerzo del sentimiento de autoeficacia, siempre que el alumno pueda identificarse con este modelo y perciba el éxito como posible y alcanzable.

El riesgo de la arrogancia: cuando la confianza se hace añicos

Pero existe un límite peligroso. Cuando la confianza del líder se convierte en condescendencia, cuando la excelencia se convierte en una demostración de superioridad en lugar de una invitación al progreso, el efecto se invierte brutalmente. El alumno ya no ve un modelo inspirador, sino una cumbre que no podrá alcanzar. Su sensación de autoeficacia cae en picado, y con ella su voluntad de asumir los riesgos calculados necesarios para un aprendizaje auténtico.

El líder "ejemplar" eficaz es, por tanto, el que sabe medir su influencia: lo bastante presente para elevar el nivel, lo bastante humilde para no paralizar. Es un equilibrio delicado, que requiere también una forma de metacognición y, por tanto, la capacidad de observar el efecto que uno tiene en los demás y ajustar su comportamiento en consecuencia.

El arte de la altitud benévola

La verdadera dominación es la que no necesita ser forzada. Los campeones magnates no ganan porque lleven a sus oponentes al límite: ganan porque se conocen a sí mismos y conocen sus propios límites.

En las salas de examen, en las empresas, en las aulas, se produce y reproduce el mismo mecanismo. Los que resisten la presión competitiva no son necesariamente los más talentosos. Son los que han desarrollado la capacidad metacognitiva de conocerse a sí mismos, de controlarse y de regularse en el preciso momento en que todo les empuja al exceso.

Por tanto, el reto educativo y de gestión es claro: no se trata sólo de formar individuos competentes, sino individuos conscientes de su competencia. Cultivar una altitud benévola significa crear las condiciones en las que cada cual pueda encontrar su propio margen de dominio, instalarse con confianza y progresar sin perderse en un intento desesperado de alcanzar una perfección que no es la suya.

Referencias

I really wanted this one - Mikaël Kingsbury - YouTube
https://www.youtube.com/watch?v=6Vz5-jvrCHA

La teoría de Albert Bandura: un resumen - Acuite - https://ent2d.ac-bordeaux.fr/disciplines/hotellerie/wp-content/uploads/sites/46/2018/05/BANDURA_Theorie.pdf

La métacognition : facettes et pertinence du concept en éducation - Marc Romainville, Bernadette Noël, José-Luis Wolfs - Persée - https://tecfa.unige.ch/tecfa/teaching/bachelor_74111/ressources_glossaire/romainville_noel_wolfs_1995.pdf


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