Los seres humanos seguimos siendo un misterio. Nuestras relaciones sociales y las sociedades que formamos siguen siendo difíciles de analizar. Tanto más cuanto que esta masa de personas, básicamente una y la misma, cambia y adopta comportamientos diferentes según las épocas, las condiciones de vida, las estructuras, etc. Las ciencias sociales intentan descodificar y proporcionar un análisis racional de estos seres emocionales que somos.
Sin embargo, con la llegada de la tecnología, la percepción de estas ciencias se ha visto profundamente alterada. Con el aumento de la velocidad a la que se comparte la información, los sociólogos han parecido fuera de contacto. Los jóvenes ya no se interesan por este tipo de conocimientos. Es una triste realidad, porque significa que estas ciencias ya no pueden servir de contrapeso. Sin embargo, la llegada de datos masivos acumulados en Internet está dando esperanzas a mucha gente de que el campo de las ciencias sociales experimentará pronto un cambio drástico.
Una revolución...
Todos estos datos son potencialmente una mina de oro para los sociólogos. Empíricamente, se trata de la mayor base de datos de información disponible desde los primeros tiempos de las ciencias sociales. Ahora se puede analizar casi cualquier tema utilizando los datos recogidos. Metodológicamente, todo cambia con el Big Data. Los científicos pueden ahora examinar una población entera con mucha más facilidad. Ya no es necesario recurrir a muestras limitadas que eran criticables. Por último, teóricamente, esta masa de datos puede mejorar el conocimiento y responder a preguntas más difíciles de analizar con las fuentes tradicionales, como la evolución de una lengua.
Sin embargo, los más apasionados por el debate sobre el Big Data en estas ciencias reconocen una cosa: los datos recogidos por Google, Facebook y los demás gigantes informáticos de este mundo no son neutrales. Por eso hay que relativizar las fuentes y criticarlas. Pero esto ya ocurría antes con los sondeos de opinión y otras herramientas utilizadas en el análisis social. Así que, ¿por qué no aprovechar este revolucionario filón?
... o no
Por otra parte, muchos sociólogos critican este enfoque. En primer lugar, porque las supuestas revoluciones en las ciencias sociales se vienen anunciando periódicamente desde hace siglos y, al final, nunca duran. Por el momento, hay algunos investigadores que no dan crédito al tratamiento masivo de estos datos. Mucha información no es indicativo de su calidad. De hecho, hasta ahora, los datos pertinentes han sido escasos. Esto es perfectamente normal, ya que la mayoría de las bases de datos proceden de departamentos que quieren, ante todo, fidelizar a sus clientes y aumentar la rentabilidad. Un objetivo que nada tiene que ver con el de los científicos.
Es más, la metodología del big data no es tan interesante. Volvamos a Gallup, que, a pesar de tener una muestra más pequeña (unos pocos miles) que The Literary Digest (millones de lectores), fue capaz de predecir el resultado de la carrera presidencial en Estados Unidos. Disponer de datos de una población mayor no garantiza mejores resultados. Al contrario, facilita que nos fijemos en detalles insignificantes, hagamos correlaciones chapuceras y caigamos en laapofenia.
Cambios notables
Sin embargo, como señala este artículo publicado en la revista Sociologie, sería deshonesto decir que estos datos masivos no están, en parte, cambiando las ciencias sociales. Cierto es que no son la revolución que se preveía, pero sí están causando trastornos a los científicos. Están obligando a los investigadores actuales y futuros a adquirir conocimientos adicionales en informática e incluso en programación. Al fin y al cabo, para encontrar información más precisa en una base de datos, a veces sólo hace falta una línea de código para ordenar el desorden.
También ha cambiado la formación estadística, trayendo consigo la disciplina del "aprendizaje automático", en la que los investigadores aprenden a aprovechar grandes muestras y extraer conclusiones decentes y científicamente rigurosas. El advenimiento de bases de datos tan vastas y de Internet también significa que se pueden almacenar y, potencialmente, acceder a ellas con mayor facilidad. Sin embargo, la cuestión de la privacidad y la anonimización de los datos dista mucho de estar resuelta, ya que los expertos informáticos inteligentes saben que es muy fácil cruzar información para encontrar a alguien.
Los macrodatos no son el único futuro de las ciencias sociales. Pero tampoco puede ignorarse totalmente. De hecho, hay quien propone que se creen carreras universitarias centradas precisamente en este aspecto de la ciencia, para formar investigadores que sean capaces de estudiar estos inmensos bancos de información y extraer de ellos conclusiones para una mejor comprensión del ser humano.
Ilustración: a-image, shutterstock
Referencias
Belot, Laure. "Les sciences sociales ne jouent plus leur rôle de contre-pouvoir". Le Monde.fr. Última actualización: 6 de septiembre de 2015. http://www.lemonde.fr/festival/article/2015/09/03/les-sciences-sociales-ne-jouent-plus-leur-role-de-contre-pouvoir_4745227_4415198.html.
Noyon, Rémi. "Et si c'était le Big Data qui nous disait qui est Charlie?". Rue89. Última actualización: 22 de mayo de 2015. http://rue89.nouvelobs.com/2015/05/22/si-cetait-big-data-disait-est-charlie-259271.
Ollion, Étienne y Julien Boelaert. "Más allá del Big Data". Sociología. Última actualización: tercer trimestre de 2015. https://sociologie.revues.org/2613.
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