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Publicado el 08 de mayo de 2016 Actualizado el 06 de julio de 2022

Un juego serio sobre el compromiso social

Una aventura alegórica y humorística sobre personas que inician el cambio en su entorno

No es fácil ser una fuente de cambio. Querer mejorar el mundo requiere ir a contracorriente del pensamiento común, rodearse de aliados y no desanimarse a pesar de los escollos.

Elementos que no se suelen contar a los más jóvenes y que, sin embargo, les harían saber que es posible ser un vehículo para mejorar este mundo.

Una alegoría humorística

Esta es la idea del juego "Amo las patatas", un juego serio para móviles o navegadores de Vali Fugulin en colaboración con Ruben Farrus y el desarrollador Minority. El juego dirigido a niños de finales de primaria o principios de secundaria pretende ser una alegoría humorística sobre nuestro mundo y cómo cambiarlo.

El jugador dirigirá a Chips, un encantador sprite que vive en un entorno centrado únicamente en las patatas. En efecto, las patatas son el centro de la vida de su pueblo. Comen patatas, por supuesto, pero también dan gran parte de los tubérculos a un simpático monstruo gigante que se alimenta de ellos. A cambio, proporciona a los habitantes bienes como televisores, materiales de construcción, etc.

Pero, a fuerza de comer tanto, la bestia acaba teniendo un sobrepeso gigantesco, lo que obliga a Chips a aportar nuevas ideas al pueblo y a hacer amigos que sigan su estela.

La aventura es una mezcla de point and click y el sistema de juego Pikmin de Nintendo, en el que un cosmonauta controla a pequeños seres para recoger grandes piezas de set o derribar obstáculos. De hecho, Chips tendrá que hacer amigos en ocasiones para conseguir avanzar en la historia. Sin embargo, nada demasiado complicado, ya que todo lo que tienes que hacer es pulsar sobre los que tienen un gran signo de exclamación amarillo sobre su cabeza para obtener sus servicios.

Simple e informativo

Este es, en realidad, el mayor defecto del juego: su linealidad lo hace terriblemente sencillo de jugar. No hay ningún desafío real, ya que todo se señala al jugador. Sin embargo, la alegoría sobre el capitalismo y sus efectos en el medio ambiente son muy sutiles.

Más que crear un juego más sobre las acciones de desarrollo sostenible que hay que adoptar, el título sugiere las actitudes que hay que tener para ser una fuente positiva de transformación en la propia comunidad.

Además, una vez terminado el juego, se dan ejemplos de personas que han sido vectores de cambio. De hecho, el sitio web de la NFB también ofrece fichas sobre estas personas y actividades pedagógicas para integrar el juego serio en el aula.

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