Publicado el 10 de octubre de 2023Actualizado el 10 de octubre de 2023
¿Mentir es siempre malo?
No siempre según los especialistas
Mentir está mal. Eso es lo que nos enseñan desde pequeños. La mayoría de los filósofos y religiones prohíben mentir. Y, sin embargo, todos lo hacemos alguna vez. Al fin y al cabo, ¿no nos piden nuestros padres que demos las gracias a nuestros abuelos por un regalo, aunque esté completamente fuera de lugar?
Experimentos psicológicos clásicos demuestran que si un grupo de niños ve que uno de ellos pone un muñeco en un sitio y otro lo cambia, cuando se les pregunta dónde mirará el dueño del juguete, dirán en masa que estará en el escondite. Esto se debe a que aún no comprenden la "teoría de la mente", es decir, que cada ser humano percibe el mundo de forma diferente según sus recuerdos y pensamientos. Este descubrimiento les conducirá a las primeras falsedades.
La idea de la mentira como agente que desgarra el tejido social es muy exagerada. Al contrario, la capacidad de adaptarse a la situación permite crear vínculos con los demás, ya sea en los negocios o en el amor. Tanto más cuanto que somos muy malos para discernir las farsas. A pesar de las miles de teorías y supuestas máquinas, generalmente damos por sentado que la otra persona dice la verdad. Este fenómeno se conoce como "efecto de verdad ilusoria": nuestro cerebro cree primero que lo que ve es verdad. Si tuviera que hacer constantemente lo contrario, se sobrecalentaría.
En un mundo de manipulación de la verdad, esto puede resultar más problemático. Sin embargo, las mentiras dan lugar a mecanismos para contrarrestarlas. Las noticias falsas en Internet han llevado al desarrollo de la comprobación de hechos. Los niños desarrollan su mente lógica desde el momento en que comprenden que Papá Noel es ficticio.
Así que mentir no siempre es malo. Cuando sirve como lubricante social y para estrechar lazos, está bien. Si nos dijéramos constantemente la verdad sin ambages, a menudo acabaríamos en discusiones mayores. En cambio, lo realmente censurable son las mentiras interesadas.
Si pensamos en la humanidad como un todo, todas sus actividades representan el metabolismo. Cuando observamos la transición desde el punto de vista del conjunto, nos damos cuenta de que tenemos una criatura (una economía) en sobremarcha, como una especie de enfermedad autoinmune o cáncer.
Desde el momento en que los conceptos de lo global y lo local se enfrentaron en la década de 1960, han madurado hasta convertirse en una realidad única e infinitamente modulable.
La transformación del papel del profesor significa que pasa de la condición de poseedor y transmisor de conocimientos a la de formador y facilitador del aprendizaje. Esto implica una redefinición de los métodos de enseñanza, de la relación profesor-aprendiz y de las competencias clave de los profesores.
Ha llegado el momento de un cambio de paradigma en la forma de organizar la educación, ya que estamos llegando al límite del sistema actual, que ya no cumple suficientemente bien su función. La educación no debe verse como un pasaporte para obtener un diploma, sino como la preparación de las generaciones futuras para que se conviertan en miembros ilustrados, competentes y realizados de la sociedad.