"Lo triste de la inteligencia artificial es que carece de artificio y, por tanto, de inteligencia".
Los retos
La inteligencia artificial plantea 5 grandes retos a la formación.
El primero se refiere a la forma en que la contemplamos. O bien la inteligencia artificial es una prótesis que llena un vacío, en cuyo caso seguimos considerando que el aprendizaje consiste en complementarse como si fuéramos discapacitados del conocimiento. O bien vemos la inteligencia artificial como una órtesis, una forma de exoesqueleto que mejora nuestra capacidad de pensar, en cuyo caso vemos el aprendizaje como un aumento continuo de nuestras capacidades.
Probablemente necesitemos revisar los mitos que guían nuestras representaciones, y quizá deberíamos alejarnos de los mitos de Terminator y el transhumanismo de las películas de Hollywood e imaginar en su lugar a Calinator, una inteligencia artificial que estimula nuestros deseos y aumenta la liberación de dopamina en nuestro cerebro a través de la experiencia continua de mini hazañas digitales y creativas.
La segunda cuestión es ética. Se refiere a la forma en que las IA se diseñan e invaden progresivamente nuestras capacidades de decisión en función de parámetros sobre los que no sabemos nada. En primer lugar, terminan nuestras frases cuando tecleamos un texto, luego nos ponen bajo su influencia en un capitalismo de "codazos" que construye caminos y toboganes de un argumento a un sitio, de una propuesta a una elección, y poco a poco nos van guiando de interfaz en interfaz en nuestras formas de relacionarnos con el mundo. Los ergónomos se refieren a la "affordance" de un entorno que influye en nuestro comportamiento. Una de las consecuencias de esto es el riesgo de debilitar nuestras elecciones conscientes, lo que en términos de aprendizaje conduce a una pérdida de autodirección de nuestro aprendizaje, que según el psicólogo Albert Bandura es esencial para la creación de la motivación intrínseca. Por el contrario, cuanto más me siento en control de mis elecciones de aprendizaje, mayor es mi persistencia en el acto de aprender.
La tercera cuestión es económica.
Cuando ChatGPT irrumpió en el mercado, ganó más de 3 millones de usuarios en 1 semana y superó la barrera de los 100 millones en 1 mes. Eso no tiene precedentes. Es una convulsión para los grandes operadores digitales que creíamos bien asentados, por ejemplo, para los buscadores. Es un doble paso hacia un mercado de técnicas intelectuales y una forma de acelerar la construcción del razonamiento, pero también hacia la creación y la fluidez de los contenidos. Sin embargo, Noam Chomsky, lingüista y padre de la gramática generativa, nos recuerda que"el lenguaje es un poder humano interior que permite generar y comprender, gracias a un número finito de reglas, un número infinito de proposiciones que expresan el pensamiento". Esto es muy diferente de la producción de "cadenas de caracteres probables" característica de la IA generativa. Esto significa que no existe una inteligencia artificial, sino una inteligencia artificial.
La cuarta cuestión es la pedagogía. Es como si una "pedagogía fósil" hecha de sedimentos acumulados por el río del saber, que año tras año deposita una capa de conocimientos de la que cada uno se nutre para vivir su mundo, se viera ahora cuestionada. La IA generativa se basa simplemente en el pasado y reorganiza los datos para producir información probable. La IA tiene la suerte de recordarnos que aprender es algo más que recordar hechos pasados y recomponerlos. Se trata también, y sobre todo, de aprovechar nuestra propia experiencia y proyectar nuestros deseos en el futuro para construir el mundo que está por venir. La IA nos habla de dos emociones de raíz. El miedo lleva a los modelos educativos a reproducir el pasado. Así, el primer reflejo ha sido desconfiar de la IA y de las posibles trampas en los exámenes, donde el copiar y pegar oculta la falta de razonamiento individual. Aquí, el aprendizaje consiste en dominar la naturaleza, combinar la información y controlar los medios por los que se construye el conocimiento. La segunda emoción raíz es la alegría y el movimiento de explorar el mundo. Es probable que al empujarnos a liberarnos de la tarea de recordar, la IA nos esté invitando a avanzar hacia nuestra singularidad humana y nuestro poder de exploración.
El quinto reto es tecnológico y se refiere a la inclusión de la IA en los modelos sociales y económicos. A este respecto, conviene recordar que la IA consume más energía que el cerebro para procesar los cálculos, algo así como una hoja y el principio de la fotosíntesis, porque a diferencia de las máquinas, los organismos vivos son ahorradores y reciclan continuamente la energía. Los circuitos sinápticos consumen menos energía que las centrales eléctricas. Los circuitos sinápticos consumen menos energía que las centrales eléctricas, por lo que la producción de cálculos y datos tiene un coste eléctrico apenas frugal. Otro aspecto de esta cuestión es el consumo de agua utilizada para refrigerar los centros de datos. Por último, al estar en todas partes, la IA se ha convertido en mucho más que una herramienta, se ha convertido en un contexto. La IA es omnipresente; es como el agua, se cuela por todas partes y juega con la porosidad entre sistemas. Se está creando una tecno-conferencia sin que nos demos cuenta, con pantallas que cada vez se interponen más entre nosotros y el mundo.
Las oportunidades
Se prevén pérdidas espectaculares de puestos de trabajo, con el fantasma de las máquinas sustituyendo a los humanos del mismo modo que los telares sustituyeron en su día a las tejedoras. A menos que surjan nuevas profesiones, como la de "diseñador rápido", y otras asuman funciones que aún no se han inventado, o que sólo desaparezcan las tareas repetitivas mientras se desarrollan tareas creativas para perfiles profesionales más creativos.
Recordemos la historia de la vitela, los monjes y la invención de la imprenta. La vitela era la piel de becerro sobre la que los monjes escribían los textos sagrados. Su producción era tan costosa que no se dejaban espacios entre las palabras. Esto popularizó la lectura de textos durante las comidas en el refectorio. Uno de los monjes se encargaba de leer el texto en voz alta para todos.
Con la invención del papel y de los tipos móviles, los textos se airean, aparecen márgenes en los bordes de las páginas, se hace posible la lectura individual, se pueden tomar notas y se dan las condiciones propicias para que se impongan la distancia y el pensamiento crítico. ¿Y si la IA liberara tiempo del cerebro para otra cosa? Hay dos posibilidades. O bien un aumento del tiempo de pantalla, con ya más de 5 horas al día, que corre el riesgo de desconectarnos de lo concreto; o bien tiempo creativo, meditativo, una oportunidad para repensar nuestra vida y el mundo. En formación, es posible orientarse hacia la opción creativa.
Se trata de explorar más el mundo sensible de los sueños, la imaginación, las emociones, etc.
Por cierto, ahora nos deslizamos hacia un enfoque fenomenológico de la formación, en el que la experiencia singular ocupa el lugar que le corresponde. Los marcos de referencia normativos y el paradigma neurocognitivista pasan a un segundo plano, para ser sustituidos por una acogida de la singularidad humana y de todos los enfoques que evocan la experiencia. Tras el tríptico objetivo/contenido/método pedagógico heredado de la era industrial que marca nuestras prácticas de ingeniería, empiezan a aparecer otros enfoques en los que la mediación del formador cambia de registro. Si antes los formadores eran expertos en contenidos, ahora se interesan con más frecuencia por el proceso de aprendizaje. Se convierten en facilitadores, ayudando a los grupos de alumnos a dar más sentido a un mundo en el que se están produciendo una serie de transiciones esperadas.
De este modo, la formación profesional sigue avanzando hacia el aprendizaje. Este aprendizaje, alimentado por el deseo de aprender, conduce a planteamientos en los que el movimiento y el desarrollo de un espíritu crítico adquieren mayor importancia. La formación es menos un escenario en el que se coloca al alumno y más un entorno que se anima al alumno a co-construir. Esto está dando lugar a métodos de enseñanza abiertos en los que la IA puede desempeñar un papel por su poder para ayudar a la creatividad y el razonamiento. Junto al conocimiento frío e impersonal, el conocimiento cálido y contextualizado está ocupando el lugar que le corresponde. La fragilidad del conocimiento humano ocupa el lugar que le corresponde porque "es el defecto lo que deja pasar la luz".
Las preguntas que se nos hacen
Tenemos emociones paleolíticas, instituciones medievales y tecnología divina; éste es el dilema al que nos enfrentamos. Al mismo tiempo que la IA se humaniza con una apariencia, avatares, voces, entonaciones y expresiones humanizadas, nosotros nos mecanizamos. Nos hemos convertido en pulsadores de robots orgánicos. ¿Por qué seguir con esta profecía autocumplida y aceptar esta reducción?
Por cierto, la IA generativa nos empuja a distinguir entre el conocimiento como resultado del aprendizaje y el aprendizaje como proceso. Es como si consultar el oráculo algorítmico fuera aprender, cuando en realidad no es más que una exposición a datos que ni siquiera comprende.
La IA ignora la ética, no puede concebir conceptos y es incapaz de autocomprenderse. La máquina moral del MIT nos ayuda a plantear dilemas éticos, pero de momento sólo los programadores intentan resolverlos según sus propios códigos de valores. Una vez más, hay que volver a situar la experiencia humana en el centro del debate. Se insta a la educación a incorporar un espíritu más crítico, y los sistemas deben potenciarse para crear un conocimiento fértil, es decir, capaz de generar nuevos conocimientos y no limitarse a reproducir el pasado. Concluyamos con Paul Virilio que si la era industrial marcó el calentamiento del planeta, la era de la IA se caracteriza por el calentamiento de las mentes. Hay que tener la cabeza fría ante esta tecnología, que promete tanto como preocupa.
Fuentes
Albert Bandura (2003). Autoeficacia. El sentimiento de eficacia personal. Deboeck
https:// journals.openedition.org/osp/741
Autor de Apprendre à l'ère de l'intelligence artificielle, que se publicará en enero de 2024 https://www.esf-scienceshumaines.fr/accueil/445-apprendre-a-l-ere-de-l-intelligence-artificielle.html
Philomag. Chatgpt, Chomsky y la banalidad del mal
https:// www.philomag.com/articles/chatgpt-chomsky-et-la-banalite-du-mal
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