Publicado el 07 de febrero de 2024Actualizado el 07 de febrero de 2024
Vinculación con la comunidad local
¿Cómo podemos hablar de los lugares que despiertan nuestras emociones?
La cuestión del apego al lugar suscita todo tipo de reacciones, pero pocas personas encuentran las palabras o la actitud adecuadas para estas emociones. Ya los más liberales se niegan a hacerlo, prefiriendo llamarse ciudadanos del mundo que sienten poca conexión con el lugar donde viven. Es una postura que parece más abierta, pero que niega incluso la noción de apego. Este enfoque ha llevado a la destrucción de lugares, árboles, etc., para dejar paso a algo nuevo, alienando a mucha gente. Por no hablar de que el espíritu nómada, en un mundo donde viajar tiene repercusiones contaminantes, puede ser cuestionado en su esencia.
Por el contrario, a los más conservadores les gusta hablar de raíces, de estar anclados en su localidad. Salvo que de esta visión emana un rechazo a todo lo que no se origine en el propio entorno. Así que viene acompañado de un odio hacia esos "pájaros" que se posan en las ramas del árbol nacional y son vistos como intrusos. El régimen nazi utilizó regularmente esta imagen. Algunos han sugerido analogías más inclusivas, como ríos o arroyos que se mueven y se mezclan.
¿Y si utilizáramos el simple verbo "amar" para hablar de estos lugares de la primera infancia o la edad adulta? Funcionaría muy bien y, según la filósofa Joëlle Zask, podría incorporar toda la idea de lo verdaderamente maravilloso. Es decir, la fascinación y la curiosidad por las especies vivas de un entorno o por los recuerdos y las historias de un edificio que ha dejado huella en nosotros.
La inteligencia artificial generativa (IAG) está de moda. Su efecto en el sector educativo es ya innegable. Hay motivos para preguntarse por las facilidades que ofrecen las herramientas AGI. Las escuelas se adaptarán a su existencia encontrando la fórmula adecuada para ofrecer a los alumnos una educación que siga siendo eficaz en este nuevo contexto.
En un momento en que los algoritmos y las redes sociales se erigen en proveedores industriales de "signos de reconocimiento", ¿cómo puede la educación preparar a las jóvenes generaciones para que aprendan a valorarse a sí mismas, sin dejar de ser capaces de prestar a los demás una atención real, humana y desinteresada?
El ADN es un libro abierto que nos dice más sobre el pasado que sobre el presente. El genoma humano está compuesto por 30.000 genes, es decir, el 2% de la información genética total, ¿y qué decir del 50% de ADN viral ancestral? ¿Qué procesos intervienen en estas transferencias horizontales de material genético? La tesis de Vincent Loiseau se propone estudiar estos mecanismos, aún poco conocidos.