En todo el mundo, muchas personas se enfrentan a una difícil realidad: una de cada cuatro personas mayores vive sola, según la Cruz Roja Francesa. El sentimiento de soledad también afecta a la población más joven: a escala europea, un estudio de la Fundación Bertelsmann revela que el 57% de los jóvenes europeos de entre 18 y 35 años se sienten moderada o gravemente solos, con niveles especialmente elevados en Alemania y otros países de la UE.
¿Qué se puede hacer contra esta epidemia de soledad, que impide a las personas forjar vínculos sociales vitales para su desarrollo personal?
La vivienda intergeneracional es uno de los conceptos emergentes concebidos para responder a los retos sociales y demográficos de nuestro tiempo. Este modelo de vivienda reúne a varias generaciones bajo un mismo techo, fomentando los intercambios y la solidaridad intergeneracional. Permite a cada uno compartir sus competencias y ofrecer servicios adaptados a las capacidades de cada generación, creando un entorno de apoyo mutuo y cohesión para luchar contra el aislamiento social.
Alemania fue uno de los primeros países en introducir el concepto de vivienda intergeneracional. El proyecto "generationenwohnen" es un precursor de este tipo de vivienda, surgido en los años noventa. ¿Es la vivienda intergeneracional una forma creíble de recrear vínculos sociales?
Las consecuencias de la soledad prolongada para el ser humano
La soledad prolongada no es sólo un malestar pasajero: constituye un riesgo real para la salud física, mental y social. Como señala la investigadora Séverine Dessajan, las personas están aisladas cuando dejan de estar físicamente presentes en los principales círculos sociales (familia, trabajo, amigos, relaciones profesionales o asociaciones). Esta definición pone de relieve la dimensión concreta del aislamiento, que va más allá de los meros sentimientos.
Este fenómeno afecta a distintos grupos
- los adultos jóvenes, paradójicamente muy conectados, pueden sufrir una falta de vínculos profundos;
- las personas mayores, debilitadas por la jubilación, el duelo o la dependencia, ven reducirse su círculo social;
- las personas con empleos precarios sufren a menudo una combinación de cansancio social y múltiples rupturas.
Las consecuencias son graves: el aislamiento favorece la ansiedad, los trastornos del sueño y la depresión. Un estudio europeo de 2018 reveló que el aislamiento aumenta el riesgo de muerte por infarto en un 25% y por ictus en un 32%. Cuando la soledad se instala durante mucho tiempo, se convierte en una espiral descendente que empuja a las personas a encerrarse en sí mismas y a aislarse progresivamente de la vida en comunidad.
Viviendas intergeneracionales: ¿una posible solución?
La vivienda intergeneracional puede adoptar muchas formas: desde una persona mayor que vive con un joven trabajador bajo el mismo techo hasta una residencia cooperativa, es una forma poco habitual de crear vínculos y evitar el aislamiento social, especialmente en nuestras sociedades envejecidas.
Este fenómeno anuncia un cambio demográfico importante: un estudio del INSEE titulado "Proyecciones de población hasta 2060" prevé un aumento del 100% del número de personas mayores de 75 años en Francia entre 2012 y 2060.

Esta transformación demográfica va acompañada de otra realidad preocupante: la crisis de la vivienda, que afecta sobre todo a los jóvenes en situación precaria, a los estudiantes y a los trabajadores con bajos ingresos. En este contexto, la vivienda intergeneracional ofrece una doble oportunidad: permite a las personas mayores romper su aislamiento y permanecer en casa durante más tiempo, al tiempo que ofrece a los jóvenes un alojamiento más barato y un entorno de vida más cálido. Además de satisfacer necesidades reales, ofrece una forma diferente de convivencia, más solidaria y humana.
Entre las formas más extendidas de vivienda intergeneracional, la cohabitación entre una persona mayor que vive sola y un joven estudiante o trabajador es un modelo emblemático. Este es el enfoque que desarrollan asociaciones como Ensemble2Générations, pionera en este campo desde 2006.
Presente en varias ciudades francesas, Ensemble2Générations pone en contacto a personas mayores que disponen de una habitación libre con jóvenes que buscan alojamiento. La idea es sencilla y eficaz: ayudarse mutuamente. Las personas mayores, que a veces tienen que hacer frente a la soledad y a pensiones modestas, encuentran una presencia tranquilizadora, un apoyo ocasional e incluso un complemento económico. En cuanto a los jóvenes, acceden a un alojamiento a menudo mucho más agradable y asequible que una habitación hacinada. Mucho más que una solución pragmática, esta forma de alojamiento compartido favorece el desarrollo de vínculos casi familiares. Durante las comidas compartidas o las discusiones improvisadas, cada uno encuentra su lugar en la riqueza que pueden aportar los intercambios intergeneracionales.
Residencias
Para reforzar los vínculos intergeneracionales, surgen otros dispositivos: las residencias intergeneracionales. Estos complejos de viviendas acogen bajo el mismo techo a personas de edades y perfiles diferentes (estudiantes, familias, personas mayores), en un entorno concebido para favorecer la convivencia y el apoyo mutuo. Las viviendas están adaptadas a las necesidades específicas de las personas mayores, con planos funcionales y accesibles.
Al mismo tiempo, los espacios comunes como salas sociales, lavanderías compartidas, jardines y talleres favorecen los encuentros informales entre los residentes. Este modelo permite que se desarrolle una forma natural de solidaridad: ayuda con el bricolaje, cuidado de los niños, intercambio de habilidades o simplemente compartir el tiempo tomando un café. Hay algo para todos, y el intercambio es espontáneo y no forzado.
Estas residencias, a menudo apoyadas por propietarios sociales o autoridades locales, encarnan una forma diferente de concebir la convivencia a escala cotidiana.
En Alemania, ante el declive demográfico y los retos de conciliar la vida laboral y familiar, sobre todo para las mujeres, el Gobierno puso en marcha en 2006 un programa nacional denominado "Casas de las generaciones". Este proyecto, iniciado por Ursula von der Leyen, entonces Ministra Federal de Asuntos Sociales, pretende crear espacios de vida que fomenten la cooperación entre generaciones a nivel local.
La asociación Habitat et Humanisme es uno de los principales actores en el desarrollo de viviendas intergeneracionales en Francia. Desde 2017, ha abierto 17 residencias intergeneracionales en todo el país, con el objetivo de descompartimentar la vivienda y promover la diversidad social y generacional. El núcleo de su enfoque se basa en la creación de terceros lugares donde las personas pueden vivir juntas, donde la vivienda también se convierte en un espacio de vida compartido. Estas residencias ofrecen regularmente una serie de actividades participativas, como sesiones de yoga, talleres de iniciación digital, comidas en común y table d'hôtes. Todos, jóvenes o mayores, pueden participar en función de sus deseos y aptitudes.
Romper los estereotipos relacionados con la edad, no sólo por el bien de la interacción social
La vivienda intergeneracional tiene otras ventajas menos publicitadas, pero que representan un verdadero avance en las relaciones humanas. Vivir bajo el mismo techo o en el mismo edificio ayuda a romper ciertos estereotipos relacionados con la edad. En nuestras sociedades segregadas, la interacción intergeneracional fuera del círculo familiar se ha convertido en algo raro, por no decir excepcional. Esta separación alimenta los prejuicios: las personas mayores son percibidas como frágiles o desconectadas del mundo moderno, mientras que los jóvenes suelen ser vistos como individualistas.
La convivencia intergeneracional ayuda a cuestionar estos tópicos al crear una vida cotidiana compartida. Los jóvenes descubren historias de vida inspiradoras, un saber hacer y una memoria social, mientras que sus mayores se enfrentan a las nuevas tecnologías, a otros estilos de vida y a una cultura contemporánea que les estimula.
Un estudio realizado por Alcock et al. en 2011 muestra que los proyectos intergeneracionales, como los intercambios de cartas y los talleres de fotografía entre jóvenes y mayores, promueven un mejor entendimiento mutuo y reducen los prejuicios. Los jóvenes se sienten valorados en su papel de apoyo, mientras que los mayores recuperan un sentido de utilidad social. Estas experiencias desafían las normas y ayudan a construir una sociedad más inclusiva, en la que la edad ya no es una barrera, sino una oportunidad de encuentro.
Vivir mejor
En un momento en que hay que reinventar los modelos de vivienda, ¿es posible imaginar una sociedad en la que los vínculos intergeneracionales se conviertan en la norma y no en la excepción? No se trata sólo de la vivienda: se trata de una nueva visión de la convivencia.
Una sociedad en la que la diversidad y el intercambio intergeneracional se tengan en cuenta en el diseño de las viviendas, los barrios y las ciudades, en la que las políticas públicas pongan en marcha medidas reales para favorecer estos encuentros, en la que las generaciones no vivan en burbujas separadas, sino en espacios compartidos, propicios al apoyo mutuo y a la transmisión. El envejecimiento ya no se vería como una carga, sino como una ventaja.
Referencias
Estudio de la Fundación Bertelsmann sobre la soledad entre los jóvenes europeos:
https://www.presseportal.de/en/pm/7977/5931030
El proyecto "generationenwohnen" en Alemania:
https://www.generationenwohnen.ch/
Estudio Solitudes: https: //www.fondationdefrance.org/fr/les-solitudes-en-france/etude-solitudes-2024
Asociación Ensemble2générations: https: //ensemble2generations.fr/
Viviendas intergeneracionales :
https://www.essentiel-autonomie.com/solutions-alternatives/habitat-intergenerationnel-partager-lieu-vie
Iniciativa Hábitat y Humanismo: https: //www.habitat-humanisme.org/creer-du-lien/
Romper con el edadismo: https: //rompreaveclagisme.ca/unir-les-ages/
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