Cualquiera que haya conocido a alguien diagnosticado de cáncer lo sabe. Cuanto antes se detecte, mayores serán las posibilidades de tratarlo y curarlo. Desde 1948, los científicos saben que las células que mueren, incluidas las cancerosas, dejan fragmentos circulantes de ADN. Pero sólo en los últimos años ha resultado más fácil identificar estos fragmentos mediante análisis de sangre.
Así, los investigadores han demostrado que es posible diagnosticar un posible cáncer 3 años antes de que se forme, simplemente analizando estos fragmentos de ADN. Una técnica prometedora, pero con un inconveniente: todavía no es posible tratar un tumor que no existe. Aunque sea pequeño, tiene que formarse antes de que pueda iniciarse la radioterapia, la quimioterapia o la cirugía. ¿Anunciar tan pronto un posible tumor no aumentaría la ansiedad de los pacientes?
Sin duda, pero por otro lado permitiría preparar la respuesta con años de antelación, detectar los signos más rápidamente con el equipo médico. Y eso podría salvar un gran número de vidas. También sería mucho más fácil saber si se producirá una recidiva en quienes ya han tenido que luchar contra esta enfermedad. Si así fuera, todo el mundo podría desarrollar una estrategia. Por el momento, sólo Estados Unidos utiliza estas pruebas, pero los ensayos clínicos en otros lugares y su índice de éxito podrían conducir a su democratización en los próximos años.
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Imagen: Shameer Pk de Pixabay
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