Intimidad y extimidad en el fomento de la confianza para aprender
La intimidad profesional, núcleo de la confianza en los colectivos
Publicado el 05 de octubre de 2009 Actualizado el 10 de diciembre de 2025
La movilización por causas sociales, humanitarias o medioambientales suele adoptar la forma de actos en los que participan miles o incluso millones de personas. Todos recordamos las protestas antiglobalización contra las cumbres de la OMC, las manifestaciones de trabajadores que protestaban contra el cierre de sus empresas, los cinco millones de personas que se manifestaron en 100 ciudades de todo el mundo contra las FARC en Colombia. Estas enormes manifestaciones constituyen un reto organizativo, y el número de manifestantes es en sí mismo una medida de su éxito. Forman parte de lo que podríamos llamar, por analogía con el mundo de Internet, "activismo 1.0", el que es visible, ruidoso, espectacular y a veces peligroso para sus participantes.
En los últimos años, con la llegada de Internet y las redes sociales en particular, el apoyo a las grandes causas ha adquirido un cariz diferente. El "activismo 2.0" se caracteriza por la presencia de grupos militantes en la red, que tratan de captar apoyos en línea y organizan acciones reales o virtuales a gran escala. Ejemplos de ello son las peticiones con cientos de miles de firmas, los actos para recaudar fondos organizados simultáneamente en varios países y las acciones individuales coordinadas, como la famosa hora sin luz organizada por el WWF para concienciar sobre el consumo excesivo de energía.
Pero estas nuevas formas de acción colectiva suscitan actualmente un importante debate, del que se hace eco la red. ¿Qué valor tienen estas movilizaciones? ¿No son sólo obra de personas que no tienen la energía, el valor o, a veces, la convicción de implicarse en una verdadera acción militante? En resumen, una forma cómoda de activismo que se puede llevar a cabo desde la comodidad del despacho, sin cambiar de hábitos. El fenómeno del "activismo en línea" se ha extendido tanto que el mundo anglosajón le ha dado un nombre: slacktivism, un neologismo que fusiona el término "slack" con el de "activismo". Algunos observadores muy críticos llegan a decir que los slacktivistas son una molestia: hay muchos, pero no hacen nada significativo por las causas que dicen defender, mientras ocupan el campo. Pero el verdadero problema, según Evgeny Morozov, que habló recientemente sobre el tema, reside en el hecho de que las personas que "militan" a través de Facebook y otras redes sociales corren el riesgo de considerar que han terminado el trabajo una vez que han firmado la petición o añadido su nombre a la lista de fans. Esto es obviamente falso y, de hecho, extremadamente ingenuo. Por ejemplo, el grupo de Facebook "Save the Children in Africa", con 1,3 millones de miembros, sólo consiguió recaudar 7.500 dólares, es decir, menos de un céntimo por miembro... Nada de lo que enorgullecerse.
La solución al activismo perezoso: realismo y acción
¿Debemos concluir entonces que las redes sociales son perjudiciales para las causas? Sin ir tan lejos, necesitamos volver a la tierra y añadir una saludable dosis de realismo a la utopía del clic que cambia el mundo. Ivan Boothe, director de Rootwork, una consultoría estratégica para ONG y otros movimientos ciudadanos [ahora cerrada], señala que las organizaciones sin ánimo de lucro están a veces totalmente centradas en captar nuevos miembros y simpatizantes, aunque ello suponga olvidar su misión principal, que es actuar ante una situación que se considera intolerable. Las redes sociales pueden ser herramientas inestimables para organizar movimientos de masas y dar a conocer causas justas, pero no sustituyen a la acción concreta.
¿Cómo convertir a un "slacktivista" en un activista? Evgeny Morozov parece tener algunas ideas al respecto. En su opinión, la cuestión del número es irrelevante: en un grupo muy grande, cada individuo se esfuerza menos que en un grupo pequeño. Morozov utiliza una divertida analogía para ilustrar este punto: si cantas "cumpleaños feliz" en un grupo de 50 personas, probablemente gritarás menos fuerte que si sólo sois 5 o 6 los que cantáis la canción... ¿Cómo combatir el activismo perezoso? Según Morozov, a los miembros de un movimiento virtual no hay que darles certificados, trofeos, insignias virtuales ni otras pruebas de pertenencia hasta que hayan demostrado su capacidad de acción concreta. Al contrario, hay que repartir tareas que estén claramente vinculadas a la causa que se defiende, que sean realmente útiles (y no simbólicas u ocupacionales), y pedir feedback sobre la acción realizada. Morozov también sugiere desarrollar herramientas de seguimiento de las actividades de los partidarios de las grandes causas en Facebook y otras redes sociales.
Un clic = una donación
Ya hay sitios que permiten a sus visitantes emprender acciones concretas. Por ejemplo, el sitio Free Rice del Programa Mundial de Alimentos (PMA) permite a los internautas aprender al tiempo que realizan una labor humanitaria: los visitantes responden a preguntas sobre diversas materias (arte, inglés, francés, química, matemáticas, etc.) y, con cada respuesta correcta, las organizaciones asociadas al PMA (cuyos nombres aparecen en el sitio) se comprometen a financiar el equivalente a 10 granos de arroz. Es una forma más de aumentar las reservas de alimentos que se distribuyen a las personas que sufren inseguridad alimentaria.
Este tipo de iniciativa no requiere ningún esfuerzo particular, pero tiene un impacto tangible. Quizá habría que duplicar este modelo de acción para que los internautas puedan participar, clic a clic, en la mejora del planeta.
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