Las tecnologías relacionadas con la salud están cada vez más extendidas: ya es posible contar los pasos, las calorías consumidas y las horas de sueño. Relojes, anillos y aplicaciones conectados permiten a cada vez más personas controlar su descanso y sus parámetros biológicos. Nada más despertarse, se puede comprobar cuánto tiempo se ha dormido, si se ha estado despierto, si se ha roncado, si se ha dejado de respirar brevemente, qué palabras se han pronunciado, etc. Para muchas personas, los dispositivos en línea les permiten gestionar su sueño de la A a la Z.
Pero, ¿es éste un enfoque justo? ¿Podemos realmente confiar en estos dispositivos y aplicaciones para registrar los problemas médicos relacionados con el sueño? Es complicado....
Aunque estos dispositivos pueden indicar ciertos datos, el trabajo de monitorización no tiene nada que ver con las pruebas del sueño que se realizan en las clínicas especializadas. De hecho, un reloj de pulsera subestimará ciertos elementos o sobreestimará otros, dando una lectura inexacta de la última noche registrada. Es más, algunas personas se obsesionan con las cifras que les dan las aplicaciones, van a consulta y descubren, por ejemplo, que sólo tuvieron un 12% de sueño profundo cuando deberían haber tenido un 15.
Sin embargo, la cuestión es sencilla: ¿se sienten las personas descansadas después de su noche? ¿Se sienten funcionales o empiezan a dormitar en momentos extraños? Son estos indicadores, más que las aplicaciones y los objetos conectados, los que pueden señalar una patología o un problema real con el descanso.
Duración: 9min05
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Imagen: Carlos Zúñiga de Pixabay
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