La transición ecológica territorial
Una visión general de las formas de aprendizaje socialmente comprometidas en apoyo de la transición ecológica.
Publicado el 31 de marzo de 2026 Actualizado el 31 de marzo de 2026
Si eres padre o tienes amigos íntimos que hayan tenido un bebé recientemente, habrás visto cómo funciona el aprendizaje de la marcha. Un niño de unos 10, 12 o 14 meses intenta dar sus primeros pasos. Sus piernas tiemblan, sus brazos se mueven como dos péndulos torpes y su mirada se fija en un punto de referencia frente a él con absoluta intensidad. Se suelta del borde del sofá. Un paso. Dos pasos. Luego al suelo. Cae, se sienta pesadamente sobre las nalgas, te mira y vuelve a hacerlo. Sin negociación. Sin evaluación de habilidades. Sin miedo a la mirada de los demás.
Esta escena banal oculta una poderosa verdad empresarial: los niños no viven el fracaso como algo personal o una incapacidad. Lo tratan como un hecho logístico. La caída no es un veredicto sobre su valía, es una información de ajuste. ¿Por qué, a medida que crecemos, perdemos esta capacidad de experimentación? ¿Por qué los errores se convierten en una amenaza para la imagen que tenemos de nosotros mismos, en lugar de ser algo que hay que corregir? Esta es precisamente la cuestión que aborda este artículo.
Los trabajos de John Bowlby y Mary Ainsworth sobre la teoría del apego pusieron de relieve una paradoja fundamental: es porque los niños tienen una base segura por lo que se atreven a explorar. Los bebés que saben que hay un adulto de confianza se arriesgan. Se alejan, tropiezan, vuelven y se ponen en marcha de nuevo. La seguridad no elimina la asunción de riesgos, sino que la hace posible.
Fuente: https: //shs.cairn.info/revue-enfances-et-psy-2015-2-page-14?lang=fr
Para los adultos, esta base segura es interna. Adopta la forma de autonomía emocional: la capacidad de superar el malestar sin derrumbarse, de reconocer las emociones sin sentirse abrumado por ellas. Un entorno interno amenazador, alimentado por un duro discurso interno y un perfeccionismo paralizante, cierra literalmente el cerebro a la nueva información.
La neurociencia confirma lo que Bowlby intuía: bajo los efectos del estrés crónico, la amígdala toma el control y el córtex prefrontal, sede de la creatividad y la resolución de problemas, pasa a un segundo plano.
La resiliencia, en este contexto, no procede de la fuerza bruta ni de la capacidad de aguantar sin inmutarse. Proviene de la calidad de la red de seguridad que hemos creado, o incluso de la mera sensación de seguridad. Esta red de seguridad puede estar formada por relaciones de confianza, la práctica reflexiva regular (metacognición) o el anclaje en los propios valores. Es la red de seguridad que hace posible el atrevimiento. Sin ella, los errores siguen siendo una amenaza. Con ella, vuelven a ser información.
La psicóloga Carol Dweck ha formalizado una de las distinciones más útiles de la psicología contemporánea: la oposición entre un estado mental fijo y un estado mental evolutivo. En el primero, la inteligencia y el talento se consideran capacidades fijas. El fracaso se convierte en un signo de incompetencia fundamental. En el segundo, las aptitudes se consideran músculos que pueden desarrollarse mediante el esfuerzo y la repetición. El fracaso ya no es un veredicto, sino un entrenamiento.
Fuente: https: //www.academia.edu/43966951/Mindset_The_New_Psychology_of_Success_Corol_S_Dweck_
Un niño que aprende a andar se encuentra naturalmente en este estado de desarrollo. No se dicen a sí mismos que son "malos andadores". Caminan, se caen, se adaptan y vuelven a empezar. Este ciclo virtuoso es su realidad cotidiana. En cambio, los adultos han integrado progresivamente sistemas de juicio social que han superpuesto una capa de interpretación a cada error. La escuela, la mirada de los compañeros y las comparaciones constantes han transformado la caída en vergüenza.
El miedo a ser juzgado crea un cierre cognitivo que hace imposible negociar con uno mismo, y preferimos no intentarlo antes que arriesgarnos a confirmar una imagen negativa de nosotros mismos. Por tanto, volver a la mentalidad del desarrollo implica desaprender activamente: desaprender la ecuación "error = incompetencia" y sustituirla por "error igual a información útil". Se trata de un enfoque epistemológico riguroso.
Albert Bandura introdujo el concepto de autoeficacia: la creencia de un individuo en su capacidad para organizar y llevar a cabo las acciones necesarias para alcanzar un objetivo determinado. Esta creencia no es un rasgo innato de la personalidad. Se construye, se refuerza y puede reconstruirse a cualquier edad, a partir de cuatro fuentes principales:
Fuente: https: //www.academia.edu/28274869/Albert_Bandura_Self_Efficacy_The_Exercise_of_Control_W_H_Freeman_and_Co_1997_pdf
La fuente más poderosa es la experiencia directa de dominio. Cada vez que un niño se levanta después de una caída y da otro paso, acumula pruebas de haberse levantado de nuevo. Su mente registra:
Lo intenté, fracasé, me levanté, progresé.
Este capital de pruebas es el verdadero motor de la confianza en uno mismo.
En el contexto empresarial, este principio es decisivo. No tienes éxito porque no te caes. Construyes un camino hacia el éxito porque has acumulado suficientes pruebas de tu propia capacidad para volver a levantarte. Cada pivote, cada producto fallido, cada cliente perdido pueden formar parte del edificio, siempre que los analices con lucidez en lugar de rehuirlos con vergüenza. El empresario resiliente es aquel cuyo bagaje de pruebas de recuperación es más rico que su historial de fracasos.
La fijación funcional es un sesgo cognitivo bien documentado: tendemos a percibir un objeto o una situación únicamente en términos de su función habitual, lo que nos impide imaginar otros usos para ellos. Aprender a descomponer los objetos o las ideas en sus partes más simples, como sugiere la investigación educativa, nos libera de estas concepciones fijas y nos permite redescubrir nuestra creatividad natural y una mayor confianza en nuestra capacidad para resolver problemas.
Fuente: https: //cursus.edu/fr/26560/demontage-fixation-fonctionnelle-et-creativite
Un niño que aprende a andar no es víctima de esta fijación. Instintivamente coge una silla y la convierte en un andador improvisado. Desvía cualquier objeto de su uso convencional para ponerlo al servicio de su objetivo del momento. Esta plasticidad cognitiva es precisamente lo que los adultos necesitan volver a aprender.
Para el emprendedor, un contratiempo no es sólo un obstáculo que hay que superar. Es un objeto que hay que desmontar para descubrir sus componentes ocultos. Un proyecto que fracasa puede revelar una necesidad de mercado mal entendida, una red de contactos inesperada, una habilidad desarrollada a toda prisa o una nueva dirección estratégica.
Ver en el fracaso otra función, un posible pivote, una lección transferible o una nueva red, es exactamente lo que significa romper tu propia fijación funcional. Significa convertir el problema en un recurso.
La investigadora Saras Sarasvathy desarrolló el concepto deeficacia a partir de sus estudios sobre empresarios expertos. A diferencia de la lógica causal tradicional, que parte de un objetivo definido para planificar los recursos necesarios, la eficacia parte de los recursos disponibles para imaginar objetivos posibles.
Uno de sus principios fundamentales es el de la pérdida aceptable: en lugar de calcular el rendimiento esperado de la inversión, el empresario experto determina lo que está dispuesto a perder y actúa dentro de ese límite.
Fuente: https: //www.researchgate.net/publication/228786046_Effectuation_Elements_of_Entrepreneurial_Expertise
Un bebé que aprende a andar no tiene un plan de empresa. No ha modelizado su trayectoria de crecimiento motor a lo largo de dieciocho meses. Utiliza lo que tiene en ese momento: sus piernas, todavía inestables, los muebles que tiene a mano y la energía disponible. Se hace camino al andar, en el sentido más literal de la palabra.
Esta postura es la del experto descrito por Sarasvathy: aceptar lo imprevisible no como una amenaza que hay que neutralizar, sino como una parte natural del juego. La incertidumbre no es enemiga de la acción, es su terreno. Navegar en este espacio requiere precisamente todas las habilidades antes mencionadas: una base sólida y tranquilizadora, una mentalidad de desarrollo, autoeficacia basada en pruebas reales y un pensamiento libre de fijación funcional.
Un niño que aprende a andar es el mejor modelo pedagógico que puede observar un empresario. No porque no se caiga, sino precisamente porque se cae, una y otra vez, sin convertir nunca la caída en un juicio definitivo sobre su valía. Experimenta, se ajusta, vuelve a empezar. Cada vez que vuelve a ponerse en pie, adquiere un poco más de confianza y competencia.
Redescubrir esta voluntad de cometer errores como adulto no es un paso atrás. Requiere construir una base interior segura, cultivar una mentalidad de desarrollo, acumular pruebas de recuperación, romper las propias fijaciones cognitivas y superar las incertidumbres. Este camino comienza siempre con el mismo gesto valiente: soltarse del borde del sofá.
Superprof: la plataforma para encontrar los mejores profesores particulares en España.