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Publicado el 20 de mayo de 2026 Actualizado el 20 de mayo de 2026

Todo lo que dice el gromelot

El lenguaje antes que las palabras

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Gromelot, también conocido poéticamente como "lenguaje de los pájaros", es una técnica teatral de improvisación en la que las personas hablan en un lenguaje inventado compuesto de sonidos, ritmos, gestos e intenciones, sin palabras reconocibles. Se utiliza para trabajar la voz, el cuerpo, la escucha y la intención, sobre todo en teatro y clown...:

Gromelot → palabrota / palabra que refunfuña / palabra que retumba. Es el habla antes que el lenguaje articulado: refunfuña, retumba, moldea el sonido antes de producir el sentido. Gromelot sería entonces el lenguaje del cuerpo que habla cuando las palabras aún no están disponibles. Otra lectura posible: grom-lo → gromme l'eau / gros flot. Una palabra-flujo, líquida, preverbal, que fluye antes de ser troceada en conceptos.

Así, simbólicamente: gromelot es un lenguaje anterior a las palabras, un discurso de aliento, ritmo e intención. Se asemeja al "lenguaje de los pájaros" en su forma de escuchar los sonidos más que en su significado literal, pero es diferente: el lenguaje de los pájaros busca un significado oculto en las palabras; el gromelot saca a la luz un significado sin palabras.

Al principio, el gromelot parece una práctica marginal, casi lúdica: un lenguaje sin léxico estabilizado, hecho de sonidos, ritmos e intenciones corporales. Pero cuando nos fijamos en sus usos y filiaciones, revela un singular poder de creación colectiva. Da un giro: en lugar de buscar el sentido en las palabras, permite que surja en las relaciones. Este artículo traza brevemente sus orígenes, describe sus mecanismos y analiza después sus efectos en la creatividad colectiva.

Un lenguaje antes de las palabras: orígenes y trayectorias del gromelot

El gromelot hunde sus raíces en las prácticas teatrales populares y eruditas, en particular en la commedia dell'arte, donde los actores ya improvisaban con formas no codificadas del lenguaje, mezclando dialectos, onomatopeyas y gestos expresivos. Esta tradición fue recuperada en el siglo XX por figuras como Dario Fo, que formalizó el grammelot como herramienta de improvisación política y satírica. Para él, el lenguaje se convirtió en un material sonoro capaz de traspasar las fronteras lingüísticas sin perder su fuerza crítica.

Al mismo tiempo, el desarrollo del clown contemporáneo y del teatro del cuerpo ha hecho del gromelot parte de una pedagogía del cuerpo. La voz ya no es simplemente un vector de significado, sino una extensión del gesto. El significado se crea ajustando la postura, el ritmo y la interacción.

También se pueden encontrar formas similares en la investigación sobre el lenguaje preverbal y la adquisición del lenguaje en los niños. El trabajo de Lev Vygotsky ha demostrado que el pensamiento no siempre precede al lenguaje estructurado: se forma en interacciones en las que el significado aún flota, se comparte y se está creando.

Así pues, gromelot se inscribe en una doble trayectoria: artística y antropológica. Reactiva una dimensión arcaica, rítmica y encarnada del lenguaje sonoro, al tiempo que se convierte en una herramienta contemporánea de exploración colectiva.

Deshacer el lenguaje para abrir el campo de lo posible

Uno de los efectos más inmediatos del gromelot es la suspensión de los marcos lingüísticos habituales. Al eliminar las palabras, desactiva varios mecanismos que limitan la creatividad colectiva.

  • En primer lugar, neutraliza las asimetrías asociadas al dominio del lenguaje. En un grupo, la capacidad de argumentar, formular o convencer suele producir jerarquías implícitas. El gromelot vuelve a barajar estas cartas: todos vuelven a ser principiantes, expuestos y dispuestos a escuchar. Esta nivelación favorece una forma de igualdad expresiva.

  • En segundo lugar, cortocircuita los automatismos cognitivos. Las palabras son portadoras de categorías, hábitos de pensamiento y juicios implícitos. Al trabajar con sonidos no significativos, el grupo accede a una zona más abierta, donde las asociaciones no se estabilizan inmediatamente. Este proceso coincide con el análisis de Winnicott de la zona de transición: un espacio intermedio donde el juego permite la exploración sin la restricción de la verdad inmediata.

  • Gromelot también tiene efectos sobre el cuerpo. Moviliza la respiración, el ritmo y la postura. El habla se convierte en gesto y el gesto en significado. Esta dimensión corporal es esencial: pone en juego formas de inteligencia que a menudo se utilizan poco en los intercambios verbales convencionales. Los últimos trabajos sobre la cognición corporal demuestran que el pensamiento surge de la interacción entre el cuerpo y el entorno. El gromelot pone en escena esta misma interacción.

  • Por último, introduce una incertidumbre productiva. No entender inmediatamente nos obliga a escuchar de otra manera, a captar pistas débiles, a co-construir significados. El grupo se convierte en un sistema compartido de interpretación, donde el significado se negocia en tiempo real.

Una ecología de la creatividad colectiva

Cuando estos mecanismos se unen, el gromelot transforma profundamente la dinámica colectiva. No sólo produce nuevas ideas, sino que modifica las condiciones en las que éstas surgen.

  • En primer lugar, fomenta la creatividad distribuida. El sentido ya no lo transmite un individuo, sino la circulación de las contribuciones. Cada intervención exige una respuesta, un ajuste, una amplificación. El grupo funciona como un organismo en movimiento, donde la creatividad es relacional. Esta lógica coincide con los trabajos sobre la inteligencia colectiva, que describen el conocimiento como un proceso compartido y dinámico.

  • En segundo lugar, el gromelot refuerza la cualidad de la presencia. La ausencia de puntos de referencia lingüísticos nos obliga a estar atentos a las microvariaciones: tono, intensidad, ritmo, mirada. Esta atención minuciosa crea una densidad relacional particular, a menudo descrita por los participantes como una sensación de mayor conexión. La creatividad surge menos del esfuerzo individual que de un estado colectivo de atención.

  • También permite abordar los conflictos de otra manera. Donde las palabras pueden congelar posiciones, el gromelot abre nuevas vías. La tensión puede expresarse, amplificarse y transformarse sin pasar por la argumentación directa. El conflicto se convierte en materia de juego y transformación, en lugar de oposición.

  • Por último, produce efectos de reintegración. Después de una secuencia gromelot, la vuelta al lenguaje verbal suele ser más rica y matizada. Las ideas formuladas llevan la marca de la experiencia: son menos abstractas, más situadas, más encarnadas. El grupo ha "fabricado" juntos el significado antes de nombrarlo.

En última instancia, el gromelot actúa como un dispositivo para desatar y vincular. Libera al lenguaje de sus limitaciones habituales para permitir una conexión más profunda entre los participantes. En este sentido, el gromelot no es sólo una técnica de facilitación, sino una práctica que toca las condiciones fundamentales del aprendizaje y la creación colectivos: la capacidad de suspender lo que ya está ahí, de habitar la incertidumbre y de permitir que surja el sentido en la relación.

Referencias

Fo, D. (1987). Le gai savoir de l'acteur. París: El Arca.

Lecoq, J. (1997). Le corps poétique: un enseignement de la création théâtrale. Arles: Actes Sud.

Vygotsky, L. S. (1997). Pensée et langage (F. Sève, Trad.). París: La Dispute (Obra original publicada en 1934).

Winnicott, D. W. (1971). Play and reality. París: Gallimard.


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