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Publicado el 05 de marzo de 2007 Actualizado el 22 de mayo de 2024

Control de los usuarios sobre los contenidos educativos: ¡una idea extraña!

El mosaico colectivo aún no ha dado lugar a una obra de referencia

El hecho de que los alumnos puedan estudiar lo que les interese a voluntad es una auténtica liberación y, al mismo tiempo, una notable ganancia en eficacia educativa; lo que les interesa puede evolucionar muy rápidamente. La profundidad de Internet fascina a todos los estudiantes que trabajan.

Lo que ayer no les interesaba ahora les interesa porque está vinculado a lo que les interesaba antes. El cálculo integral o las ciencias políticas les interesan ahora porque ven el vínculo con su asignatura original.

A los niños les interesa casi todo a su nivel, y pueden pasar de una asignatura a otra siempre que vean los vínculos.

¿Autonomía?

Pero de ahí a dejarles trastear con los contenidos hay un margen que la educación se resiste a traspasar, y con razón. No es lo mismo un enfoque de investigación que la apropiación de contenidos apoyados en la experiencia y en referencias a experimentos o realizaciones.

Consideremos que todo el proceso científico es integrador y participativo, pero con reglas.

Las aportaciones de cada científico son, en primer lugar, el resultado de un planteamiento personal riguroso, en principio, y después se discuten e integran en el corpus general, a menudo a costa de luchas encarnizadas y del cuestionamiento de todo el corpus anterior.

La coconstrucción del conocimiento querida por el constructivismo nunca ha dado lugar a ningún conocimiento oficial o práctico, o al menos yo nunca lo he visto. La coconstrucción produce enciclopedias, directorios, todo tipo de cosas útiles para los grupos, pero nada fundamental en términos de conocimiento porque carece de un elemento: las reglas. Las normas son aceptadas por el grupo, pero su aplicación procede en última instancia de una autoridad reconocida; el grupo, al igual que el individuo, no puede ser juez y parte.

Contenido participativo

Así pues, antes de ceder a la moda de los "contenidos participativos" en la educación, conviene aclarar sus usos y sus límites. El conocimiento fiable suele estar muy alejado de la participación espontánea de cada cual según su estado de ánimo y sus deseos. La calidad del conocimiento se mide más fácilmente por los hechos y los logros que por el número de individuos y sus opiniones.

Los usuarios siempre han tenido el control de los contenidos educativos en su propio espacio, ya sea su cuaderno o su blog, pero llegar a establecerlo como principio pedagógico para la enseñanza y el aprendizaje en grupo es una aportación que tendrá un largo camino por recorrer antes de formar parte de prácticas eficaces reconocidas.

Ilustración: Gudella - DepositPhotos


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