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Publicado el 12 de agosto de 2010 Actualizado el 17 de noviembre de 2022

De las clases de alumnos por edad... a las clases por habilidades.

Los profesores son los más firmes defensores de este enfoque, una vez que lo han experimentado.

Ante los desastrosos resultados en todos los frentes (financieros, de asistencia, de resultados de pruebas estatales), el sistema escolar de Kansas City decidió cambiar radicalmente su sistema de promoción: en lugar de trasladar mecánicamente a sus 17.000 alumnos de un curso a otro al final del año en función de la edad (hay que reconocer que esta promoción basada en la edad es común en todo el mundo), los responsables del distrito escolar decidieron adoptar un sistema de validación basado en la competencia.

En una situación desesperada, uno se vuelve más abierto, sobre todo después de un fracaso masivo con un programa de desegregación de 2.000 millones de dólares que no detuvo el éxodo de estudiantes a otras escuelas ni mejoró sus resultados. Con más de un 85% de alumnos pertenecientes a minorías y un 80% de alumnos con derecho a comida gratuita, este distrito escolar no se encuentra en una posición cómoda.

Sorprendentemente, la elección de este enfoque pedagógico no se basa en una nueva teoría, sino en experimentos realizados a lo largo de los años, que, dados los resultados positivos obtenidos y la experiencia desarrollada, se están desarrollando en todas partes. Entre otros, el distrito escolar de Denver (10.000 alumnos) ya lo ha aplicado, al igual que seis distritos del estado de Maine (11.000 alumnos).

Este enfoque no sólo reduce radicalmente los problemas de disciplina porque los alumnos avanzados no se aburren y los que tienen dificultades no se frustran, sino que los resultados de los alumnos en los exámenes estatales son del orden del 90%, y los padres están tan satisfechos con él como los profesores que lo han experimentado. Estos últimos no tienen el menor deseo de volver atrás, sobre todo si conocieron el antiguo sistema. Por ello, los profesores son los más firmes defensores de este enfoque, una vez que lo han experimentado.

¿En qué consiste?

En lugar de limitarse a trasladar a los alumnos a diferentes clases a medida que crecen o según el tiempo que lleven sentados en una silla, los alumnos se agrupan por habilidades dominadas. Una vez que dominan un tema, pasan al siguiente nivel. La nota mínima aceptable para pasar al siguiente nivel es el equivalente a una B (de 13 a 15 sobre 20). Este sistema se introduce en los cursos de primaria y se extiende a los cursos superiores a medida que los alumnos progresan.

El sistema evita etiquetar a los alumnos en función de sus fracasos. No tienes fracasos, sólo avanzas a tu propio ritmo y resuelves tus dificultades una a una.

Los alumnos son muy conscientes de lo que necesitan, saben dónde poner sus esfuerzos y los que entienden están disponibles para ayudar a los demás. Los profesores aprecian la calidad de la escucha de sus alumnos, mucho mejor que en una clase tradicional.

El principal problema es la programación, ya que pueden producirse cuellos de botella en determinadas etapas, lo que exige todo tipo de ajustes. Estos problemas pueden desaparecer después de algunas sesiones, pero son muy reales en las primeras etapas.

La aplicación implica, obviamente, un compromiso claro de las autoridades, la formación y facilitación de los profesores, y reuniones y explicaciones a los padres, que obviamente esperarán resultados.

Hay que modernizar algunas tradiciones...

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