Inteligencia protectora: aprender a cuidar
Cómo la asociación "Pôle en pomme" está creando la inteligencia protectora que necesitamos para forjar vínculos en una sociedad fragmentada.
Publicado el 19 de julio de 2011 Actualizado el 30 de mayo de 2024
En un ensayo publicado en la web Ars Industrialis, Jean-François Ballay examina el funcionamiento de la inteligencia colectiva y las patologías que podría ocultar. La noción de inteligencia colectiva ha encontrado una renovada vitalidad con la aparición de Internet, pero sus raíces se remontan a mucho tiempo atrás, ya que la metáfora del océano de conocimientos es bien conocida desde el Renacimiento.
Sin embargo, el desarrollo de las tecnologías de la educación y el potencial que ofrecen para el trabajo en colaboración han reavivado esta metáfora y la noción de adquisición colectiva de conocimientos, al tiempo que han borrado la conciencia de sus limitaciones.
Uno de los límites de la creencia en la inteligencia colectiva está relacionado con la forma en que se transmite el conocimiento. En un momento en que se tiende a la mercantilización del saber, Jean-François Ballay llama la atención sobre lo siguiente: "Sepuede 'tomar' una mercancía, se puede 'tomar' un objeto y utilizarlo. Pero no se puede 'tomar' el conocimiento, no se puede 'dar' ni 'vender', ni siquiera intercambiar". Está claro que el conocimiento producido en un grupo no es espontáneamente colectivo. Sólo se convierte en colectivo a través de mecanismos de transmisión social vinculados a las condiciones de producción.
Si nos empeñamos en glorificar la inteligencia colectiva, olvidamos también el papel del individuo como ser único en la producción de conocimientos. A este respecto, Ballay escribe que"el conocimiento es siempre un trabajo duro, y opera a nivel de cada ser humano vinculado al conjunto de la sociedad". En otras palabras, para que la inteligencia colectiva sea realmente productiva, cada individuo implicado en el proceso debe esforzarse por alcanzar el conocimiento. Esto requiere una movilización de la inteligencia y la imaginación que debe ir acompañada de una confrontación constante con la experiencia de la vida real.
En conclusión, la tesis de Jean-François Ballay es que el conocimiento no surge de la agrupación de individuos, como sostiene la teoría conectivista del aprendizaje. El esfuerzo realizado por los individuos para aprender, transmitir, interpretar, analizar críticamente y experimentar es crucial para el desarrollo del conocimiento.
En consecuencia, organizar a los alumnos en comunidades virtuales y repartir tareas entre ellos no basta para activar la inteligencia. Se necesita el deseo de aprender, que es una de las claves del éxito de estas comunidades.
Véase: Le mythe de l'intelligence collective, Jean-François Ballay, 12 de enero de 2010.
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