La lengua francesa está en peligro. Eso es lo que gritan sus más ardientes defensores. ¡Toma prestadas tantas palabras nuevas de moda que acabará desfigurándose! Hay que decir que, aunque una lengua sobrevive gracias a su capacidad para mantenerse al día, algunos gramáticos se estremecen cuando oyen términos como"psychoter","oscariser", el horrible"brander" o "LOL", que significa risa en Internet... Los defensores de la lengua inglesa también se estremecen cuando ven que neologismos como "frenemy " (amigo y enemigo a la vez) o "bromance" (amor entre dos hombres heterosexuales) proliferan en la Red y son adoptados por los diccionarios oficiales.
Sin embargo, los amantes de las bellas lenguas no deben preocuparse. Un reciente estudio de Matjaz Perc, catedrático de Física de la Universidad de Maribor (Eslovenia), demuestra que las nuevas palabras y otros neologismos no son tan resistentes como parecen.
Un núcleo duro de vocabulario
Para llegar a esta conclusión, Matjaz Perc llevó a cabo una exhaustiva investigación utilizando la base de datos Google Books, que escaneó más de 20 millones de libros en 9 idiomas, alrededor del 4% de todo lo publicado desde la invención de la imprenta. Utilizando la herramienta Ngram Viewer, los investigadores analizaron la frecuencia de aparición de términos en libros de los dos últimos siglos. Sin embargo, eliminaron todas las palabras relacionadas con la informática, ya que no podían aplicarse en libros escritos en el siglo XIX...
Sus conclusiones son tranquilizadoras para cualquiera que esté preocupado por el futuro de su lengua. Observaron que un idioma como el inglés tiene un núcleo de 30.000 palabras que se han utilizado con frecuencia a lo largo de los tiempos. A ellas hay que añadir casi 3.000.000 de términos que se utilizan periódicamente. De hecho, los investigadores han observado que la mayoría de las palabras de moda acaban "enfriándose" y su uso se vuelve más raro con el tiempo. Incluso el uso de términos comunes varía con el tiempo. Por ejemplo, "papel" apareció con mucha frecuencia durante algunos años en el siglo XIX, para luego desaparecer durante décadas, antes de volver con fuerza. Una tendencia similar se observó en las otras 9 lenguas del proyecto de Google, incluido el francés.
El método utilizado por estos científicos no está exento de defectos. Como señala Bill Kretzschmar, lingüista de la Universidad de Georgia, la base de datos de Google no siempre es exacta, y a veces contiene errores sobre el autor, la fecha de publicación de la obra, etcétera. Además, Google Books no siempre digitaliza correctamente todas las palabras, por lo que a veces una letra es malinterpretada por los programas informáticos. Por último, esta base de datos equipara la ficción, la no ficción, los textos científicos y los artículos de prensa. Sin embargo, es evidente que el nivel lingüístico cambia radicalmente según el tipo de publicación. Estas deficiencias son reconocidas por los investigadores, que intentan mejorar su método.
No obstante, las conclusiones del estudio siguen siendo legítimas. Por otra parte, Kretzschmar se congratula de que matemáticos y físicos analicen la lingüística. En su opinión, su trabajo confirma lo que muchos lingüistas saben desde hace años: las lenguas están formadas por una base de vocabulario estable a la que se añaden palabras que se utilizan en mayor o menor medida según la época.
Así que no hay que asustarse por las palabras nuevas: suponen una amenaza mínima para las lenguas. Así que no hay nada malo en decir que vamos a la "comatosa". En cualquier caso, es muy posible que cuando nos despertemos por la mañana, este término se haya quedado obsoleto y ya no se utilice en absoluto.
" Les mots à la mode ne restent pas dans le vocabulaire ", Slate.fr, 28 de diciembre de 2012.
Fuente de la imagen: pupunkkop, Shutterstock
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