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Publicado el 12 de junio de 2017 Actualizado el 21 de julio de 2026

Cambiar de perspectiva para aprender de otra manera

Mantenerse al día, incluso en materia de evaluación

Como es habitual en nuestras sociedades, cuando se habla de la evaluación de la enseñanza, se piensa en el modelo tradicional de evaluación jerárquica por parte del profesor y, por extensión, por parte del alumno, basándose en la corrección realizada por ese mismo profesor.

Existen otras formas de evaluar a un estudiante, denominadas «grupales». La primera es la corrección entre compañeros, que se da en los MOOC, con una variante tecnológica como son los comentarios entre compañeros y, más allá aún, la creación de la evaluación por parte del grupo y su puesta en práctica.

Los criterios del saber

El profesor es, en un principio, un transmisor de conocimientos cuya función es evaluar la calidad del aprendizaje de sus alumnos mediante la realización de exámenes, seguidos de correcciones. Supervisa el proceso de enseñanza de principio a fin según un modelo jerárquico tradicional. Define el contenido del curso, la forma de transmitir los conocimientos y la forma de evaluarlos. En este caso, el alumno depende completamente de él. Ya sea un cuestionario, una redacción… la posición del profesor es la de un evaluador y la de su alumno, la de un evaluado.

También encontramos una variante de este método de evaluación en la autoevaluación. Ya no es el profesor quien corrige el trabajo, sino el alumno, gracias a las pautas de corrección proporcionadas por el profesor. Este es el primer cambio de roles que vemos producirse. El alumno ya no es pasivo en el acto de la corrección, sino que pasa a ser activo. Es un paso hacia la autonomía, pero también hacia una relación de confianza consigo mismo y con el profesor, que se convierte entonces en un guía. El alumno pasa a tener un papel activo. Lee las instrucciones de evaluación siguiendo las explicaciones de su profesor.

No poder ser siempre el juez

Hoy en día, la sociedad cambia, las relaciones entre empleadores y empleados cambian, las nuevas generaciones X e Y ya no funcionan según los antiguos preceptos jerárquicos. Así pues, vemos cómo los conceptos grupales cobran protagonismo, ya sea porque se detectan nuevas necesidades o porque la tecnología aporta soluciones inéditas.

Los cursos en línea masivos de las universidades son grandes usuarios de estas formas de trabajar. ¿Cómo corregir 3.000 o 20.000 exámenes de estudiantes a la vez? ¿Cómo evaluar un trabajo colaborativo sin penalizarlo? ¿Cómo transmitir conocimientos de un grupo a otro a través de la diversidad de orígenes, trayectorias y culturas de los estudiantes?

Para corregir miles de exámenes a la vez, la corrección entre compañeros es, hoy en día, la solución más adecuada. La famosa «confianza en el alumno» se sustituye por una evaluación de prueba que permite calibrar la pertinencia y la seriedad de su corrección.

Las coevaluaciones de un mismo examen permiten suavizar los resultados de las correcciones. Los coevaluadores deben tener una metacognición del documento de evaluación infinitamente mayor que en la autoevaluación, ya que esta se ve corroborada por el número de evaluadores. En juego están su imagen y su responsabilidad social; deben indagar en el sentido de su corrección para que esta sea pertinente. El profesor los supervisa y les ha delegado su tarea estableciendo unas normas de seguridad.

«Sobre la evaluación entre pares... No es nada nuevo, pero constituye el núcleo del itinerario avanzado de un MOOC; lo que está en juego es considerable, ya que permite conciliar

1. Riqueza pedagógica: más allá de los cuestionarios

2. Ampliación de escala: corregir 1 000 exámenes

3. Cambio de paradigma: de alumnos activos a competencias más desarrolladas». La evaluación entre pares en un MOOC. ¿Qué fiabilidad y qué legitimidad tiene?

Por Rémi Bachelet, École Centrale de Lille, fundador del MOOC GdP

«La metacognición aborda uno de los problemas recurrentes de la enseñanza: el de la transferencia o generalización de lo aprendido (…) Es el medio más importante por el que un individuo es capaz de modificar y adaptar su actividad cognitiva a tareas en contextos diferentes. (…). Convierte al alumno en un teórico implícito o explícito de su propia cognición: sabe lo que sabe y cómo lo sabe, lo que le permite transferir su competencia a diferentes tareas»

Gaveleck y Raphael (1985)

El último caso es el de los trabajos colectivos sobre temas variados. Lo relevante es la implicación personal de los intercambios entre estudiantes sobre los proyectos de los demás. En este caso, hablamos de comentarios entre compañeros. Estos se realizan siguiendo metodologías de crítica constructiva. El objetivo es optimizar los documentos de los demás grupos.

También es un método que encaja perfectamente con las herramientas colaborativas de Internet. El estudiante se convierte así en el propio dueño de sus críticas. Sugiere correcciones, que pueden aceptarse o no, con el fin de ayudar a los demás a avanzar en sus proyectos. El profesor está ahí únicamente como acompañante y garante de la forma, y ya no del contenido en absoluto.

La corrección y el contenido del curso también pueden ser creados por el grupo de estudiantes. La investigación, la estructuración del contenido y la forma de impartir la clase serán decisión del grupo, que asume el papel del profesor. En este caso, el profesor es solo un guía que garantiza la calidad del curso. Además, el grupo se encarga de todo el proceso de enseñanza hasta la evaluación final. Se trata de un aprendizaje entre iguales. Es una inversión completa de los roles jerárquicos tradicionales. El profesor u otros grupos se convierten en oyentes y alumnos de quienes imparten la clase.

Un continuo de actitudes

Cabe destacar en estos cinco casos grandes diferencias en los roles de los alumnos y de su profesor. El profesor pasa de un rol jerárquico a ser guía, supervisor, lector y, finalmente, acompañante.

El alumno, por su parte, gana en competencias. De ser un sujeto pasivo evaluado, pasa a ser un sujeto activo y autónomo, luego coevaluador, para convertirse él mismo en profesor y, finalmente, en cocreador de contenidos.

El paso del sistema jerárquico a diversas formas de colaboración con los compañeros es sintomático de un cambio social palpable y, sin duda, no es más que el comienzo de nuevas formas de aprender y, por tanto, de evaluar en el futuro.

Los centros educativos, los departamentos de RR. HH. y los directivos harían bien en prestar atención a estas nuevas formas de actuar, ya que darán forma al mundo y a las relaciones humanas del mañana.

Ilustración: Geralt - Pixabay

Fuentes:

Cambios de puntos de vista, de roles y de posturas en los nuevos dispositivos de enseñanza, por Alain CRINDAL (UMR STEF ENS Cachan INRP) y Bernard ANDRIEU (IUFM de Lorena)

La metacognición: de su definición en psicología a su aplicación en la escuela, por Anne-Marie Doly

La evaluación entre pares en un MOOC. ¿Qué fiabilidad y qué legitimidad? Por Rémi Bachelet, École Centrale de Lille


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