Efectos del tamaño del equipo en el aprendizaje
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Publicado el 24 de septiembre de 2018 Actualizado el 11 de octubre de 2023
El mandato de colaborar y crear vínculos sociales es firme. Decir que te gusta la soledad no es el mejor argumento para conseguir trabajo. Es más, incluso solos, consultamos las redes sociales. En medio de la nada, buscamos wi-fi. Sin embargo, algunos autores nos recuerdan las virtudes de la soledad cuando no nos aísla definitivamente de los demás, mientras que otros nos instan a "desenchufarnos" de todo lo que nos conecta al ruido del mundo.
Paolo Cognetti es un escritor italiano. En Le garçon sauvage, nos cuenta su experiencia en el Valle de Aosta. Partió para encontrarse a sí mismo y escribir, pero pronto descubrió que nunca se está solo. En los lugares más remotos, nos rodean las huellas de quienes nos han precedido. No hay lugar en el mundo que no haya sido explorado por otros humanos, y a menudo han dejado objetos, detritus o cambios más profundos en nuestro entorno. Además, la soledad que siente le trae recuerdos de autores como Thoreau, Krakauer y McCandless, que también relataron experiencias de alejamiento del mundo.
El primer instinto de quien dice haber descubierto un espacio raro y desconocido es compartirlo en las redes sociales o llamar a sus amigos -si la tecnología lo permite-. Se encuentran en comunión con los que les han precedido y con los que no han emprendido el viaje. El nuevo explorador sueña con "me gusta" en Instagram e intercambios con su comunidad.
No es el caso de Paolo Cognetti. Rápidamente percibirá una vida humana a su alrededor, intercambiando servicios y gentilezas, cuidando del perro de un vecino, cocinando y compartiendo comidas con otro solitario... La paradoja de las personas que buscan la soledad... es que acaban encontrándose.

La ironía del libro es que la búsqueda de soledad de Paolo Cognetti le ha llevado a crear nuevos vínculos...
Olivier Remaud presenta una primera visión de la soledad que suele ir ligada a una experiencia de lo extremo: paisajes áridos, calor o frío intensos, elementos contra los que hay que luchar. Exploradores y aventureros nos cuentan que este entorno les ha permitido encontrar paz, tranquilidad y sosiego. Es una forma de liberarse de la camisa de fuerza social y de sus costumbres. Pero esta soledad es también un tiempo de sufrimiento físico.
Otros han insistido en una comunión con la naturaleza y el medio ambiente. La soledad nos permite abrirnos al asombro, olvidarnos de nosotros mismos y estar totalmente en el presente.
Pero Olivier Remaud no desarrolla una idea romántica o absoluta de la soledad: puede ayudar a reconstruirse, pero también puede destruir a quien no esté preparado para ello. Las experiencias que recordamos de la literatura rara vez son extremas: Henry David Thoreau se trasladaba regularmente de su cabaña en el lago Walden al pueblo de Concord, donde se reunía con otras personas. Montaigne se recluía en su biblioteca, pero se mantenía al corriente de los asuntos de la ciudad. El espacio de la soledad es una trastienda, indispensable pero no definitivamente cerrada.
"Debemos reservarnos una trastienda, toda honesta, toda franca, en la que establezcamos nuestra verdadera libertad y nuestro principal retiro y soledad".
Incluso el héroe de Into the Wild, McCandless, conoció a otras personas, planeó volver a casa y llevar una vida convencional.
Pero parece que todo arte, toda reflexión personal y toda escritura requieren una dosis de soledad. Olivier Remaud cita a Glenn Gould:
"Siempre he tenido la sensación de que por cada hora que pasas con otros seres humanos, necesitas un número "x" de horas a solas".
Olivier Remaud tiene cuidado de distinguir entre soledad y aislamiento. El segundo término se refiere a una situación no elegida o que se pretende definitiva. El aislamiento es el signo o la causa de un estado de malestar, más que un medio de autodesarrollo.
Entre los numerosos autores citados en "Solitude volontaire", Henri David Thoreau confirma que la soledad y la naturaleza permiten "dar un paso al lado", un desvío necesario para pensar por uno mismo.

En 2018, los autores citados por Olivier Remaud nos aconsejarían desenchufar nuestras máquinas durante periodos bastante largos, como sugiere regularmente Sylvain Tesson. Montaigne ya no estaría solo en su torre. Su smartphone le recordaría constantemente que alguien, en algún lugar, espera una respuesta suya. Incluso podría sentirse tentado a compartir e intercambiar sus pensamientos, como esos intelectuales contemporáneos que se enzarzan en interminables y estériles debates en Twitter...

Pero podemos apostar a que también habría sabido defenderse de esta economía de la atención, según la expresión de Yves Citton. Nuestros momentos de atención y nuestras interacciones son oro para quienes comercian con nuestros datos. Todo lo que les permita mangonearnos, "distraernos", les resulta beneficioso. Y aislarse para hacer una llamada telefónica es lo contrario de lo que propone Olivier Remaud o de lo que pretende Paolo Cognetti.
Ilustraciones: Frédéric Duriez
Recursos :
Olivier Remaud, Solitude volontaire ed. Albin Michel, noviembre de 2017.
https://www.decitre.fr/ebooks/solitude-volontaire-9782226426703_9782226426703_16.html
Sébastien Le Foll, Du bon usage de la solitude artículo publicado en Le Point, 29 de diciembre de 2017
http://www.lepoint.fr/editos-du-point/sebastien-le-fol/sebastien-le-fol-du-bon-usage-de-la-solitude-29-12-2017-2183019_1913.php
Paolo Cognetti, le garçon sauvage, ediciones 10/18 - 2018 traducido del italiano por Anita Rochedy
https://www.decitre.fr/livres/le-garcon-sauvage-9782264070081.html
Jean-Marie Durand "Seul avec tous : la solitude comme rempart contre l'isolement", Les Inrocks - noviembre de 2017
https://www.lesinrocks.com/2017/11/13/idees/seul-avec-tous-la-solitude-est-un-rempart-contre-lisolement-111008349/
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