Todos tenemos un recuerdo más o menos singular del momento en que, en secundaria, el profesor de biología nos invitó a coger un bisturí y diseccionar un batracio para descubrir su anatomía. Más tarde, en el laboratorio de química, combinamos compuestos en un vaso de precipitados para formar un precipitado.
Aunque muchos estudios muestran cierta falta de interés de los estudiantes por los campos científicos, muchos creen que es a través de la experiencia directa -el enfoque práctico- como se siembran las semillas de una educación y una carrera científicas.
Sin embargo, sin negar su utilidad, este enfoque no es el mejor, observa Abdelkrim Hasni, profesor de la Facultad de Educación y titular de la Cátedra de Investigación sobre el Interés de los Jóvenes por la Ciencia y la Tecnología (CRIJEST), con su colega Patrice Potvin, de la UQAM. Están llevando a cabo varios proyectos de investigación sobre los factores y las prácticas ganadoras que contribuyen a reforzar el interés de los estudiantes por estos campos y el papel que pueden desempeñar las escuelas para lograrlo.
Basándose enun análisis de la investigación internacional y en su propia encuesta entre jóvenes quebequeses,han llegado a la conclusión de que la participación en iniciativas científicas a largo plazo tiene un efecto más duradero en los estudiantes.
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Crédito de la foto: Sergio Ponomarev / Shutterstock.com
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