Coherencia de posturas: clave para facilitar la inteligencia colectiva
La fenomenología puede devolvernos a una cierta forma de coherencia que favorece la postura del facilitador de inteligencia colectiva.
Publicado el 12 de enero de 2021 Actualizado el 30 de enero de 2025
Hoy en día, muchos alumnos tienen problemas de comportamiento: falta de concentración, escasa autonomía, parloteo incesante, etc. ¿Y si parte de la solución estuviera en la ergonomía y la disposición de las aulas? ¿Y si parte de la solución estuviera en la ergonomía y la distribución de las aulas?
Existen diferentes formas de organizar el espacio del aula, y cada una de ellas puede tener un efecto sobre el aprendizaje y la atención de los alumnos, como han demostrado numerosos estudios e investigaciones universitarias. Así pues, podemos preguntarnos cómo afecta a la concentración de los alumnos su colocación en el aula.
En 2015, un estudio realizado por Peter Barrett, Yufan Zhang, Fay Davies y Lucinda Barrett de la Universidad de Salford en el Reino Unido(The Holistic Impact of Classroom Spaces on Learning in Specific Subjects ) reveló que la disposición de un aula influye considerablemente en el aprendizaje de los alumnos. Lo mismo ocurre con la luz, la temperatura, la calidad del aire y la personalización de la sala (véase archiclasse.education.fr). Por eso hoy es necesario optimizar el espacio de un aula para adaptarlo a las necesidades de los alumnos.
Cuando pensamos en una clase en Francia, nos viene inmediatamente a la mente la tradicional "fila de cebolla", es decir, los alumnos frente a la pizarra. Esta organización espacial del aula es ideal para transmitir información, pero también para supervisar a los alumnos. Destaca porque facilita la concentración de los alumnos, al haber menos fuentes de distracción, pero no favorece la interacción y la comunicación entre los estudiantes.
Sin embargo, según Le HuffPost, otra disposición podría aumentar la productividad de los estudiantes en un 25%. La disposición en isla o en "U" facilita el debate y la participación de los estudiantes. Sin embargo, las clases pueden ser bastante ruidosas debido a los intercambios entre alumnos, y tomar apuntes también puede resultar difícil porque algunos estudiantes tienen que darse la vuelta para ver la pizarra. Esto no optimiza la concentración de los alumnos.
El profesor debe elegir la organización del espacio del aula en función de las materias impartidas, las actividades previstas y los objetivos. También hay que tener en cuenta situaciones como una pandemia, que imposibilita la realización de determinadas actividades y dificulta ciertas disposiciones, como las islas o las "filas de cebolla", porque las distancias físicas son mucho más difíciles de respetar. Parece que la disposición en "U" es la más adecuada, pero no es fácil aplicarla a clases de más de veinte alumnos.
Aunque la mayoría de los profesores asocian la inmovilidad con la concentración, resulta que dejar que los alumnos se desplacen de un pupitre a otro les permitiría aprender mejor y concentrarse mejor. También parece que la ubicación de los alumnos en un aula influye en su concentración.
De hecho, Steelcase revela en un artículo que los alumnos situados al fondo de la clase están más desconcentrados que los situados delante y en el centro. Por eso, un aula flexible, es decir, que ofrezca varias zonas para distintas actividades, parece ser la mejor solución para mejorar la concentración. Además, anima a los alumnos a ser independientes y adaptables.
En concreto, un aula flexible puede incluir una zona de trabajo en grupo, una zona de debate o una zona digital. Las nuevas tecnologías desempeñan un papel importante en el aprendizaje de los alumnos y se ha demostrado que mejoran la concentración. Incluir una zona digital en el aula significa poner a disposición de los alumnos ordenadores y tabletas -algo de lo que no disponen necesariamente en casa-, al tiempo que se mantienen los métodos tradicionales de enseñanza que, por ejemplo, desarrollan mejor la memoria.
Si además tenemos en cuenta una situación como una pandemia, parece que la disposición de un aula flexible es más propicia para que se respeten las distancias físicas, como han demostrado algunos blogs como classe-de-demain.fr. Una clase flexible obliga a los alumnos a desplazarse constantemente, lo que es muy desaconsejable en estos momentos.
En 2010, una investigación realizada por Diane M. Bunce reveló que los alumnos prestan más atención a su profesor durante el aprendizaje activo, porque les implica directamente en la lección (véase Reclaim Classroom Attention with Active Learning and How Classroom Design Affects Engagement - steelcase.com).
Además, algunas disposiciones del aula son más propicias para la participación de los alumnos, en particular las que tienen forma de isla o de "U". Las aulas en isla permiten a los alumnos trabajar de forma independiente o en grupos, por lo que interrumpen menos la clase. Esta organización espacial también permite al profesor desplazarse de una mesa a otra para comprobar el trabajo, ayudar a los alumnos que tienen dificultades y supervisar lo que aprende cada alumno.
Una disposición en forma de "U" favorece el diálogo entre los alumnos y permite al profesor impartir las lecciones frente a la pizarra. También permite al profesor despertar el interés de los alumnos, pero hace más difícil vigilarlos, a diferencia de una disposición tradicional. Esta organización espacial permite al profesor tener toda la atención de los alumnos, pero los vuelve pasivos y aumenta el riesgo de que se distraigan fácilmente.
La disposición de una clase influye directamente en la autonomía y la capacidad de atención de los alumnos. Sin embargo, las condiciones en una situación de pandemia hacen difícil poner en práctica estas disposiciones. La interacción entre los alumnos es limitada debido a la pandemia, y es más difícil para el profesor proporcionar apoyo individual debido a la distancia física. Por último, las clases masificadas no permiten necesariamente a los profesores mantener la atención de los alumnos.
Numerosos estudios universitarios han demostrado que el movimiento es un medio importante para mejorar la atención de los alumnos, pero debe estar esencialmente ligado al trabajo para ser realmente beneficioso. Por eso la mayoría de los profesores envían a sus alumnos a recoger materiales, repartir copias, etc.
Una clase flexible también funciona de este modo, ya que los alumnos se desplazan de un espacio de trabajo a otro, lo que les permite volver a centrarse y recuperar la atención (véase https://leblog.wesco.fr/les-grands-dossiers/carnets-decole ). También ayuda a mantener la clase en calma y motiva a los alumnos. De hecho, el objetivo de una clase flexible es respetar la necesidad de los alumnos de desplazarse y, al mismo tiempo, hacerla útil, ya que el movimiento es beneficioso para el aprendizaje, como han demostrado numerosos estudios en los últimos años.
Una situación de pandemia ya no permite a los alumnos desplazarse a su antojo para mantener la distancia física. Por eso, algunos sitios web promueven el uso de taburetes para que los alumnos puedan variar su postura y estirar las piernas sin dejar de prestar atención a su profesor. Sin embargo, no todos los profesores ni todos los centros disponen del mobiliario escolar que realmente necesitan.
La Universidad Estatal de Kennesaw ha demostrado que variando el contenido e intercalando la lección con proyecciones de vídeo o ejercicios en la pizarra, el profesor atrae indiscutiblemente la atención de sus alumnos (véase steelcase.com).
Las nuevas tecnologías desempeñan hoy un papel importante en la enseñanza. Ayudan a desarrollar la comunicación y el diálogo entre alumnos y profesores. Sin embargo, el uso excesivo de estas tecnologías puede provocar fatiga visual, del mismo modo que mostrar un pase de diapositivas a los alumnos durante todo el día puede hacer que pierdan el interés.
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