Nuestra atención consciente puede centrarse en una sola cosa a la vez, pero su alcance puede concentrarse en un detalle o abarcar todo un paisaje. También puede "parpadear" por un momento sobre decenas de objetos en rápida sucesión o permanecer concentrada en un solo objeto durante varias horas. Sabe adaptarse: la forma en que se le solicita le lleva a adoptar hábitos.
Cuando hay pocos estímulos, no es necesario supervisar la atención. Podemos prestar a cada acontecimiento o persona toda la atención que necesite. Pero como nuestra atención ha adquirido un valor comercial, ahora se ve atraída por tantas cosas interesantes y sofisticadas que ya no puede dejarse sin control.
La realidad digital está ejerciendo una presión sin precedentes, y nadie puede escapar a ella. El "justo a tiempo", la agilidad y el cumplimiento exigen nuestra atención a la menor anomalía, ¡hasta el punto de que estamos prestando atención a nuestra atención! Se proponen métodos de gestión de la atención para ponerla bajo nuestro control consciente: reservar espacios y tiempos, priorización, restricciones, programación, biorretroalimentación, etc. formas de regular la presión y aprender a desbaratar nuestros "reflejos", especialmente los explotados por los algoritmos.
Nuestra atención discontinua provoca un nuevo tipo de reflexión, una especie de metarreflexión, como los cuadros impresionistas cuya imagen sólo parece coherente a cierta distancia. Los cientos de interacciones que nuestra mente recopila de forma más o menos consciente pintan un retrato y provocan cuestionamientos impresionistas. Como resultado, muchas personas se dan cuenta de que su comportamiento está alterado y de que sus pensamientos están sesgados, no necesariamente en su propio beneficio.
Este dossier nos invita a examinar nuestra atención y centrarla en lo que nos importa.
Denys Lamontagne - [email protected]
Ilustración: Albert-Paul - Pixabay