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Publicado el 07 de julio de 2008 Actualizado el 29 de enero de 2025

Multitarea: ¿buena o mala?

Afrontar la fragmentación

En un artículo publicado por The New Atlantis en 2008, Christine Rosen nos advierte de los peligros de la multitarea, que caracteriza a muchos "enterados".

¿Quién no se ha quedado perplejo ante un adolescente que hace los deberes mientras escucha música, ve la tele y participa en un chat de mensajería instantánea al mismo tiempo?

¿Quién no se ha sentido irritado por alguien que, mientras finge mantener una conversación seria con usted, contesta tres llamadas telefónicas, envía cinco correos electrónicos y se escabulle regularmente para dar instrucciones a sus colegas que trabajan en la oficina de al lado?

Tanto el adolescente como su interlocutor están atrapados en lo que se conoce como "multitarea".

Esta capacidad para manejar varias cosas a la vez se celebra como una cualidad del hombre moderno y es en gran parte el resultado del uso creciente de las tecnologías de la información y la comunicación. En términos más generales, el valor de esta capacidad se basa en la siguiente premisa: si el dominio de la información se considera un aumento de poder, entonces quienes consigan captar la mayor cantidad de información al mismo tiempo serán los más poderosos.

Sin embargo, desde hace algún tiempo, las investigaciones científicas y las observaciones empíricas citadas ampliamente por C. Rosen en su artículo ponen en entredicho las ventajas de esta capacidad de gestionar varias cosas a la vez. Se ha demostrado, por ejemplo, que los trabajadores tardan una media de 25 minutos en volver a su tarea principal tras ser interrumpidos por llamadas telefónicas o correos electrónicos. También sabemos hoy que la multitarea prolongada provoca pérdida de memoria a corto plazo, debido a la alteración de los flujos hormonales y de adrenalina en el cerebro.

Además de a los empleados sometidos a una carga de trabajo en constante aumento, la multitarea afecta sobre todo a niños y adolescentes, al menos a los que siempre han convivido con las tecnologías de la información y la comunicación. Para ellos, la multitarea es habitual y el bombardeo de información procedente de diversas fuentes visuales y sonoras estimula constantemente su atención. De ahí la importancia de comprender lo que este estado de cosas provoca en ellos, en términos de capacidad de atención y, más profundamente, en términos de cambios en su funcionamiento neurológico.

En este sentido, las observaciones empíricas se ven confirmadas por la investigación médica: los jóvenes tienen un alto nivel de inteligencia tecnológica y son más creativos que sus mayores. En cambio, tienen una impaciencia permanente, no soportan el silencio y se aburren muy rápidamente. Sufren más a menudo que sus mayores de déficit de atención y tienen más dificultades para retener información durante largos periodos. ¿Te has dado cuenta?

¿Es tan grave? Al fin y al cabo, la movilidad atencional debe considerarse una característica de un cerebro que aún no ha alcanzado la madurez. Y una mente madura se caracteriza precisamente por su capacidad de concentración. Pero cuidado: la capacidad de concentración no surge por sí sola, con el mero paso del tiempo. C. Rosen insiste en que es el resultado de una voluntad personal, la voluntad que nos permite resistir la distracción, someternos voluntariamente a una sola tarea.

¿Cómo van a adquirir los jóvenes esta capacidad, cuando están expuestos a muchos más estímulos que sus mayores y encuentran en ellos grandes fuentes de satisfacción? ¿Quién puede ayudarles a adquirir esta madurez?

Los entornos educativos tienen sin duda un papel clave que desempeñar en este sentido. Siempre que no se fijen un objetivo equivocado: no se trata de favorecer sistemáticamente la realización de tareas únicas y monótonas, con el pretexto de no distraer a los alumnos y aumentar su productividad; el trabajo en cadena, aún en boga en muchas industrias, demuestra que se trata de un auténtico empobrecimiento, que causa enormes estragos entre las personas sometidas a él. En su lugar, hay que desarrollar tareas ricas, cuya complejidad e interés exijan un alto nivel de concentración, potencien las capacidades de los alumnos y desarrollen su creatividad tanto y mejor que los estímulos múltiples y descoordinados. De este modo, los jóvenes podrán aprovechar al máximo la velocidad de pensamiento que les caracteriza, al tiempo que desarrollan paso a paso sus facultades críticas y su sabiduría.

¿Estamos preparados para afrontar este reto?

Ilustración: Gerd Altmann -Pixabay

Referencias

The Myth of Multitasking, artículo de Christine Rosen en The New Atlantis, 2008.

Sobre la diferencia de funcionamiento cerebral entre jóvenes y adultos, véase también: Concentration et créativité : un difficile équilibre, artículo de Rémi Sussan en Internet Actu, junio de 2008.


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