Técnicas y aplicaciones para tomar notas - Directorio
En este directorio encontrará no sólo las técnicas más importantes para tomar notas, sino también magníficas aplicaciones que le ayudarán a sacarles el máximo partido.
Publicado el 02 de mayo de 2022 Actualizado el 14 de marzo de 2023
Tomar notas, escribir, transcribir palabras, poner letras o símbolos sobre el papel para formar palabras, frases y luego textos. Conservar un rastro escrito de lo que se quería decir, de lo que se quería dejar a la posteridad y a la historia, o simplemente anotar una información para no olvidarla.
La palabra escrita permanece, pero la palabra hablada vuela. Desde la invención de la escritura, el hombre siempre ha tratado de dejar constancia de su vida, de su historia y de sus hechos, grandes o pequeños. Pero, ¿quiénes son estos escritores públicos, estos escribas modernos? ¿Existe todavía esta profesión? Saque su pluma, desenrolle su rollo de papiro y prepárese para escribir líneas en el gran libro de nuestra historia común.
La gran aventura de la escritura comenzó hace más de 5.000 años en Mesopotamia, actual Irak. Rápidamente apareció una nueva profesión, la de escritor público. Según las épocas y las civilizaciones, esta función adoptó diferentes nombres: en el antiguo Egipto, se hablaba del "escriba" (del latín scriba, de scribere, escribir), entonces funcionario del Estado, alfabetizado, educado en el arte de la escritura y la aritmética. Podía servir tanto al Faraón como al público en general.
En Europa, un poco más tarde, los druidas, además de la poción mágica de un hombre llamado Panorámix, se ocupaban sobre todo de asuntos religiosos, pero también de educación. Su educación y sus conocimientos les otorgaron el estatus de eruditos y, por tanto, el poder de leer y escribir para el pueblo.
Aún más tarde, en la Edad Media, aparecieron los copistas, profesionales encargados de reproducir documentos escritos u obras de arte. Por último, hoy en día, esta función oficial de funcionario del Estado sigue muy presente bajo la forma del "escribano", colaborador ministerial que asiste principalmente a notarios y abogados en asuntos estatales, públicos, privados o personales.
Ya sea sobre papiro, tablillas de mármol, arcilla o simple papel, estos profesionales de la escritura estuvieron durante mucho tiempo al servicio de una población analfabeta, hasta entonces en su mayoría incapaz de leer y escribir. 
Sin embargo, en el siglo XIX, con la llegada de la escolarización obligatoria, esta profesión decayó, pues la población recién escolarizada ya no necesitaba un intermediario para leer y escribir. En el siglo XXI, sin embargo, son las nuevas tecnologías las que devolverán a esta función el lugar que le corresponde. El escriba 2.0 resurge de sus cenizas...
En 2021, Francia contaba con un millar de escritores públicos en activo, de los cuales dos de cada tres eran mujeres.
Contrariamente a la creencia popular, no, un escritor público no es un voluntario que lo hace gratis. Todo trabajo merece un salario, y sus servicios también son remunerados. Es cierto que las organizaciones comunitarias o sociales recurren a menudo a sus servicios para ayudar a cierta población que tiene grandes dificultades con la lengua francesa, ¡pero no sólo!
De hecho, parece estar surgiendo una nueva clientela, que sabe escribir, pero cuyo objetivo es comunicarse con mayor eficacia. La necesidad de solicitar los servicios de un experto en el manejo de las palabras es, por tanto, esencial. Profesionales y particulares son los nuevos clientes. Su desglose (no exhaustivo) muestra claramente la diversidad del público: entre los particulares, el 39% trabajan, el 37% están jubilados y el 20% son estudiantes. Entre los profesionales, el 46% son muy pequeñas empresas y PYME y el 35% asociaciones y colectividades locales.
Los clientes son diversos, ¡los empleos también! Los documentos que se solicitan a un redactor público pueden ser desde documentos personales, para guardárselos uno mismo, hasta documentos administrativos y profesionales cuyo fin último es ser leídos y distribuidos. Los documentos más frecuentes suelen ser CV o discursos, pero el escritor público también tendrá una función de corrección y edición, sobre todo de tesis universitarias u otros manuscritos.
Además de los aspectos literarios, lingüísticos y sintácticos, el escribiente actual debe ofrecer servicios de asesoramiento, redacción, reescritura, corrección y formateo, todo ello sin desvirtuar el contenido original, para no atentar contra la ética de su función.
Según el tipo de trabajo, profesional o personal, el especialista de la palabra deberá adaptar sus escritos: eficacia, fidelidad, autenticidad, responde a las expectativas de sus clientes.
Sin embargo, hablando de ética, hay que recordar que existe un límite que estos profesionales no deben sobrepasar. ¿Se puede escribir de todo? No. Al menos no de su mano. Algunos trabajos son tabú, como las cartas de chantaje, las amenazantes, las insultantes o las que conducen al fraude, al plagio o a cualquier tipo de desviación ilegal.
Ahora bien, si quieres convertirte en escritor público, se recomienda encarecidamente (pero no es obligatorio) que tengas un título universitario en literatura, derecho, humanidades o periodismo. Algunas universidades ofrecen incluso diplomas especiales, como la licencia profesional "Conseil en écriture professionnelle et privée - écrivain public" (Universidad de la Sorbona, París) o el DU (diploma universitario) "Écrivain public / auteur-conseil" (Universidad de Toulon), sin olvidar el CNFDI y el CNED, que también ofrecen formación a distancia.
Todo ello se agrupa finalmente en dos organismos: laAEPF (Académie des Écrivains Publics de France) y el GREC (Groupement des Écrivains Conseils).
En el siglo XXI, la escritura pública es una "vieja profesión con futuro".
Fuentes e ilustraciones
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