Publicado el 15 de marzo de 2023Actualizado el 15 de marzo de 2023
No hacer nada para avanzar en el pensamiento
¿Y si nos dejamos de debates estériles?
En nuestro mundo hipermediatizado, muchas personas intervienen en debates sociales en radio, televisión e Internet. Jimmy Mohamed era uno de esos expertos a los que se invitaba con frecuencia a hablar no sólo de su campo, la medicina, sino también de otros temas. Sin embargo, con el tiempo dejó de hacerlo y sólo aparecía cuando el tema era la salud. ¿Por qué dejó de hacerlo? Consideraba que no aportaba nada, salvo reforzar sesgos cognitivos.
En primer lugar, el sesgo de autoridad. Es mucho más fácil confiar en un médico que lo sabe todo sobre el cuerpo humano que en cualquier otra persona. Se enfrentó al sesgo de confirmación de sus oponentes, que rechazaban de plano estos argumentos por los que iban a su favor.
Por último, observó que la mayoría de la gente cae en el sesgo de la negatividad, es decir, que los elementos negativos permanecen más tiempo en la memoria y evocan más emociones que los positivos. Este reflejo, aunque esencial en los primeros tiempos de la humanidad para recordar qué baya era peligroso consumir, es perjudicial para el debate público y las oportunidades de provocar cambios.
Así que propone no hacer nada, no intentar convencer sino dar buen ejemplo. La propuesta parece paradójica, pero se apoya en la biología para respaldar sus afirmaciones. Porque no hacer nada no significa "no hacer nada". Significa, en lugar de limitarse a gritar argumentos a los demás, actuar según lo que nos parece bien para provocar células espejo. Las que nos hacen bostezar o reír colectivamente. Con el ejemplo, cree que hay más posibilidades de hacer cambios esenciales en nuestras sociedades.
Para que el trabajo de colaboración sea significativo y beneficioso, debe surgir una comprensión colectiva de los problemas planteados. Esto es lo que ocurre cuando los futuros profesores se reúnen en un seminario web para hablar de la gestión del aula.
Muchos think tanks recurren a investigadores universitarios para estudiar y proponer ideas. Estas ideas pueden incluso influir en las decisiones de los políticos. Sin embargo, mientras algunos laboratorios son objetivos, muchos son partidistas y actúan con mayor o menor ética según los casos. Una situación que plantea muchos interrogantes.
Los servicios de orientación intentan animar a los jóvenes a elegir carreras que necesitan personal, como informática, ingeniería o el sector médico. Pero esto pasa por alto todo el sistema educativo agrícola, que busca mano de obra. Tanto más cuanto que este sector educativo es puntero en temas como la transición ecológica.