Publicado el 27 de septiembre de 2023Actualizado el 27 de septiembre de 2023
El fenómeno de las disertaciones traumáticas
¿Por qué los futuros estudiantes tienen que rememorar sus peores recuerdos para entrar en la universidad?
En Norteamérica, sobre todo en Estados Unidos, además de mostrar un expediente académico impecable, los aspirantes a una plaza universitaria deben redactar una declaración de no más de 500 palabras sobre lo que les convierte en un candidato interesante para la institución. Un ejercicio bastante estresante para los adolescentes que ven cómo su futuro académico y profesional se decide en gran medida por esta carta de presentación.
Además, como explica Tina Yong en una presentación, muchos aspirantes de origen inmigrante o de barrios más desfavorecidos tienen que presentar "ensayos traumáticos".
Tienen que demostrar a los reclutadores que han tenido que luchar contra la ignorancia, el racismo, el hambre o la muerte de un ser querido para convertirse en una persona resiliente y un candidato ideal. Para estas personas, esto añade otra capa de sufrimiento a una actividad que ya provoca ansiedad. Tanto más cuanto que los candidatos tienen que reprimir en sus escritos la ira o los traumas no resueltos para ajustarse a las expectativas de la contratación: personas con un pasado difícil que han logrado superar obstáculos, aunque éstos sean sistémicos y a veces sigan persiguiéndoles. Hay que borrar estos problemas, que siguen presentes hoy en día.
Ninguna universidad pide explícitamente estos ensayos traumáticos. Sin embargo, parece que el mito persiste hasta el punto de que a la mayoría de las personas de color se les sugiere que escriban una carta de presentación de este tipo.
Para Tina Yong, esta situación podría resolverse si los campus fueran más transparentes sobre lo que hace o deshace una solicitud y si los responsables de contratación de las universidades fueran más conscientes de los problemas que rodean a las minorías étnicas y los barrios desfavorecidos. Tienen mucho poder sobre el futuro de los jóvenes. Sería una buena idea no obligar a los futuros solicitantes a desnudar su sufrimiento sólo para acceder a la enseñanza superior.
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