Publicado el 24 de octubre de 2023Actualizado el 24 de octubre de 2023
¿Tienes que guardar luto?
¿Y los que no quieren?
La muerte y el duelo son temas casi más tabú que la sexualidad. No queremos pensar en nuestra propia finalidad, ni queremos ver a otros sufrir por la de alguien cercano. Nuestra relación con el duelo se ha vuelto casi consumista e invisible. En épocas anteriores, había códigos de vestimenta y sociales que indicaban que la persona estaba en proceso.
Como sostiene Vinciane Despret, esto al menos permitía a los individuos retirarse hasta un punto tolerable de la comunidad. Hoy, desde el punto de vista administrativo, sólo tenemos derecho a unos días libres como mucho para solucionar el papeleo, y mucha gente no entiende 6 meses o 1 año después del fallecimiento por qué persiste la tristeza. ¿Y si, al final, no hay que llorar? El filósofo belga se ha interesado por los que no lo hacen.
El propio Freud dijo a propósito de la muerte de su hija que nada podía sustituir esa ausencia. Así pues, para algunos individuos, el proceso no tiene lugar realmente. Los muertos siguen "existiendo" en determinados momentos de la vida. Tenga en cuenta que no se trata de médiums ni de personas que afirman ver fantasmas. La mayoría de los entrevistados confirman incluso que la "presencia" puede explicarse desde la psicología. No obstante, reconocen cierto "poder de acción" de los fallecidos en sus vidas.
Somos libres de estar de acuerdo o no con este planteamiento; el filósofo no ha adoptado una postura moralizadora, sino de observación. ¿Y si no hubiera luto? O si no se produjera de la forma que nos exige la sociedad ultraproductiva actual, ¿sería tan malo?
La escuela se enfrenta a estudiantes de diferentes orígenes socioeconómicos. Normalmente, debería unir a todos y hacer que todos tengan éxito. Sin embargo, ya sea por su estructura o por su filosofía, suele generar más desigualdades de las que resuelve. Cambiar esto requerirá una gran revolución cultural.
¿Cómo determinar la distancia adecuada? Entre emociones y reacciones, necesidades y deberes, empatía y necesidades, el delicado equilibrio en torno a la serenidad profesional.
En la década de 1920, la Gran Depresión abruma a los trabajadores estadounidenses. Entre ellos se extiende una oleada de solidaridad hasta el punto de desarrollar un lenguaje secreto que les ayude en su búsqueda de trabajo y de una vida mejor. Basado en la confianza y la ayuda mutua, nació el código Hobo, que perdurará hasta convertirse en una figura mítica de la historia de Estados Unidos.
¿Qué organización, qué competencias clave y qué gestión reconstruir tras la crisis? Las organizaciones que se presentaban como ejemplos de éxito hace unos meses ya no lo son, las aspiraciones de los empleados son diferentes y los equipos se dispersan cuando es necesario trabajar en grupo... Muchos empleados han dado un salto tecnológico de ¡treinta años en dos meses!