La educación moderna se basa cada vez más en la colaboración entre la profesión docente y las unidades familiares. Un deseo fantástico, y una alianza que podría dar sus frutos si realmente se contemplara en la vida cotidiana. Porque, como señala la investigadora en educación Tania Ogay (Universidad de Friburgo), existen grandes obstáculos a este espíritu que reclaman las escuelas.
De hecho, para la especialista, gran parte de lo que ha observado sobre el terreno puede atribuirse al etnocentrismo de la escuela. En otras palabras, los profesores (y los directores) están convencidos de que los padres saben lo suficiente sobre el proceso escolar y el establecimiento al que asisten sus hijos.
Sin embargo, esta opinión no puede ser más errónea y va en detrimento de la integración de los padres en esta alianza. Como consecuencia, la mayoría "renuncia" al pacto entre clase y familia. La escuela adopta este enfoque protector contra los padres intrusivos que pueden interferir en la vida cotidiana de la clase. Sin embargo, son mucho más minoritarios de lo que se cree, y esta protección impide que se sientan bienvenidos quienes, de otro modo, lo serían.
Además, como muchas otras profesiones, los profesores están sometidos a una presión temporal cada vez mayor. Su carga de trabajo aumenta y cada vez tienen menos tiempo para hablar con los padres y otras personas. Algunos incluso son criticados por sus colegas por dedicar demasiado tiempo a las familias. Es una opinión que debe cambiar, dice la investigadora, si se quiere integrar realmente a los padres en la alianza educativa.
Duración: 26 minutos
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