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Publicado el 19 de marzo de 2024 Actualizado el 20 de marzo de 2024

Pasar de la atención a la intención

Transformaciones silenciosas acompañadas por el facilitador

Fuente: Deposit Photo Blackdiamond67 métamorphose

Una palabra de más siempre destruye su intención.
Arthur Schopenhauer

Un facilitador de inteligencia colectiva desempeña un papel crucial a la hora de transformar la atención de un grupo, a menudo fragmentada por diversas distracciones, hacia una intención clara y centrada en el aprendizaje.

De la atención a la intención: preparar al facilitador

La filosofía zen y el taoísmo ofrecen enfoques únicos para transformar nuestro estado mental de la atención, a menudo dispersa y reactiva, a un estado de intención, caracterizado por la presencia y el compromiso consciente.

Esta transición puede ser especialmente relevante en el contexto del aprendizaje y la facilitación de la inteligencia colectiva. El facilitador trabaja primero sobre sí mismo antes de tocar a los participantes y dejarse tocar por ellos. El enfoque zen es una valiosa ayuda a este respecto. El zen hace hincapié en la práctica de la atención plena, es decir, estar plenamente presente en el momento. La atención plena aúna dos formas de conciencia: la conciencia de lo que ocurre a nuestro alrededor y la conciencia reflexiva, que nos devuelve a nosotros mismos (consciencia). Aplicando este principio, un facilitador anima a los participantes a concentrarse plenamente en la experiencia de aprendizaje, dejando de lado las distracciones externas e internas.

En la misma línea, el taoísmo valora la simplicidad y la eliminación de lo superfluo, lo que puede interpretarse como una invitación a simplificar el proceso de aprendizaje. Al reducir la complejidad y centrarse en lo esencial, los participantes pueden dirigir mejor su atención hacia sus intenciones de aprendizaje. El concepto de Wu Wei en el taoísmo, a menudo traducido como "no acción" o "acción sin esfuerzo", hace hincapié en la importancia de moverse con el flujo natural de los acontecimientos en lugar de forzar las cosas.

En un contexto de aprendizaje, esto puede significar adaptarse con flexibilidad a las necesidades del grupo, utilizando una inducción suave para permitir que los temas se exploren de forma más fluida e intencionada. Por utilizar una metáfora, la inflexión es como la estrategia lenta de una partida de Go, en la que se preparan con calma las condiciones para que lo obvio surja poco a poco, en lugar de intentar una acción directa, que corre el riesgo de provocar una resistencia frontal.

Tanto el Zen como el Tao fomentan la exploración interior para encontrar respuestas u orientaciones. Al facilitar momentos de reflexión personal o meditación, un facilitador ayuda a los participantes a conectar con sus intenciones más profundas y a guiar su aprendizaje de una forma más auténtica y significativa.

Una preparación final para el facilitador es equilibrar la vida y la práctica. Todo es cuestión de equilibrio; no tiene sentido predicar una cosa y practicar la contraria. Para el facilitador, la coherencia de su actitud es la mejor prueba del mensaje de la fuerza de su ser y de la calidad de su escucha.

El taoísmo habla de la importancia de mantener el equilibrio y la armonía en todos los aspectos de la vida. Esto puede aplicarse al equilibrio entre el trabajo en grupo y los momentos de independencia en el aprendizaje, garantizando que los esfuerzos colectivos se apoyen en la introspección y el compromiso personales.

Por último, el zen reconoce la interconexión de todas las cosas y la no dualidad entre observador y observado. En el contexto de la inteligencia colectiva, esto fomenta un enfoque en el que el aprendizaje se ve como un proceso compartido, en el que cada participante es a la vez maestro y alumno, contribuyendo a una comprensión más profunda y a una intención colectiva reforzada. François Jullien (2009) habla de transformaciones silenciosas. Para él, ningún acontecimiento es más significativo que otro; a lo sumo, hay afloramientos que permiten que la forma general emerja con el tiempo. Lo que importa es el viaje.

De la atención a la intención: práctica en grupo

Una vez que el facilitador está preparado, está en condiciones de ofrecer al grupo una atmósfera favorable. Ayudan a establecer un entorno propicio para el aprendizaje estableciendo un marco estructurado que reduzca las distracciones. Al definir claramente los objetivos, las normas de compromiso y el programa, el animador se asegura de que los participantes comprendan la importancia de concentrarse en la tarea que tienen entre manos. No fuerza la motivación más de lo que tiraría de las hojas de una ensalada para hacerla crecer. Como un jardinero, se limita a preparar las condiciones adecuadas para que el grupo se busque a sí mismo o autopoiesis (la construcción de la dinámica y la vida del grupo por sí mismo). Tienen en cuenta que es la acción la que crea la motivación, y no al revés.

Utilizando técnicas de compromiso interactivo, el animador puede captar la atención de los participantes desde el principio. Ya sea mediante ejercicios para romper el hielo, actividades de lluvia de ideas o debates en pequeños grupos, estos métodos ayudan a centrar la atención de los participantes en el tema de aprendizaje, minimizando al mismo tiempo las distracciones externas. Mediante la acción, estos métodos crean calor, como dos trozos de madera que se frotan entre sí y acaban creando una chispa.

El facilitador trabaja con el grupo para establecer una intención común (Mc Gregor, 2000), que ayuda a los alumnos a alinearse con una visión o meta compartida. Al comprender y aceptar una visión compartida (Senge, 1990), es más probable que los participantes dejen de lado sus distracciones personales en favor de la consecución del objetivo del grupo. Este es el mecanismo de flujo colectivo.

La gestión eficaz del tiempo, incluida la integración de pausas estratégicas (Davies, 2003), es esencial para mantener la atención y la concentración. El animador se asegura de que el ritmo del taller o de la sesión de aprendizaje se adapte para mantener el compromiso, al tiempo que permite a los participantes descansar y reponer fuerzas, reduciendo así el riesgo de distracción por cansancio. Aunque la tecnología puede ser una fuente de distracción, un facilitador inteligente sabe cómo utilizarla sabiamente para mejorar el aprendizaje (Bower, 2017).

Ya sea mediante aplicaciones colaborativas, sondeos en tiempo real o plataformas de gestión de proyectos, el facilitador puede utilizar la tecnología para centrar la atención en actividades de aprendizaje específicas y mantener el diálogo fluido incluso cuando el grupo trabaja a distancia.

Promoviendo una cultura de responsabilidad (Schwarz, 2002), el facilitador anima a cada participante a hacerse cargo de su propio aprendizaje y contribuir al éxito del grupo. El animador fomenta el coliderazgo, el liderazgo rotatorio o la facilitación. Esto puede incluir acuerdos mutuos para minimizar las distracciones personales y centrarse en las tareas de aprendizaje.

Al incorporar sesiones de feedback y reflexión (Schon, 1983), el facilitador ayuda a los participantes a ser conscientes de su proceso de aprendizaje y de las posibles distracciones. Esto no sólo permite ajustar los métodos de aprendizaje en función de las necesidades del grupo, sino que también refuerza la concentración colectiva y la intención de aprender.

Nota: por convención utilizo la forma masculina "el facilitador", pero el texto se aplica obviamente a todos los géneros.

Fuentes

Kaner, S. (2014). Guía del facilitador para la toma de decisiones participativa. Jossey-Bass.
https://www.decitre.fr/livres/facilitator-s-guide-to-participatory-decision-making-9781118404959.html

MacGregor, J. (2000). Strategies for Energizing Large Classes: From Small Groups to Learning Communities. New Directions for Teaching and Learning, nº 81.

Senge, P. M. (1990). The Fifth Discipline - Leveraging Learning Organizations.
https://www.decitre.fr/ebooks/la-cinquieme-discipline-9782212312904_9782212312904_11.html

Davies, D. (2003). The 1% Solution for Work and Life. Prentice Hall.

Bower, M. (2017). Diseño del aprendizaje potenciado por la tecnología: integración de la investigación y la práctica. Emerald.

Schwarz, R. (2002). The Skilled Facilitator: A Comprehensive Resource for Consultants, Facilitators, Managers, Trainers, and Coaches. Jossey-Bass.

Schön, D. A. (1983). The Reflective Practitioner: How Professionals Think In Action (El profesional reflexivo: cómo piensan los profesionales en acción). Basic Books.

Julien, F. (2009) Les transformations silencieuses.
https://www.decitre.fr/livres/les-transformations-silencieuses-9782246754213.html


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