La tecnología digital ha conquistado nuestras vidas a la velocidad del rayo. En tan sólo unas décadas, se ha convertido en parte integrante de nuestra vida cotidiana, de nuestras interacciones sociales y de nuestra forma de trabajar y aprender. Ordenadores, teléfonos inteligentes, objetos conectados... Todas ellas son herramientas que se han vuelto indispensables, dando forma a una nueva era de extraordinarias oportunidades(1).
Pero esta revolución digital no está exenta de su lado oscuro. Tras la aparente inmaterialidad de los datos y la desmaterialización de los usos se esconde una realidad muy física: el gran impacto medioambiental de las tecnologías digitales. Agotamiento de los recursos naturales, contaminación vinculada a la extracción de metales raros, consumo de energía y emisiones de gases de efecto invernadero para la producción de esta energía... La tecnología digital se ha convertido en uno de los principales protagonistas de la crisis ecológica.
Es urgente actuar, y el primer paso es la educación. Sensibilizar a los ciudadanos del mañana sobre los retos medioambientales que plantea la tecnología digital y darles las claves para que adopten comportamientos más responsables es un reto que la escuela debe asumir plenamente. Está en juego nuestra capacidad para construir una sociedad digital sostenible que sea consciente de su huella en el planeta. Es un reto vital para el que hay que preparar a las generaciones futuras desde edades tempranas.
Un coste medioambiental insospechado
Entre bastidores de la sociedad digital
Nos hemos acostumbrado a ver la tecnología digital como algo intangible, casi mágico. Nuestros datos parecen flotar en una nube etérea, nuestros intercambios instantáneos se producen como por arte de magia. Pero esta aparente ligereza esconde un sustrato físico muy tangible y ávido de recursos.
Detrás de cada smartphone de última generación se extraen decenas de metales preciosos o raros. Detrás de cada consulta a Google, hay gigantescas granjas de servidores que consumen mucha energía y funcionan las 24 horas del día. El sector digital consume actualmente el 4% de la electricidad mundial, genera el 4% de las emisiones de gases de efecto invernadero y su huella crece un 9% al año. A este ritmo, podría representar el 7% de las emisiones mundiales en 2040, tanto como los automóviles en la actualidad(2).
Y esto es sólo la punta del iceberg. El coste medioambiental de la tecnología digital se extiende a todas las etapas de su ciclo de vida, desde la producción hasta el final de la vida útil del equipo.
Efectos en cada etapa del ciclo de vida
Todo empieza con la fabricación de dispositivos electrónicos. Ordenadores, tabletas, objetos conectados... Su producción requiere una amplia gama de materiales: plásticos derivados del petróleo, metales comunes como el cobre, el aluminio o el estaño, pero también metales raros o preciosos como el oro, la plata, el cobalto o el tantalio(3). La extracción intensiva de estos recursos agota las reservas naturales y contamina gravemente los ecosistemas(4). También requiere enormes cantidades de agua y energía.
Una vez producido, el funcionamiento de nuestras herramientas digitales también pasa una elevada factura al medio ambiente. Cada correo electrónico enviado, cada foto que gusta y cada vídeo emitido alimentan gigantescos centros de datos que funcionan sin parar. Éstos consumen casi el 4% de la electricidad mundial, más que todo el tráfico aéreo(5), y su consumo se dispara con la explosión del tráfico de Internet.
Por último, la tecnología digital plantea un enorme desafío cuando nuestros equipos llegan al final de su vida útil(6). Actualmente se recicla menos del 20% de los 50 millones de toneladas de residuos electrónicos que se producen cada año(7). Los equipos no recogidos acaban a menudo en vertederos abiertos de países en desarrollo, contaminando el suelo y las aguas subterráneas con sustancias tóxicas como el mercurio, el plomo y el berilio.
Ante estas múltiples facetas, tenemos que replantearnos nuestra relación con la tecnología digital, y el primer paso es concienciar y educar a la gente.
La escuela, protagonista de la sensibilización
Deconstruir el mito de la tecnología digital inmaterial
Si queremos adoptar un comportamiento digital más respetuoso con el medio ambiente, debemos comprender su necesidad. Sin embargo, hoy en día, la mayoría de los usuarios no son conscientes del impacto medioambiental que se esconde detrás de sus pantallas. Según un estudio de 2020, la mayoría de los usuarios franceses se sienten poco informados sobre el tema(8)(9). Para la mayoría, enviar un correo electrónico o almacenar una foto en línea es un gesto inofensivo, "desmaterializado" y sin consecuencias.
La escuela tiene un papel clave que desempeñar en la deconstrucción de estas ideas preconcebidas. Es esencial explicar a los alumnos cómo funciona en la práctica la tecnología digital: los centros de datos y su consumo de electricidad, las redes y su huella de carbono, los metales raros en los componentes, etcétera. Son conceptos complejos que pueden abordarse gradualmente y de forma adaptada a cada nivel, desde primaria hasta bachillerato.
El reto es hacer visible y tangible este coste medioambiental, dando órdenes de magnitud significativos. Por ejemplo, explicando que un correo electrónico con un archivo adjunto de 1 MB emite 19 g de CO2, el equivalente a dejar una bombilla encendida durante 1 hora(10), o que una búsqueda en Internet tiene la misma huella de carbono que encender una bombilla incandescente durante 3 minutos. Son cifras impactantes que animan a la gente a cuestionarse sus propias prácticas.
Desarrollar las competencias de los ecociudadanos digitales
Pero no basta con sensibilizar. Las escuelas también deben dar a los alumnos los medios prácticos para pasar a la acción, desarrollando sus competencias como ecociudadanos digitales. El objetivo es inculcar desde la más tierna infancia los reflejos adecuados para utilizar las herramientas digitales con más moderación y sensatez.
Esto comienza con la adquisición de gestos ecológicos digitales cotidianos (11): apagar completamente los dispositivos en lugar de dejarlos en modo de espera, clasificar los correos electrónicos y los archivos para evitar el almacenamiento innecesario, desinstalar las aplicaciones que no se utilizan, optar por wifi en lugar de 4G o 5G, etc. Todos ellos son pequeños reflejos fáciles de adoptar que, en conjunto, pueden reducir significativamente nuestra huella medioambiental.
Además de los gestos individuales, también debemos desarrollar un enfoque más responsable de nuestras elecciones de consumo digital. Prefiera aparatos reacondicionados, ecodiseñados o etiquetados, opte por proveedores de servicios comprometidos con un enfoque verde (alojamientos web ecológicos, motores de búsqueda eco-responsables, etc.), haga que sus equipos duren el mayor tiempo posible, etc. Todos estos son reflejos que hay que anclar para orientar el mercado hacia ofertas más sostenibles.
Todas estas competencias deben integrarse en las distintas materias escolares, y no sólo en las clases de desarrollo sostenible o de tecnología. Utilizar la tecnología digital de forma responsable debe convertirse en una habilidad vital tan fundamental como el respeto a los demás y un enfoque crítico de la información. Esto es esencial si queremos formar ciudadanos digitales responsables y comprometidos.
Hacia un futuro digital sostenible y responsable
Repensar nuestros usos y tecnologías
Educar a los estudiantes sobre los retos medioambientales de la tecnología digital es un primer paso esencial. Pero para construir una sociedad digital verdaderamente sostenible, tenemos que replantearnos fundamentalmente nuestra relación con la tecnología. Esto significa cuestionar nuestros usos y modos de desarrollo actuales, que se basan en cada vez más y más rápido.
A nivel individual, adoptar un enfoque digital responsable empieza por un uso más razonado(12). Esto significa cuestionar la relevancia y la utilidad real de cada nuevo dispositivo y cada nueva aplicación que descargamos. Priorizar la calidad sobre la cantidad, la durabilidad sobre la obsolescencia. Tomarse el tiempo necesario para clasificar los datos en lugar de almacenarlo todo por defecto. Se trata de cambios profundos de mentalidad, que van en contra del mandato constante de consumir y renovarse.
Pero la responsabilidad no puede recaer únicamente en los individuos. También corresponde a las empresas digitales transformar su enfoque, situando el impacto medioambiental en el centro de su estrategia. Para ello, hay que ecodiseñar los equipos para que sean más eficientes desde el punto de vista energético, más duraderos y más fáciles de reciclar, desarrollar algoritmos y programas informáticos optimizados y cambiar los centros de datos a energías renovables. Todas estas son innovaciones tecnológicas que pueden aprovecharse para promover la sostenibilidad(13).
Un reto democrático y social
En última instancia, la cuestión de la sostenibilidad digital va más allá del ámbito tecnológico o medioambiental. Afecta a cuestiones democráticas y sociales mucho más amplias. En efecto, tras las promesas de emancipación y de progreso universal de la revolución digital se esconden los riesgos de fractura y de exclusión de los que no tienen acceso(14).
En un momento en que la huella ecológica de la tecnología digital se dispara, cerca del 40% de la población mundial sigue sin estar conectada(15). A esta fractura se suman las crecientes desigualdades en la exposición a la contaminación (minería, residuos electrónicos, etc.), concentradas en los países del Sur. En un momento en que la tecnología digital invade todas las esferas de la vida, no poder participar en ella se convierte en un poderoso factor de exclusión social y económica.
Por lo tanto, construir una sociedad digital responsable también significa garantizar que nadie se quede atrás. Esto significa pensar en la inclusión digital como un derecho fundamental. Significa poner en marcha políticas proactivas para equipar y formar a los grupos vulnerables, pero también significa cuestionar nuestros modelos de desarrollo tecnológico: en lugar de correr hacia un rendimiento y una funcionalidad cada vez mayores, tenemos que favorecer las innovaciones "low tech" que son más sencillas, más accesibles y más frugales.
Se trata de retos complejos que exigen que la sociedad en su conjunto tome conciencia de ellos y actúe. Las escuelas tienen un papel clave que desempeñar en la sensibilización de los ciudadanos del mañana. Pero más allá de eso, necesitamos definir colectivamente un verdadero proyecto político. Aprovechar el poder transformador de la tecnología digital para un futuro más sostenible e integrador.
En un punto de inflexión
La tecnología digital se encuentra en un momento crucial de su historia. Tras revolucionar nuestros estilos de vida e impulsar a nuestras sociedades hacia una nueva era, ahora se enfrenta a un reto existencial: el de su propia sostenibilidad. Los hechos son claros: tal y como están las cosas, el desarrollo desenfrenado de nuestros usos digitales nos está llevando directamente al paredón, con consecuencias medioambientales potencialmente devastadoras.
Ante esta realidad, la primera palanca de acción es la educación. Sensibilizando a los alumnos sobre los retos ecológicos que plantea la tecnología digital y dándoles las claves para adoptar un comportamiento más responsable, los centros escolares pueden desempeñar un papel decisivo en el cambio de rumbo. Pueden sentar las bases de una nueva cultura digital, en la que la conciencia del impacto ambiental sea tan fundamental como el uso de las herramientas.
Pero la responsabilidad no puede recaer únicamente en los individuos. Lo que hace falta es una transformación en profundidad de nuestro modelo digital. Esto requerirá una innovación tecnológica radical, desde centros de datos ecológicos hasta dispositivos ecodiseñados y algoritmos ecorresponsables. Pero también requiere un cambio de paradigma más global, que sitúe las cuestiones medioambientales y sociales en el centro mismo del desarrollo digital.
Construir un mundo digital sostenible e integrador es uno de los grandes retos del siglo XXI. Es un reto que nos concierne a todos, ciudadanos, empresas y responsables públicos por igual. Y exige una movilización y una creatividad sin precedentes para inventar nuevos modelos. La escuela será un actor clave de esta metamorfosis, porque es desde la más tierna infancia cuando se forjan la conciencia y el comportamiento.
Al hacer de la responsabilidad digital una prioridad educativa, estamos sentando las bases de un futuro en el que el progreso tecnológico vaya por fin de la mano del progreso medioambiental y humano. La clave de una revolución digital verdaderamente sostenible.
Ilustraciones: Generadas por AI - Flavien Albarras
Referencias
5-Centros de datos. Optimising data centre consumption for a greener digital world, [sin fecha].
Engie.com [en línea]. Disponible en: https:
//www.engie.com/activites/data-centers [consultado el 8 de septiembre de 2024].
6-Cómo el análisis del ciclo de vida de los dispositivos nos ayuda a comprender el impacto medioambiental de la tecnología digital, 2024.
ADICE [en línea]. Disponible en: https:
//adice.asso.fr/actualites/cooperation/projets-europeens/comment-lanalyse-du-cycle-de-vie-dun-appareil-nous-permet-de-comprendre-limpact-environnemental-du-numerique/ [Consultado el 8 de septiembre de 2024].
7-MAYER, Nathalie, [sin fecha]. ¡Los residuos electrónicos generados en un año podrían llenar una línea de camiones que rodeara la Tierra!
Futura [en línea]. Disponible en: https:
//www.futura-sciences.com/planete/actualites/pollution-dechets-electroniques-generes-an-pourraient-remplir-file-camions-encerclant-terre-81825/ [consultado el 8 de septiembre de 2024].
8-BERTRANDIAS, Laurent, ELGAAIED-GAMBIER, Leila y BERNARD, Yohan, 2021. Impact environnemental du numérique : les internautes peu enclins à changer leurs habitudes.
The Conversation [en línea]. 20 de septiembre de 2021. Disponible en: http:
//theconversation.com/impact-environnemental-du-numerique-les-internautes-peu-enclins-a-changer-leurs-habitudes-167543 [Consultado el 8 de septiembre de 2024].
9-ELGAAIED-GAMBIER, Leila, BERTRANDIAS, Laurent y BERNARD, Yohan, 2020. Cutting the Internet's Environmental Footprint: An Analysis of Consumers' Self-Attribution of Responsibility.
Journal of Interactive Marketing. 1 de mayo de 2020. Vol. 50, pp. 120-135. DOI
10.1016/j.intmar.2020.02.001.
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ttps:// www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S109499682030075X
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