"¡Señor, le he visto en Instagram este fin de semana!".
Esta pequeña frase, que se ha convertido en habitual en boca de los alumnos, dice mucho de la transformación que se está produciendo en la relación profesor-alumno. En la era de las redes sociales, la vida privada de los profesores nunca ha estado tan expuesta al escrutinio público. Basta un clic para acceder a sus fotos de vacaciones, sus desplantes políticos o sus bromas divertidas con los amigos.
Atrás quedaron los días en que los profesores podían compartimentar fácilmente sus vidas, poniéndose el traje de profesor en el aula y volviendo al statu quo una vez cruzado el umbral. Con la difusión de las herramientas digitales, desaparece toda una frontera simbólica entre la esfera profesional y la privada. Los alumnos nunca han estado tan cerca de sus profesores, para bien o para mal.
Aunque esta nueva proximidad puede humanizar la relación docente al revelar un rostro más auténtico del profesor, también conlleva sus riesgos. El riesgo de que un exceso de familiaridad socave la autoridad del profesor. El riesgo de exponer aspectos de la vida privada que no deberían compartirse con los alumnos. También existe el riesgo de ver empañada su imagen profesional por publicaciones personales que se consideren inapropiadas.
Ante esta confusión de puntos de referencia, los profesores se debaten entre el deseo de preservar su intimidad y la tentación de subirse a la ola 2.0 para conectar mejor con sus alumnos. Algunos optan por mantener sus perfiles lo más privados posible, aunque ello suponga privarse de presencia digital. Otros optan por la transparencia total, a riesgo de sobreexponerse. Otros optan por un uso diferenciado de las redes, manteniendo sus cuentas profesionales y personales estrictamente separadas.
Pero más allá de las estrategias individuales, es toda la profesión la que debe reposicionarse ante este nuevo desafío ético. ¿Qué postura debemos adoptar ante las solicitudes digitales de los estudiantes? ¿Hasta dónde debemos revelar nuestro jardín secreto sin perder credibilidad? ¿Cómo mantener la distancia relacional adecuada para garantizar una autoridad sana?
Una frontera público/privada cada vez más porosa
Antes de la era de las redes sociales, los profesores disfrutaban de una separación bastante clara entre su persona profesional y su vida como individuo fuera de los muros de la escuela. El aula era el teatro donde asumían su papel de educadores, con los códigos y la distancia necesarios(1). Una vez cumplido este papel, podían volver a ser "señor" o "señora", sin que sus alumnos tuvieran acceso a esta parte íntima de su existencia.
Pero desde la llegada de la web social, esta frontera antaño estanca se ha vuelto cada vez más porosa. Con unos pocos clics, cualquier alumno puede acceder a fragmentos de la vida extraescolar de su profesor. En Facebook, Instagram, Twitter o incluso LinkedIn, pueden descubrir sus instantáneas de vacaciones, sus favoritos culturales, su implicación en asociaciones o política, sus amistades o relaciones familiares... En definitiva, todo un ámbito de su vida personal. En resumen, todo un ámbito de su intimidad que antes se mantenía cuidadosamente alejado de los ojos de los estudiantes.
Esta mayor visibilidad de la esfera privada de los profesores cambia radicalmente la relación. Los alumnos tienen ahora una ventana abierta a la persona que hay detrás del profesor, con sus pasiones, opiniones y estilo de vida. Esta cercanía sin precedentes está repercutiendo en la forma en que perciben a sus profesores e interactúan con ellos.
Las redes sociales, una ventana al profesor como persona
Esta nueva transparencia en la vida de los profesores puede tener efectos positivos en la relación docente(2). Al mostrar su rostro "fuera del aula", más auténtico y cercano, las redes sociales ayudan a construir una relación diferente con los alumnos.
Atrás queda la imagen del profesor distante, todopoderoso y alejado de la realidad de sus alumnos. Al compartir sus gustos, aficiones y compromisos en las redes, los profesores demuestran que no son meros dispensadores de conocimientos, sino personas de pleno derecho, con su propia idiosincrasia y puntos en común con sus alumnos.
Esta "humanización" de la figura del profesor puede ser una palanca interesante para suscitar el interés, e incluso el apoyo, de los alumnos. Al comunicar sobre temas que les afectan, en formatos con los que están familiarizados, el profesor puede conseguir engancharles de otra manera, jugando con puntos fuertes más personales.
Por ejemplo, un profesor que comparta su pasión por el rap, el manga o los videojuegos parecerá sin duda más accesible y más creíble a los ojos de sus alumnos aficionados a la cultura juvenil. Al despojarse de la máscara de poseedor exclusivo de conocimientos y revelar sus dudas, sus enamoramientos, incluso sus dudas, puede aspirar a forjar una relación más rica y colaborativa.(3)
Los peligros de la hiperconexión profesor-alumno
Pero esta nueva forma de cercanía también conlleva su parte de riesgos y dificultades para los profesores.
Mi amigo profesor
El primer escollo es que demasiada familiaridad puede desdibujar los papeles y socavar el necesario respeto que se debe al profesor(4).
Cuando los alumnos tienen acceso a la vida privada de su profesor, puede existir una fuerte tentación de tratarle como a un "amigo", de sentirse con derecho a familiaridades no deseadas. "¡Eh, señor, bonitas fotos en la playa!", "Señora, me encanta su último post, estoy muerta"... Tantas pequeñas frases que, a fuerza de repetirse, mordisquean insidiosamente la distancia pedagógica.
Porque es la cuestión de la autoridad pedagógica la que está en juego(5). Es difícil afirmar plenamente tu autoridad frente a alumnos que vienen a husmear en tu vida privada, a comentar tus actos y a escrutar tus contactos sociales. Los profesores se ven potencialmente debilitados por lo que muestran en las redes, expuestos a juicios y burlas sobre aspectos de su vida que normalmente no son asunto de sus alumnos.
¿Qué me importa?
Otro riesgo importante es el de ver empañada la propia imagen profesional por publicaciones personales consideradas inapropiadas. Una fiesta de borrachera inmortalizada en Instagram, un chiste serio que gusta en Twitter, una postura política divisiva publicada en Facebook... Todo esto es "equipaje digital" que puede empañar la reputación de un profesor y perjudicar su trabajo(6).
En este entorno hiperconectado, los límites se difuminan y a veces los profesores se ven sorprendidos. Cuando un alumno le pide hacerse "amigo" en Facebook, ¿debe aceptar en nombre de la cercanía que reclama o negarse para preservar su jardín secreto? ¿Cómo disciplinar con firmeza a un alumno que se muestra demasiado familiar, cuando uno mismo ha abierto de par en par las puertas a su intimidad? Estos son sólo algunos de los dilemas a los que se enfrenta la comunidad educativa.
El reto de una presencia digital a la vez auténtica y controlada
Ante esta nueva relación que suponen las redes sociales, los profesores buscan respuestas a tientas y están divididos en cuanto a la postura que deben adoptar. ¿Deben jugar la carta de la transparencia sin tapujos para capitalizar los códigos de la generación 2.0? ¿O deben mantener su vida privada lo más reservada posible para que no se sepa nada que pueda interferir en su relación docente?
Entre la apertura total, con el riesgo de sobreexposición, y la compartimentación absoluta, con el riesgo de exclusión digital, el reto es encontrar el justo equilibrio. El objetivo es forjar un vínculo más auténtico con los alumnos sin caer en la trampa de la intimidad invasiva.
Para hacer frente a este reto, los profesores deben ante todo aprender a controlar su imagen en las redes. En lugar de someterse al desvelamiento de su vida privada, deben ser proactivos en la construcción de su identidad digital(7), lo que implica reflexionar sobre lo que quieren mostrar y lo que no, y sobre el mensaje que quieren transmitir a través de sus publicaciones.
Una de las claves es, sin duda, segmentar inteligentemente sus perfiles en función de su público. Algunos profesores optan por tener una cuenta de Facebook estrictamente personal, reservada a amigos y familiares, y un perfil más "profesional" en Twitter o Instagram, donde comparten contenidos relacionados con su profesión o sus áreas de interés.
Otros utilizan estrategias de filtrado de contenidos, afinando el acceso a sus publicaciones. Y otros optan por un cierto grado de exposición, al tiempo que establecen límites claros en sus intercambios con los estudiantes: sí a los comentarios amistosos en un post público, no a los exabruptos y a las "indirectas" intrusivas en los mensajes privados.
Las redes sociales, reveladoras de una relación educativa cambiante
Más allá de los ajustes individuales, las redes sociales actúan como un poderoso revelador de las transformaciones en curso en la relación profesor-alumno. Al trastocar las líneas divisorias entre lo público y lo privado, nos obligan a replantearnos por completo las modalidades de la relación educativa(8).
Con el fin de la clase magistral como formato único y el auge de métodos de enseñanza activos que fomentan la interacción, la horizontalidad de la web parece una prolongación lógica. La relación profesor-alumno ya no es un asunto vertical cara a cara, con el maestro encaramado a su pedestal, sino cada vez más una colaboración codo con codo, en la que cada uno aprende del otro.
En esta nueva configuración, el reto ya no consiste en mantener una posición dominante de autoridad, sino en encontrar la posición relacional adecuada para que el intercambio dé sus frutos. Ni demasiado cerca, para no perder toda credibilidad, ni demasiado lejos, para no romper la dinámica participativa. Es un equilibrio sutil que exige un nuevo tipo de legitimidad profesoral(9).
En efecto, la tecnología digital está provocando un profundo cambio en la profesión docente(10). En un mundo de conocimientos accesibles con sólo pulsar un botón, el profesor ya no es principalmente la persona que posee los conocimientos, sino la que ayuda a comprenderlos y aplicarlos. Es un papel más orientado al apoyo, el coaching y la inspiración que a la pura transmisión.
Esto plantea la cuestión de si las redes sociales no están haciendo inevitable que los profesores adopten un enfoque más transparente de la enseñanza, en el que su legitimidad se vea reforzada por su voluntad de revelar más sobre sí mismos(2), a menos que, por el contrario, estén reclamando una renovada ética de la prudencia y la distancia, con el fin de preservar un espacio seguro para la enseñanza.
Una cosa es cierta: las redes sociales están cambiando profundamente la forma en que los profesores se posicionan en relación con sus alumnos. Al difuminar las fronteras entre lo profesional y lo personal, nos obligan a reinventar la relación docente, estableciendo un delicado equilibrio entre proximidad y autoridad(11). También están actuando como un formidable estímulo para idear nuevas formas de aprendizaje, más orientadas hacia la colaboración y la participación.
Pero esta gran transformación no está exenta de tensiones y malestar en el seno de la comunidad educativa. Muchos profesores se sienten impotentes ante esta exigencia de transparencia, o incluso despojados de su legitimidad como expertos. Esto es tanto más cierto cuanto que, ante las dificultades en las relaciones, a veces es grande la tentación de replegarse en una posición de autoridad rígida.
Para hacer frente al reto que plantean las redes sociales, toda la profesión debe reflexionar colectivamente sobre su identidad y sus misiones. ¿Cómo podemos integrar con éxito los códigos de la tecnología digital en nuestras prácticas docentes sin abandonar nuestro papel de supervisores y comunicadores? ¿Qué ética profesional debe forjarse para este nuevo entorno? ¿Qué habilidades deben desarrollarse para inspirar confianza y respeto a pesar de la mayor exposición personal?
Éstas son sólo algunas de las preguntas que desafían a los profesores a reinventarse colectivamente, a aprovechar al máximo el potencial relacional de las redes sociales sin caer en sus defectos. Es un reto apasionante, en el centro de las cuestiones educativas de nuestro tiempo.
Ilustración: Generado por AI - Flavien Albarras
Referencias
1-BLANDIN, Bernard, 2004. La relation pédagogique à distance: que nous apprend Goffman? Distances et savoirs. 2004. Vol. 2, No. 2, pp. 357-381. DOI 10.3166/ds.2.357-381.
https:// shs-cairn-info.iepnomade-1.grenet.fr/revue-distances-et-savoirs-2004-2-page-357?lang=fr
2-DANINO, Philippe y LAVAL, Christian, 2009. Construire l'école transparente: Les conséquences de l'Espace Numérique de Travail sur le métier des enseignants, les conditions d'apprentissage et les rapports pédagogiques. L'Enseignement philosophique. 2009. Vol. 59, No. 5, pp. 36-54. DOI 10.3917/eph.595.0036.
https:// shs-cairn-info.iepnomade-2.grenet.fr/revue-l-enseignement-philosophique-2009-5-page-36?lang=fr
3-RÉZEAU, Joseph, 2002. Médiation, médiatisation et instruments d'enseignement: du triangle au " carré pédagogique ". ASp. la revue du GERAS. 1 de diciembre de 2002. No. 35-36, pp. 183-200. DOI 10.4000/asp.1656.
https:// journals-openedition-org.iepnomade-1.grenet.fr/asp/1656
4-GOUDESEUNE, Didier, 2024. Proximité, rigueur et sévérité dans l'authenticité de l'enseignant. Par temps clair [en línea]. 3 de enero de 2024. Disponible en: https: //partempsclair.substack.com/p/proximite-rigueur-et-severite-dans [Consultado el 29 de octubre de 2024].
5-L'usage des réseaux sociaux à l'école : enjeux et risques, 2022. L'Autonome de Solidarité Laïque [en línea]. Disponible en: https: //www.autonome-solidarite.fr/articles/lusage-des-reseaux-sociaux-a-lecole-interets-risques-et-obligations/ [Consultado el 29 de octubre de 2024].
6-Deontología y uso de las redes sociales digitales en la educación nacional - Ministerio de Educación Nacional
https:// www.education.gouv.fr/media/160173/download
7-BLANC, Charlotte, 2015. Identidad digital y redes sociales. En: MUTELET, Valérie y VASSEUR-LAMBRY, Fanny (eds.), Qui suis-je ? Dis-moi qui tu es : L'identification des différents aspects juridiques de l'identité [en línea]. Arras: Artois Presses Université. pp. 121-130. Derecho y economía. ISBN 978-2-84832-490-6. [Consultado el 29 de octubre de 2024].
https:// books-openedition-org.iepnomade-2.grenet.fr/apu/23598?lang=fr
8-PLATEAU, Jean-François, 2022. Pédagogie et réseaux sociaux à l'épreuve du confinement. Revue internationale des technologies en pédagogie universitaire / International Journal of Technologies in Higher Education. 2022. Vol. 19, No. 2, pp. 107-130. DOI 10.18162/ritpu-2022-v19n2-08.
https:// www-erudit-org.iepnomade-2.grenet.fr/fr/revues/ritpu/2022-v19-n2-ritpu06981/1088861ar/
9-La cuestión de la distancia justa en la relación educativa: un ajuste permanente entre deseo y prohibición. - Gérard Netter
http://w ww.gerardnetter.com/wa_files/la-question-de-la-bonne-distance.pdf
10-HAMON, Dany y GENEVOIS, Sylvain, 2017. Évolution du métier d'enseignant à l'ère numérique : des sources d'incertitude et des moyens de les réduire:Le cas des collèges " tout numérique " de Seine-Saint-Denis. Spirale - Revue de recherches en éducation. 2017. Vol. 60, No. 2, pp. 37-48. DOI 10.3917/spir.060.0037.
https:// shs-cairn-info.iepnomade-2.grenet.fr/revue-spirale-revue-de-recherches-en-education-2017-2-page-37?lang=fr
11-REYNAUD, Christian, 2007. Trois types d'autorité pour trois modes de relation pédagogique. Tréma. 1 mars 2007. No. 27, pp. 69-80. DOI 10.4000/trema.516.
https://journals-openedition-org.iepnomade-2.grenet.fr/trema/516?lang=en
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