En el corazón de la revolución digital que está transformando nuestra forma de vivir y de pensar, la inteligencia artificial (IA) se está convirtiendo en objeto de fascinación tanto como de preocupación. Mientras que sus proezas tecnológicas son admiradas, su efecto sobre nuestras capacidades cognitivas es objeto de una intensa controversia. Para algunos, la IA es culpable de hacernos intelectualmente perezosos, al disuadirnos del esfuerzo de pensar por nosotros mismos. Pero, ¿no corremos el riesgo de que este análisis, aunque pertinente, no sea acertado? ¿Y si, en lugar de ser la causa de nuestros males cognitivos, la IA fuera la reveladora?
Esta es la tesis que se propone explorar este artículo: la IA, lejos de atontarnos intrínsecamente, podría estar actuando como un espejo de aumento de defectos preexistentes en nuestra relación con el conocimiento y el aprendizaje. La dilación, el recurso a lo fácil, la falta de rigor... Tantos defectos que siempre hemos arrastrado con nosotros, pero que de repente la IA haría evidentes.
Así que, en lugar de rechazar de plano estas tecnologías, ¿no deberíamos aprovechar la oportunidad que nos brindan para tomar conciencia de nuestros propios defectos? Al recordarnos nuestras debilidades en el aprendizaje, la IA podría ser, paradójicamente, una saludable invitación a controlarnos y cuestionar a fondo nuestra postura cognitiva.
De acuerdo con la buena práctica filosófica, partiremos de nuestras experiencias más cotidianas y triviales de la IA y nos remontaremos hasta las raíces de nuestro malestar cognitivo. Luego, dando un paso atrás, reflexionaremos sobre las condiciones de un auténtico "conócete a ti mismo" en la era digital. Por último, esbozaremos cómo podría ser una ética del aprendizaje en la era de la IA, basada en un compromiso renovado con el yo. Al fin y al cabo, quizá aprendiendo a utilizar mejor la IA aprenderemos a hacerlo mejor sin ella.
La IA, espejo de nuestros malos hábitos cognitivos
La tentación de la facilidad
Empecemos por lo que, en nuestro uso cotidiano de la IA, puede ser sintomático de cierta relación con el conocimiento(1). El uso masivo y a menudo irreflexivo del copiar y pegar nos dará la primera pista. ¿Qué dice de nosotros esta propensión a duplicar mecánicamente los contenidos en lugar de reformularlos nosotros mismos? Pereza intelectual, sin duda. Una preferencia por el camino fácil, que nos libera del esfuerzo de pensar, componer y escribir. Copiar y pegar es el nuevo paradigma del aprendizaje, y el menor esfuerzo cognitivo es la clave. ¿Por qué molestarse en buscar algo uno mismo cuando unos pocos clics pueden producir un simulacro de conocimiento?
Por supuesto, se objetará que la tentación de tomar atajos cognitivos siempre ha existido, y que sería injusto culpar únicamente a la IA. Pero ahí radica precisamente su efecto revelador: al facilitar aún más las cosas, la IA pone de manifiesto con una claridad sin precedentes nuestra inclinación natural a la pereza intelectual. Ilumina con dureza esa parte de nosotros que se apresura a esquivar las dificultades, y al hacerlo nos recuerda nuestra propia cobardía cognitiva. Espejito, espejito, dime quién es el más perezoso...(2)
Una relación utilitarista con el conocimiento
Otro indicio de nuestro malestar cognitivo que la IA revela sin rodeos es nuestra relación cada vez más utilitarista con el conocimiento(3). En una época en la que toda la información está a unos pocos clics de distancia, el conocimiento tiende a convertirse en un bien de consumo como cualquier otro, adquirido y desechado en función de nuestras necesidades inmediatas. Aprender para aprobar un examen, obtener un diploma, impresionar en sociedad... Pero rara vez por el placer gratuito de saber y comprender. Con la IA, se impone un enfoque just-in-time, en el que el saber ya no es la acumulación paciente de conocimientos, sino la satisfacción inmediata de una necesidad efímera(4).
Una vez más, debemos tener cuidado de no culpar a la IA de nuestras propias carencias. Esta instrumentalización del conocimiento, esta sumisión del aprendizaje a motivos extrínsecos, no ha esperado a la aparición de los algoritmos. Pero al exacerbar esta tendencia, la IA nos obliga a afrontarla de frente. Pone de manifiesto nuestra dificultad para establecer una relación libre y desinteresada con el conocimiento y, al hacerlo, nos invita a replantearnos el sentido mismo que damos al acto de aprender. ¿Qué significa saber cuando el conocimiento se reduce a un conjunto de datos inmediatamente movilizables? ¿Qué es el conocimiento cuando el criterio último es el rendimiento y la rentabilidad?
Impaciencia cognitiva
El último síntoma de una postura cognitiva debilitada que la IA está sacando a la luz es nuestra creciente impaciencia, nuestra creciente intolerancia a la frustración intelectual. Acostumbrados a las respuestas inmediatas de los motores de búsqueda, cada vez toleramos menos el retraso, el ensayo y error y la incertidumbre inherentes a cualquier búsqueda genuina. Queremos conocimiento, de inmediato, sin tener que pasar por la molestia de cometer errores. Los algoritmos no nos han enseñado nada de la fecundidad del tiempo, del valor de la lenta maduración de las ideas.
Una vez más, la IA no crea impaciencia ex nihilo, sino que exacerba una tendencia fundamental de nuestras sociedades posmodernas. Este culto a la inmediatez, este tiránico reino de la urgencia, ya existía antes de la irrupción de las nuevas tecnologías(5). Pero al ofrecernos un acceso cada vez más rápido y fluido a la información, la IA contribuye a exacerbar nuestra sensación de derecho al conocimiento instantáneo. Nos recuerda nuestra creciente incapacidad para aplazar la satisfacción cognitiva, para dar crédito al tiempo. Y al hacerlo, nos alerta de los peligros de una postura epistémica dominada por el impulso y el capricho.
Hacia el autoconocimiento digital
La IA como escuela de lucidez
Por los propios prejuicios que induce en nuestra forma de aprender, la IA es un espejo de nuestras propias insuficiencias cognitivas. Pero siempre que estemos dispuestos a tomarnos en serio este espejo, puede convertirse en una herramienta extraordinaria para pensar con lucidez sobre nosotros mismos. Al mostrarnos lo fáciles que somos, lo utilitaristas que somos y lo impacientes que somos, la IA nos ofrece una oportunidad única para tomar conciencia de estos defectos y hacer algo al respecto. Nos invita a revisar nuestra forma de pensar y de aprender, nuestros prejuicios y nuestros puntos ciegos.
Para ello, sin embargo, tenemos que estar dispuestos a dejarnos cuestionar por lo que la IA revela sobre nosotros mismos. Sería tentador rechazar de plano estas tecnologías, con el pretexto de que nos atontarían y nos pervertirían. Pero eso sería pasar por alto el mensaje esencial que nos transmiten: que el origen de nuestros bloqueos cognitivos reside ante todo en nosotros mismos, en nuestra postura mental y nuestra relación con el conocimiento. En lugar de huir de este hecho inquietante, hagamos de la IA una escuela de lucidez, donde aprendamos a conocernos mejor para conocer mejor.
Redescubrir el gusto por el esfuerzo intelectual
El primer reto de este nuevo tipo de conocimiento de uno mismo es recuperar el gusto por el esfuerzo intelectual y el sentido de la dificultad. Frente a la tentación de la solución fácil que nos ofrece la inteligencia artificial, urge reafirmar el valor de la lentitud, del ensayo y error, de la fecundidad de los errores. Tenemos que volver a aprender la paciencia de la investigación, la humildad de la prueba y el error, y la alegría de superar los obstáculos. Redescubrir el sentido de la búsqueda intelectual como una aventura incierta, en la que el viaje es más importante que el resultado.
Y ahí radica la paradoja: quizá sea esforzándonos por resistirnos a las facilidades que nos ofrece la IA como mejor aprenderemos a utilizarla. Negándonos a convertirla en una muleta que nos libere de la necesidad de pensar, y utilizándola en cambio como estímulo para nuestros propios esfuerzos de investigación y comprensión. La IA como trampolín, no como prótesis; como punto de partida, no de llegada, de nuestro pensamiento. Depende de nosotros aprovecharla al máximo, utilizando estas herramientas como palanca para restaurar la primacía del proceso sobre el rendimiento, de la pregunta sobre la respuesta prefabricada.
Cultivar el discernimiento digital
Otro imperativo para una IA verdaderamente formativa es aprender a cuestionar críticamente los resultados que nos ofrece(6). Con demasiada frecuencia, tendemos a tomar al pie de la letra lo que nos dicen los algoritmos, sin cuestionar sus sesgos y puntos ciegos. Necesitamos urgentemente cultivar nuestro discernimiento digital, preguntándonos sistemáticamente de dónde procede la información propuesta, con qué criterios se ha seleccionado, qué deja en la oscuridad...(7)
Esto significa agudizar nuestra vigilancia epistémica, cruzando sistemáticamente las fuentes, volviendo a los documentos originales y cuestionando lo que está implícito. Pero también significa pensar críticamente sobre las clasificaciones y jerarquías producidas por los algoritmos. Lo que aparece en la parte superior de los resultados no es necesariamente lo más relevante ni lo más fiable. Nos toca a nosotros aprender a leer entre líneas las páginas de resultados, a descartar los sesgos de mercado, los efectos de popularidad, la lógica de las referencias, etc.
Hay mucho en juego: está en juego nuestra capacidad para seguir siendo dueños de nuestros criterios de verdad y pertinencia, en un momento en que los algoritmos tienden a ocupar su lugar subrepticiamente. Cuidado con el efecto "caja negra", que nos haría abdicar de nuestro juicio en favor de una máquina cuyo funcionamiento no comprendemos. Ese es el objetivo de una IA verdaderamente emancipadora: enseñarnos a retomar el control de las herramientas, en lugar de dejar que nos lo dicten.
Por una ética del aprendizaje en la era de la IA
Reafirmar nuestra autoridad cognitiva
Al final de este artículo, se perfila una dirección: la de una necesaria reafirmación de nuestra autoridad cognitiva frente a las sirenas de la IA(8). Si estas tecnologías ejercen una seducción tan poderosa, es porque encierran la promesa de un conocimiento sin esfuerzo y disponible al instante. Pero es precisamente contra esta tentación de rendirnos intelectualmente contra la que tenemos que luchar, reinvirtiendo plenamente nuestra responsabilidad como aprendices.
Esto significa recuperar activamente el control de nuestros procesos de aprendizaje, negándonos a delegarlos ciegamente en los algoritmos. Significa volver a ser los conductores de nuestra búsqueda de conocimiento, en lugar de dejarnos llevar pasivamente por el flujo de información. En resumen, reafirmarnos como sujetos activos del aprendizaje, en lugar de meros consumidores de contenidos predigeridos. La IA sólo será una verdadera herramienta de aprendizaje si aceptamos desempeñar plenamente nuestro papel en el enfrentamiento cognitivo que nos une a ella.
Cultivar una ecología atencional
Reafirmar nuestra autoridad cognitiva en la era de la IA significa también aprender a cultivar una auténtica ecología de la atención(9). Frente a la dispersión y la fragmentación inducidas por la interrupción permanente de notificaciones y solicitudes, es vital volver a aprender a habitar plenamente el largo tiempo que lleva pensar. Tenemos que redescubrir el sentido de la contemplación intelectual, de la atención profunda y sostenida que es la única manera de profundizar en nuestras ideas.
Esto significa reequilibrar nuestras inversiones atencionales, que con demasiada frecuencia son devoradas por las pantallas. Debemos aprender a sustraernos regularmente al flujo digital, a crear periodos de desconexión y silencio propicios al paciente desarrollo del conocimiento. Pero también debemos aprender a controlar mejor nuestro uso de Internet, cultivando modos de investigación más tranquilos y ponderados. Tomarnos el tiempo necesario para clasificar y seleccionar, en lugar de dejarnos abrumar por una profusión de información no jerarquizada. Alternar juiciosamente fases de recopilación exhaustiva con momentos de apropiación intensiva, para fundamentar mejor nuestro propio cuestionamiento.
Asumir la responsabilidad cognitiva
Por último, pero no por ello menos importante, si queremos utilizar la IA como una auténtica palanca de aprendizaje, debemos aceptar nuestra responsabilidad como sujeto que conoce y aprende. En un mundo complejo en el que el conocimiento evoluciona a una velocidad vertiginosa, ya no podemos contentarnos con ingerir pasivamente contenidos fijos. Debemos convertirnos en protagonistas de nuestro propio aprendizaje, comprometiéndonos decididamente en una dinámica de aprendizaje permanente.
Esto significa, ante todo, responsabilizarnos personalmente de la validez y pertinencia de los conocimientos que hacemos nuestros. No confiar ciegamente en los veredictos de los algoritmos, sino someterlos a la prueba de nuestro propio juicio crítico. Responsabilizarnos de nuestros conocimientos ante nosotros mismos y ante los demás, siendo capaces de justificarlos mediante una argumentación rigurosa. En definitiva, convertirnos en autores de pleno derecho y no en meros repetidores del pensamiento prestado.
Pero esta responsabilidad cognitiva es también una responsabilidad ética y política. En un mundo en el que la IA tiende a trazarnos un perfil en función de nuestras huellas digitales, es crucial recuperar el control de lo que mostramos sobre nuestros procesos de aprendizaje. No debemos dejar que los algoritmos diseñen nuestra identidad de aprendizaje por nosotros, sino hacer valer nuestras propias elecciones y prioridades de formación. En definitiva, primar el horizonte del desarrollo personal libremente consentido sobre la empleabilidad impuesta.
Crecer
En última instancia, quizá sea invitándonos a reflexionar sobre nosotros mismos como la IA podrá, paradójicamente, ayudarnos a crecer. No dándonos conocimientos o habilidades adicionales, sino enseñándonos humildad y lucidez. Humildad ante nuestros propios defectos cognitivos, tan crudamente revelados por el espejo digital. Lucidez sobre el trabajo que tenemos que hacer con nosotros mismos, para reinventar una relación verdaderamente emancipadora con el conocimiento. Así que, contrariamente a los temores de una IA que mecanizaría nuestras mentes, en realidad es un esfuerzo de humanización lo que nos invita a hacer. Al confrontarnos con nuestra extrañeza cognitiva, la IA bien podría ser el medio por el que los humanos volvamos a ser humanos por fin.
No nos equivoquemos: la IA sólo será un paso adelante en el conocimiento si es un paso adelante en el autoconocimiento. Mientras sigamos deplorando sus efectos nocivos sobre nuestras capacidades cognitivas, estaremos errando el tiro. Es esforzándonos por comprender lo que la IA revela sobre nuestros propios defectos y resistencias como podremos convertirla en una auténtica palanca de aprendizaje y desarrollo. A eso nos invitan esencialmente estas tecnologías: a cambiar nuestra forma de ver las cosas, a retomar con valentía el control de nuestro destino cognitivo.
Aprender a conocernos a nosotros mismos, deconstruyendo pacientemente los prejuicios que la IA saca a la luz. Aprender a pensar por nosotros mismos, negándonos a confiar perezosamente en las soluciones prefabricadas de los algoritmos. Aprender por uno mismo, cultivando una auténtica disciplina intelectual y de atención. Todos estos son retos que hay que afrontar con urgencia, para que nuestro encuentro con la IA no sea de alienación, sino de emancipación cognitiva redescubierta.
Depende de nosotros estar a la altura de las crecientes exigencias que nos plantea la IA, para demostrar que se equivocan quienes la consideran el sepulturero del pensamiento. ¿Y si, en última instancia, la verdadera inteligencia artificial fuera la que supimos despertar en nosotros mismos, gracias a esta confrontación cara a cara con nuestros artificios?
Ilustración: Generated by AI - Flavien Albarras
Referencias
1."La IA es una órtesis que puede aumentar el poder humano", 2024. [en línea]. Disponible en: https: //edtechactu.com/plate-formes-lms/lia-est-une-orthese-pouvant-augmenter-le-pouvoir-humain/ [consultado el 29 de noviembre de 2024].
2 "¿Nos hará perezosos la IA? Revue Gestion HEC Montréal, [sin fecha]. [en línea]. Disponible en: https: //www.revuegestion.ca/l-ia-nous-rendra-t-elle-paresseux [Consultado el 29 de noviembre de 2024].
3(3) L'intelligence artificielle face à l'utilitarisme moderne | LinkedIn, [sin fecha]. [en línea]. Disponible en: https: //www.linkedin.com/pulse/lintelligence-artificielle-face-%C3%A0-lutilitarisme-rodouane-ali-mokbel/ [Consultado el 29 de noviembre de 2024].
4 Nicole Aubert: "Nos sociétés ont créé des individus à flux tendus" [Sin fecha]. [en línea]. Disponible en: https: //www.lemonde.fr/tant-de-temps/article/2017/01/06/nicole-aubert-nos-societes-ont-cree-des-individus-a-flux-tendus_5058551_4598196.html [Consultado el 29 de noviembre de 2024].
5."¡Rápidamente! Les nouvelles tyrannies de l'immédiat ou l'urgence de ralentir" de Jonathan Curiel - IREF Europe - Contrepoints, [sin fecha]. [en línea]. Disponible en: https: //www.contrepoints.org/2020/08/04/377501-vite-les-nouvelles-tyrannies-de-limmediat-ou-lurgence-de-ralentir-de-jonathan-curiel [Consultado el 29 de noviembre de 2024].
6 L'esprit Critique : Une Compétence Clé à Cultiver à L'ère De L'AI, [sin fecha]. [en línea]. Disponible en: https: //www.myconnecting.fr/articles/esprit-critique-competence-cle-ia/ [consultado el 29 de noviembre de 2024].
7 L'éducation aux médias (EMI) face aux défis du numérique | vie-publique.fr, [sin fecha]. [en línea]. Disponible en: https: //www.vie-publique.fr/eclairage/274092-leducation-aux-medias-emi-face-aux-defis-du-numerique [consultado el 29 de noviembre de 2024].
8 Salvar nuestros cerebros en la era de la inteligencia artificial | Les Echos, [sin fecha]. [en línea]. Disponible en: https: //www.lesechos.fr/tech-medias/intelligence-artificielle/sauvons-nos-cerveaux-a-lere-de-lintelligence-artificielle-137385 [Consultado el 29 de noviembre de 2024].
9 CITTON, Yves, 2014. Pour une écologie de l'attention [en línea]. Le Seuil. ISBN 978-2-02-118142-5. [Consultado el 29 de noviembre de 2024].
https:// shs.cairn.info/pour-une-ecologie-de-l-attention--9782021181425?lang=fr
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