Nuestra propensión a adoptar sesgos, "prejuicios", se basa en una propiedad de las semejanzas: algo parecido a otra cosa tiene más probabilidades de compartir sus características. El efecto es acelerar el razonamiento sin tener que analizar y observar un gran conjunto de parámetros que, en principio, ya se conocen. Esta propiedad la explota evidentemente la inteligencia artificial: primero reconoció los gatos, luego las razas de gatos, después el comportamiento de los gatos... La I.A. puede ahora reconocer mucho más, acompañada de sesgos derivados de nuestro comportamiento observado y, afortunadamente, de salvaguardias.
Así que los sesgos sirven como atajos o conclusiones que evitan tener que volver a activar el juicio, una operación más costosa en tiempo y recursos. Pero a veces surgen incoherencias y tenemos que enfrentarnos a ellas, lo que se percibe como un inconveniente, un obstáculo que naturalmente intentamos evitar. Las personas y los sistemas íntegros tienen esto en cuenta, pero a menudo tienen que elegir entre la integridad de sus valores y la aprobación del grupo que tiene la llave de su supervivencia. En muchos casos, el grupo es el elegido y el sesgo se adopta en masa, y la democracia electoral no hace nada por cambiarlo. Un sesgo puede convertirse en sistémico.
En términos de conocimiento, las rejillas de análisis pueden considerarse sesgos documentados. Las rejillas sirven de base para cuerpos organizados de conocimiento. Una misma realidad puede incluirse en una rejilla "económica", "política liberal", "de salud pública" o "deportiva", o en una rejilla religiosa o filosófica, cada vez con conclusiones diferentes. Sin duda existe una jerarquía de sistemas de interpretación, unos más beneficiosos que otros, y otros más eficaces en función de ciertos parámetros como el bien común o el poder personal.
Los sesgos nos acompañan, a veces son prácticos, nos evitan tener que cuestionarnos, pero también pueden ser perjudiciales si no se observan sus consecuencias, se ocultan o se minimizan. Aprender a gestionar los prejuicios -los nuestros y los de nuestro entorno- forma parte desde hace tiempo del mandato de las escuelas públicas, y la importancia del tema ha crecido con la llegada de la Inteligencia Artificial. Esta edición nos invita a asumir el reto de gestionar los prejuicios.
Denys Lamontagne - [email protected]
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