Publicado el 19 de marzo de 2019Actualizado el 25 de febrero de 2026
Mentira y bazofia: ¿cómo contraatacar?
¿Cómo comunicar frente a la indiferencia ante la verdad y la mentira?
Gilipolleces... No faltan traducciones para evocar la "mierda" analizada por el sociólogo Harry Frankfurt y, más recientemente, por Sebastián Diéguez. Indiferente a las categorías de "verdadero" y "falso", y más sensible a la emoción, la sinceridad y el compromiso, esta forma de comunicación representa un problema. Pero ¿cómo defenderse cuando la refutación apenas araña la superficie de esta "basura"?
Cuando la verdad ya no es un criterio
Harry Frankfurt lleva analizando la mentira desde 2005, en una obra muy breve titulada De l'art de dire des conneries (El arte de decir mentiras ), escrita veinte años antes sin intención de publicarla. Su estudio demuestra que las categorías de mentira y verdad son poco relevantes para quienes practican la mentira.
No tiene sentido negar o demostrar el error de la mentira. Mientras que el mentiroso sólo puede actuar si existe una verdad, y si la gente cree que sus afirmaciones son ciertas, al embustero le es indiferente esta cuestión de la verdad. Para Harry Frankfurt, ¡esto es lo que le hace aún más peligroso!
"Un mundo de mentiras responsables es quizá más seguro que un mundo de mentiras irresponsables, en el que nadie se toma la molestia de medir sus palabras engañosas con sus consecuencias".
El autor da ejemplos de afirmaciones vacías, como que "el cambio es inevitable" o que "la situación está mejorando", pero a un nivel tan general que es imposible confirmarlas o desmentirlas.
Diez años después de la publicación de L'art de dire des conneries (El arte de decir gilipolleces ) y más de treinta años después de su redacción, Internet ha ampliado enormemente la producción, distribución e impacto de las "gilipolleces". Ante esta avalancha, algunos hacen todo lo posible por ofrecer explicaciones y correcciones más o menos molestas. En vano... o casi. La sinceridad, la indignación y la emoción son vectores de apoyo mucho más fuertes que la demostración lógica o científica.
"Hablar con determinación, persuasión, sinceridad y autenticidad tiene prioridad sobre la exactitud de lo que se dice. Lo que me habla, lo que me parece verdadero, es mi verdad".
Sébastien DIEGUEZ
Como los autores no se preocupan por la verdad ni por la coherencia, los esfuerzos por refutarlos son inútiles, incluso contraproducentes. Si se les cuestiona, es la prueba de que molestan. Y si molestan, es porque han puesto el dedo en un escándalo, un motivo para indignarse o denunciar.
El humor como antídoto
Si refutar es imposible y esgrimir argumentos es contraproducente, ¿qué se puede hacer? ¿Debemos cruzarnos de brazos y esperar que la avalancha de las redes sociales se lleve por delante las tonterías? Sebastian DIEGUEZ, autor de Total bullshit, sugiere otra vía: el humor y la burla.
Las personas que difunden información falsa y descabellada suelen buscar reconocimiento. Algunos disfrutan con la sensación de poder que da difundir infundios. Las reacciones serias no hacen sino aumentar la visibilidad y dar importancia a las personas que las crean y retransmiten.
Por otra parte, al ridiculizar ciertas afirmaciones y hacerlas parecer ridículas, se ataca el poder de seducción de los infomerciales. Entre las motivaciones de quienes los difunden está la de sentirse por encima de los demás, la de darse la imagen positiva de alguien que no es crédulo y que sabe perfectamente que le están mintiendo. El humor es más eficaz para sacudir esta autoimagen que las refutaciones de personas que estarían a la defensiva.
La cuenta de YouTube "la tronche en biais" utiliza el humor y la puesta en escena para promover la zetética, o curiosidad. El personaje que nos habla se parece a los científicos locos de las películas populares y los cómics, pero el contenido es preciso y pretende hacernos más exigentes intelectualmente.
El personaje científico, ayudado por una fregona antisistema, arroja luz sobre los sesgos cognitivos que nos incitan a creer informaciones falsas. Estos vídeos forman parte de una iniciativa más amplia del sitio web"la menace théoriste", que utiliza el humor y la polémica para desacreditar teorías que carecen de base científica.
Ante afirmaciones que ya no tienen nada que ver con la verdad, de poco sirven las respuestas contundentes, las explicaciones pacientes y las burlas humillantes. El humor sin sarcasmo, acompañado o no de explicaciones detalladas, evita al menos malgastar energías en invectivas estériles.
Esta técnica no es nueva. Publicado en 1864, El arte de tener siempre razón, de Arthur Schopenhauer, desmonta jubilosamente todas las técnicas retóricas utilizadas para argumentar en el vacío. Más recientemente, en 2014, Nicolas Tenaillon publicó L'art d'avoir toujours raison (sans peine), en el que nos da 40 estratagemas para clavar a tus interlocutores.
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