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Publicado el 19 de febrero de 2025 Actualizado el 19 de febrero de 2025

Educar a la gente sobre la robótica

Un imperativo para una ciudadanía ilustrada en la era de las máquinas inteligentes

"¿Seremos pronto todos sustituidos por robots?"; "¿Amenazan los robots nuestros puestos de trabajo... y nuestra humanidad?".

Estas preguntas, antaño reservadas a la ciencia ficción, invaden ahora los titulares de los medios de comunicación y las conversaciones cotidianas. La robótica, durante mucho tiempo confinada a fábricas y laboratorios, se está abriendo paso en todos los rincones de nuestras vidas. Desde aspiradoras hasta drones de reparto y asistentes de voz, nuestras vidas están cada vez más gobernadas y facilitadas por estas máquinas autónomas con capacidades cada vez mejores.

Aunque esta domesticación acelerada de la robótica promete beneficios considerables, también plantea una serie de cuestiones sociales, éticas e incluso antropológicas. ¿Qué cambios se producirán en la convivencia a largo plazo con robots que se han vuelto "inteligentes", dotados de capacidad de decisión y de una forma de autonomía? ¿Cómo cambiarán las cartas en nuestra relación con el trabajo, la educación y la salud? ¿Hasta dónde puede llegar la aceptabilidad social y jurídica de estos nuevos "compañeros mecánicos"? En última instancia, ¿esta "robolución" en curso no replanteará fundamentalmente la naturaleza de lo que nos hace humanos?

Ante la "robotización" de nuestras sociedades y los numerosos retos que conlleva, parece urgente una aculturación colectiva a los desafíos de la robótica. Lejos de limitarse a los círculos de expertos, estas tecnologías deben ser realmente adoptadas por el público en general. Todo el mundo debe ser capaz de comprender el funcionamiento y las implicaciones de estas máquinas inteligentes que están configurando nuestro destino común, para poder comprenderlas mejor en lugar de estar sometidos a ellas. En resumen, urge desarrollar una cultura de la robótica en la sociedad, como complemento de los cursos de formación profesional.

Este artículo está dedicado a esbozar este nuevo campo de la educación robótica. Se trata de explorar los objetivos, los métodos y las problemáticas que plantea, desde un enfoque decididamente transdisciplinario. Se trata de mostrar cómo la educación en robótica , considerada como un nuevo componente de la cultura general del siglo XXI, podría contribuir al surgimiento de ciudadanos ilustrados y críticos ante el auge de los robots. Antes de aventurarnos a esbozar un plan de estudios para esta "roboticidad", desde la escuela hasta la formación continua.

La robótica, un hecho social total que reexamina nuestra relación con el mundo

De la ficción a la realidad: la robótica en nuestra vida cotidiana

Fantaseados durante mucho tiempo en forma de criaturas antropomórficas en las historias de ciencia ficción, desde Frankenstein hasta los androides de Asimov, los robots han abandonado ahora los reinos de la fantasía para convertirse en una parte muy real de nuestra vida cotidiana. Aspiradoras autónomas, drones de reparto, robots de telepresencia, asistentes de voz, vehículos autónomos, exoesqueletos de rehabilitación, robots quirúrgicos, compañeros emocionales... La lista de máquinas autónomas e inteligentes que pululan por nuestras vidas no deja de crecer. Antaño confinados a las cadenas de montaje industriales, los robots se están adueñando de nuestros hogares, oficinas, hospitales y calles(1).

No contentos con instalarse en nuestro paisaje familiar, los robots son cada vez más "amigables", humanizándose en sus formas y comportamientos. Lucen caras amables, hablan con voces cálidas, reaccionan con tacto y de forma apropiada y aprenden de sus errores. En resumen, consiguen que nos olvidemos de nosotros mismos como máquinas y tejen una relación casi intuitiva con nosotros. Esta creciente "facilidad de uso" de los robots, apoyada por el deslumbrante progreso de la inteligencia artificial, está acelerando su adopción por el gran público. Hemos entrado en la era de la "cobótica": la era de la colaboración estrecha y cotidiana entre humanos y máquinas autónomas(2).

Un vuelco en nuestra relación hombre-máquina: ¿hacia una "robolución" de la sociedad?

La proliferación de robots en nuestro entorno vital y laboral no sólo está alterando nuestros usos y costumbres. Hasta ahora, una "gran división" cartesiana separaba al hombre, dotado de interioridad, intencionalidad y emociones, de las máquinas, objetos inertes y puramente funcionales que utilizamos y controlamos. Los robots "inteligentes", capaces de autonomía, adaptación e incluso empatía, están difuminando esta tranquilizadora frontera.

El auge de los robots sociales y emocionales, que prometen convertirse en nuestros asistentes, terapeutas o compañeros de cuidados, está alimentando interacciones hombre-máquina cada vez más ricas, complejas y personalizadas(4)(5). Estamos llegando a atribuir características casi humanas a estas máquinas, como ilustran los fenómenos de apego muy reales que despiertan los robots Nao o Pepper.

De simples herramientas, los robots se están convirtiendo en interlocutores de pleno derecho, desafiando nuestros esquemas habituales de interpretación. Esta confusión creciente entre el hombre y la máquina, unida al espectro de la autonomía total de los robots, alimenta temores existenciales, brillantemente cristalizados en el escenario catastrofista de la "Singularidad Tecnológica"(6). Todos estos mundos imaginarios configuran a su vez las representaciones colectivas de la robótica.

Más allá de estas cuestiones antropológicas, la llegada de los robots a nuestra vida cotidiana plantea una serie de problemas sociales. La automatización robótica está llamada a transformar radicalmente el mercado laboral, incluso en las profesiones cualificadas, amenazando muchos puestos de trabajo(7).

La generalización de los robots asistenciales plantea la cuestión de cómo deben evolucionar nuestros sistemas sanitarios y médico-sociales, y cómo deben financiarse. Los algoritmos de toma de decisiones que gobiernan los robots cuestionan nuestro concepto de responsabilidad y nuestros marcos jurídicos. El creciente papel que desempeñan las máquinas autónomas en nuestras vidas también nos lleva a replantearnos nuestras nociones de ética, privacidad y libre albedrío. La robótica constituye así un hecho social verdaderamente total, que reconfigura poderosamente nuestra forma de vivir juntos.

La necesidad de una aculturación colectiva ante los retos de la robótica

Ante esta "robolución" en curso y los numerosos interrogantes que plantea, educar a los ciudadanos sobre los retos de la robótica es un imperativo democrático. Con demasiada frecuencia, la robótica sigue considerándose un asunto de especialistas, lo que da lugar a fantasías y temores irracionales. Ha llegado el momento de volver a situar estas tecnologías en el ámbito del debate y la acción públicos. Todo el mundo debe tener acceso a una comprensión básica de cómo funcionan los robots, cómo se utilizan y cuáles son sus límites. Para que podamos asumirlos como objeto de debate y elección colectiva, más allá del mero prisma de la aceptabilidad.

La educación tiene aquí un papel fundamental para desarrollar una auténtica "alfabetización robótica", una base común de conocimientos y competencias para todos los ciudadanos del siglo XXI. Mucho más que un mero barniz técnico, se trata de deconstruir mitos, agudizar el pensamiento crítico y la imaginación y alimentar la reflexión ética y política. En resumen, se trata de forjar una auténtica cultura robótica para la sociedad, distinta del enfoque puramente instrumental y comercial. Se trata de una misión de interés general que exige la movilización coordinada de todos los agentes de la educación, con un enfoque decididamente abierto e interdisciplinario(8).

Los objetivos de la educación robótica: hacia una ciudadanía ilustrada

Comprender el funcionamiento de los robots: alfabetización robótica

El primer paso para comprender los retos sociales de la robótica es entender cómo funcionan los propios robots. ¿Para qué sirven estas máquinas? ¿De qué son técnicamente capaces y qué podemos esperar de ellos? ¿Cuáles son los principios fundamentales que rigen su comportamiento? Se trata de un conjunto de conocimientos básicos que constituyen la base de una "alfabetización robótica" esencial si queremos evolucionar con sensatez en un mundo poblado de entidades autónomas.

En el centro de esta aculturación, la inteligencia artificial que da vida a los robots merece especial atención.

  • ¿Qué hay detrás de este término comodín y cuáles son los distintos enfoques?
  • ¿Qué distingue la inteligencia "débil" (especializada en una tarea) de la inteligencia "fuerte" (multitarea)?
  • ¿Cuáles son los principios fundamentales del aprendizaje automático y sus derivados?

Explorar estos conceptos, aunque sea de forma accesible, es importante para comprender la naturaleza de los robots "inteligentes". Y para evitar un antropomorfismo abusivo que les atribuya intenciones, emociones o capacidades de razonamiento iguales a las nuestras.(8)

La enseñanza de la robótica también debe explicar los demás componentes tecnológicos fundamentales que rigen el comportamiento de los robots. Hay que diseccionar y desmitificar conceptos como los sensores, los algoritmos de toma de decisiones, los actuadores y las interfaces hombre-máquina.

El reto es proporcionar a todos las claves para entender el "razonamiento" robótico, sus puntos fuertes y sus limitaciones. Equipados de este modo, los ciudadanos podrán comprender la mecánica que subyace a las interacciones con estas máquinas autónomas, en un espíritu de transparencia.

Comprender los retos sociales de la robótica: ética, derecho, empleo, etc.

Más allá de estos conocimientos técnicos básicos, la enseñanza de la robótica debe centrarse también en la comprensión de los retos sociales que plantea el despliegue masivo de robots. ¿Qué cambios están provocando estas tecnologías en los principales ámbitos de la vida comunitaria, como el trabajo, la sanidad, el transporte y la educación? ¿Qué cuestiones filosóficas y éticas plantean? ¿Qué cambios exigen en nuestros marcos jurídicos y de seguros?

El primer interrogante que no puede pasarse por alto es el impacto de los robots en el empleo y la naturaleza del trabajo. ¿Cómo está reconfigurando la automatización robótica los puestos de trabajo, redistribuyendo las competencias y transformando las organizaciones? ¿Debemos temer la "destrucción creativa" que predicen algunos estudios prospectivos, o más bien contar con la aparición de nuevas fuentes de empleo? ¿Cómo regular los algoritmos que rigen hoy los procesos industriales, la logística y la contratación? Estas son sólo algunas de las cuestiones que hay que descifrar para preparar a los ciudadanos-trabajadores a interactuar con sus futuros colegas robóticos.

Los robots inteligentes también están poniendo patas arriba la asistencia sanitaria y la vida independiente. ¿Cómo debemos plantearnos la relación entre los cuidados humanos y la asistencia robótica junto a la cama de pacientes o personas frágiles? ¿Cómo deben compartirse las tareas con máquinas capaces de monitorizar, estimular, reconfortar e incluso conversar? ¿Qué salvaguardias éticas y jurídicas deben establecerse para evitar la recogida masiva de datos sanitarios por parte de robots? Ante el auge de los robots "emocionales", ¿cómo mantener un enfoque de la asistencia centrado en la relación intersubjetiva? La enseñanza de la robótica debería permitirnos tomar distancia con respecto a estas cuestiones tan delicadas.

De hecho, la reflexión ética atraviesa como un hilo conductor todos los campos de aplicación de la robótica. ¿Serán capaces los robots automovilísticos de tomar decisiones morales en caso de accidente? ¿Cómo garantizar que los robots militares y policiales respeten el Derecho internacional? ¿Qué límites deben imponerse a los robots supervisores y educativos para preservar el libre albedrío y la privacidad? ¿Podemos delegar en las máquinas el cuidado de nuestro planeta o la educación de nuestros hijos? El auge de los robots plantea profundos interrogantes sobre nuestros valores y principios éticos, que exigen un esfuerzo colectivo para actualizarlos.

Este esfuerzo también debe centrarse en el derecho, que está siendo puesto patas arriba por la creciente autonomía de los robots. ¿Cómo replantearse los conceptos de culpa e indemnización en la era de los robots que "aprenden"? ¿Cómo regular el intercambio de datos y la violación de la intimidad? ¿Qué estatuto jurídico debe darse a los robots casi autónomos: propiedad, sujeto de derecho, personalidad "robótica"? ¿Deberían formalizarse los "derechos de los robots" o incluso una "declaración universal"? Estas son sólo algunas de las cuestiones jurídicas que la educación en robótica puede poner sobre la mesa para ayudarnos a encontrar respuestas colectivas.

Desarrollar una visión crítica del lugar de los robots: deconstruir ideas imaginarias

Para contribuir a una "robociudadanía" ilustrada, la educación en robótica también debe centrarse en descodificar las imágenes imaginarias que rodean a estas tecnologías. En efecto, lejos de ser neutros, los robots cristalizan una multitud de representaciones sociales, alimentadas por la literatura y el cine, que provocan en gran medida ansiedad(9). De Frankenstein a Terminator, el mito del robot que se rebela y aplasta a su creador domina la mente de las personas, redoblado por la perspectiva de la "Singularidad". A la inversa, la visión utópica del robot como salvador de la humanidad, que libera a los humanos de la monotonía del trabajo y los eleva espiritualmente, también tiñe el debate.

En lugar de aferrarnos a estas fantasías binarias, es importante aprender a deconstruir las imágenes imaginarias de la robótica utilizando las herramientas de las ciencias sociales. Debemos comprender cómo estas imágenes forman parte de una larga serie de mitologías e historias sobre criaturas artificiales, que se remontan a la Antigüedad. O comprender cómo estas representaciones influyen a su vez en la forma en que se conciben y perciben los robots reales, en un proceso de "fabricación de lo real". Un conocimiento crítico de este tipo es esencial si queremos alejarnos de los discursos caricaturescos y adquirir una visión distanciada del lugar que ocupan los robots.

A continuación, el análisis debe ampliarse al papel de los robots en los imaginarios sociotécnicos contemporáneos. ¿Cómo cristalizan estas tecnologías ciertos temores colectivos, vinculados a la tecnología autónoma, a la pérdida de control y a la disolución de las fronteras entre el hombre y la máquina? ¿De qué manera encarna el robot un determinado proyecto de sociedad tecnicista y racionalista? ¿Cómo lo moviliza el transhumanismo en sus sueños de aumentar e incluso superar lo humano? Un enfoque sociológico de estas cuestiones es inestimable para resituar el auge de los robots en sus raíces ideológicas y culturales.

Así pues, la educación robótica debe forjar en los ciudadanos una vigilancia crítica con respecto a las profecías, utopías y distopías que rodean la "robolución". Se trata de rastrear los sesgos editoriales, los efectos de encuadre y los prejuicios que configuran nuestra percepción de los robots, para devolver la racionalidad al debate. Se trata de examinar el modo en que las autoridades públicas, y también los fabricantes, movilizan estas imaginaciones para orientar la aceptabilidad social de las innovaciones robóticas. Dar un paso atrás es un requisito previo para reapropiarse democráticamente del destino de unas tecnologías tan poderosas como ambivalentes.

Prepararse para interactuar con robots: ¿hacia una "sociedad robótica"?

Deconstruir los mitos sobre los robots es una cosa, pero aprender a interactuar con ellos en el día a día es otra muy distinta. En un momento en que estas máquinas se están estableciendo como compañeras en nuestras esferas profesional y doméstica, la educación en "robótica" se perfila como un requisito previo para la vida en sociedad. El objetivo es desarrollar las habilidades prácticas necesarias para cooperar eficaz y pacíficamente con estas entidades autónomas.

Esto empieza por aprender a comunicarse de un modo adaptado a las características específicas de los robots. Descodificar sus modos de interacción (vocal, táctil, gestual), domar los tiempos de latencia, formular peticiones inequívocas, gestionar los malentendidos y los equívocos... Éstas son sólo algunas de las nuevas "comodidades" que hay que adquirir para hacer más fluido el diálogo hombre-máquina(10). El dominio de las interfaces de control y programación que permiten supervisar y parametrizar con precisión el comportamiento de los robots también forma parte del bagaje del cobot perfecto.

Más allá de estos aspectos técnicos, la enseñanza de la robótica también debe preparar a los estudiantes para gestionar las dimensiones emocionales y sociales de las interacciones con los robots. Esto significa comprender su influencia en las emociones y comportamientos humanos, para poder regularlos mejor. Aprender a calibrar la "valencia emocional" positiva (confort, estimulación) o negativa (estrés, dependencia) de cada situación de copresencia. O saber poner límites relacionales, para evitar un apego excesivo a las máquinas, sobre todo en el caso de personas vulnerables. Se trata de un delicado juego de equilibrios, necesario para construir una "familiaridad razonada" con nuestros asistentes robóticos(11).

Por último, esta intimidad bien entendida con los robots implica clarificar nuestra postura moral sobre su lugar deseable en nuestras vidas. ¿Hasta qué punto debemos aceptar delegar en las máquinas las tareas relacionales, educativas y creativas que nos definen como humanos? ¿Qué límites debemos trazar con la aumentación para preservar nuestra autonomía como sujetos? ¿Cuáles son los límites éticos de compartir nuestros datos personales?

Estas decisiones son cruciales si queremos regular hasta qué punto colaboramos con los robots, de forma coherente con nuestros valores. De este modo, podremos vivir como sujetos, no como objetos, de nuestro futuro como "robo-ciudadanos".

Enfoques pedagógicos de la enseñanza de la robótica

Más que una formación técnica: un enfoque humanista de la robótica

La enseñanza de la robótica no puede reducirse únicamente a la transmisión de competencias técnicas. Por supuesto, el dominio de conocimientos informáticos (programación, inteligencia artificial) o mecánicos (mecatrónica, sistemas empotrados) es un requisito previo para diseñar e interactuar con robots. Pero más allá de estos aspectos prácticos, es importante desarrollar un enfoque humanista y cívico de estas tecnologías.

Esto significa situar el conocimiento de la robótica en el contexto de una reflexión sobre el sentido y la finalidad de la vida.

  • el sentido y los objetivos del progreso técnico;(12)
  • cuestionar la compatibilidad de la automatización con nuestros valores de emancipación y justicia social;
  • abrir el debate sobre las consecuencias de la creciente delegación del trabajo, los cuidados y la toma de decisiones en las inteligencias artificiales;
  • anclar la robótica en una visión de la tecnología como un "pharmakon", un veneno y un remedio, exigiendo un esfuerzo continuo de regulación democrática.

En resumen, reintegrar estos artefactos en el proyecto de una sociedad más humana.

Este enfoque exige también una amplia movilización de las contribuciones de las ciencias humanas y sociales para arrojar luz sobre los retos que plantea la robótica.

  • La filosofía y la ética son recursos valiosos para evaluar el estatus moral de los robots o debatir una "roboética".
  • La psicología es necesaria para considerar el efecto de las máquinas inteligentes en el desarrollo cognitivo y emocional.
  • Las ciencias de la educación y la comunicación arrojan luz sobre los retos didácticos de la "roboformación".
  • La economía y la sociología nos ayudan a comprender los efectos de los robots en el trabajo, la protección social y las pautas de consumo.

Todas estas perspectivas son esenciales si queremos formar técnicos y ciudadanos con visiones agudas y complementarias de los robots.

Anclar el aprendizaje en la experiencia real: manipular, experimentar, cocrear

Para despertar el interés y el compromiso de los alumnos, la enseñanza de la robótica debe basarse en la experiencia práctica. En lugar de una forma incorpórea y abstracta de aprendizaje, el punto de partida deben ser los usos concretos de los robots, tal y como se observan en entornos de vida y de trabajo. Se trata de poner a los robots en situaciones y probarlos por uno mismo, para conocer de primera mano los problemas que plantea su diseño y su interacción con los humanos.

Manejar robots reales o simulados es, por tanto, una poderosa herramienta educativa. Ya se trate de construir y programar un robot seguidor de líneas, configurar un robot receptor o analizar el comportamiento de una aspiradora autónoma, la confrontación directa con la robótica es insustituible. Nos permite probar en la práctica las posibilidades y los límites de estas máquinas, lidiar con cuestiones de fiabilidad y aceptabilidad, y comprender mejor las cuestiones éticas implicadas. El aprendizaje experimental puede adoptar la forma de trabajos prácticos, retos y hackathones que fomenten el desarrollo iterativo y colectivo.

Con el mismo espíritu, los enfoques de codiseño, que reúnen a legos y expertos, son una forma estimulante de enseñar. Trabajar juntos para imaginar los robots del futuro, esbozar nuevos escenarios para la interacción humano-robot, crear prototipos de soluciones robóticas a problemas concretos... Estos enfoques de tipo "laboratorio viviente" implican a los alumnos en una reflexión prospectiva y creativa sobre la robótica. Les animan a comparar puntos de vista, expresar sus expectativas y temores, y redactar colectivamente salvaguardias para el desarrollo responsable e integrador de estas tecnologías. Todas estas son situaciones de la vida real que ayudan a las personas a apropiarse de las cuestiones que rodean a la robótica.

Cruzar perspectivas disciplinarias: la contribución de las Ciencias de la Información y la Comunicación (CCI), la psicología, la filosofía, etc.

Otro requisito previo para una educación fructífera en robótica es cruzar enfoques disciplinarios para captar la complejidad de estos objetos "fronterizos". Además de los conocimientos tecnológicos (informáticos o mecánicos), es esencial recurrir a los conocimientos complementarios de las ciencias humanas y sociales. Esta perspectiva transversal es la clave para comprender la robótica en todas sus dimensiones y pensar en su integración armoniosa en la sociedad(13).

Las Ciencias de la Información y de la Comunicación (CCI) aportan valiosas herramientas de análisis para descifrar las mediaciones sociales y simbólicas de los robots. Al verlos como "objetos comunicantes", dotados de habilidades relacionales y de una "presencia" social, arrojan luz sobre las nuevas formas de interacción y cooperación hombre-máquina(14). Sus herramientas críticas también revelan cómo estas tecnologías perforan modelos (económicos, políticos) e imaginarios, que a su vez conforman sus modos de apropiación. Se trata de una perspectiva comunicativa inestimable para entender la robótica como hecho y artefacto social.

La psicología y las ciencias cognitivas no se quedan atrás a la hora de reflexionar sobre el impacto de los robots en el desarrollo mental. Muestran cómo las interacciones repetidas con estas máquinas "inteligentes" modifican nuestros mecanismos de aprendizaje, nuestros sesgos de razonamiento y nuestra percepción de los objetos técnicos(15). Señalan los riesgos de debilitar las capacidades de atención, memoria, abstracción y regulación emocional mediante una estimulación robótica omnipresente. Estos efectos exigen vigilancia a la hora de exponer a los niños a juguetes robóticos. Sus trabajos también arrojan luz sobre el potencial de los robots para desarrollar determinadas competencias (espaciales, creativas, colaborativas), lo que abre vías educativas por explorar(16).

En un plano más filosófico y ético, la robótica replantea nuestros conceptos de identidad, conciencia y libre albedrío de una forma sin precedentes(17)(18) Al imitar las capacidades humanas con cada vez mayor detalle, los robots difuminan las fronteras tradicionales entre lo vivo y lo inanimado, lo natural y lo artificial, lo autónomo y lo automático. Están reabriendo las viejas cuestiones de la naturaleza de la mente, la singularidad de lo humano y la agentividad de los objetos.

¿Podemos dotar a los robots de una forma de responsabilidad, o incluso de personalidad jurídica? ¿Deberíamos conferirles derechos, reflejando una declaración de "derechos humanos en un mundo de robots inteligentes"? La reflexión filosófica, informada por la ética de la tecnología, es fundamental aquí si queremos sopesar adecuadamente los trastornos antropológicos que los robots traen consigo.

Por último, la sociología y la economía proporcionan las claves para comprender los cambios sociales asociados a la difusión de los robots. Sus análisis descifran la redistribución de tareas, competencias y estatus que genera la automatización del trabajo. Destacan las cuestiones de justicia social que plantea la sustitución de determinados empleos y la creciente polarización entre empleos poco cualificados y muy cualificados. Desvelan los riesgos de acentuar las desigualdades en el acceso a la salud, la movilidad y la formación como consecuencia de la "robodivisión" entre poblaciones. Se trata de reflexiones esenciales para la regulación política de las tecnologías robóticas en aras del interés público.

Debatir los retos de la robótica: las virtudes de la controversia

En última instancia, el enfoque más prometedor para educar a la gente sobre los robots es sin duda el del debate y la controversia. Frente a tecnologías tan potentes como arriesgadas, sólo la organización de una amplia deliberación colectiva puede aportar respuestas democráticas e ilustradas. Se trata de llevar las cuestiones políticas y éticas planteadas por la "robolución" a la arena pública, tanto en las escuelas como en la comunidad en general. Es necesario confrontar los puntos de vista sobre este "mundo robotizado" en construcción, con el fin de esbozar un destino colectivo para estas máquinas.

Esta apuesta por la controversia como palanca de apropiación ciudadana puede adoptar múltiples formas. Debates públicos, conferencias de consenso, sondeos deliberativos, talleres de escenarios, consultas en línea o jurados ciudadanos: no faltan herramientas para crear las condiciones de una auténtica deliberación. Las escuelas y universidades, así como los museos, centros de cultura científica, fab labs, living labs y centros comunitarios, son lugares ideales para desplegar estas iniciativas. Al reunir la experiencia de los especialistas en robótica, las ciencias sociales y el público no especializado, abren un espacio para la problematización colectiva de las cuestiones que rodean a la robótica.

El reto consiste en traducir el lenguaje técnico de los expertos para llegar al público no especializado, y liberar sus voces para que se pronuncien sobre temas que aún se consideran patrimonio de los entendidos. La mejor forma de apoyar el debate es a través de juegos de rol inmersivos, que permitan experimentar de primera mano el impacto de las opciones tecnológicas en la vida cotidiana. Formatos innovadores como el teatro participativo, los juegos de rol, la ficción interactiva y los talleres de codiseño estimulan la implicación de los participantes. Les permiten explorar por sí mismos las zonas grises y de fricción, y confrontar sus valores e imaginaciones con la lógica de la robotización.

La controversia tiene una gran virtud: permite que las preguntas prevalezcan sobre las respuestas prefabricadas, y fomenta la duda y los matices frente a las promesas tecnológicas inequívocas. Al aclarar la diversidad de puntos de vista y la complejidad de las cuestiones en juego, protege contra la tentación de "soluciones" unívocas, milagrosas o liberticidas. Rehabilita el debate, la prueba y el error y el compromiso como únicas brújulas legítimas ante lo desconocido. Todas estas son cualidades del pensamiento que la educación en robótica debe cultivar incansablemente, para formar una ciudadanía a la altura de los retos que plantean estas tecnologías "disruptivas".

Esquema de un plan de estudios de robótica para toda la vida

En la escuela: incluir la robótica en lecciones y proyectos interdisciplinares

El primer lugar obvio para introducir la enseñanza de la robótica es la escuela, desde una edad muy temprana. Ante unos alumnos que nacen en un mundo poblado por objetos inteligentes, es fundamental sentar las bases de una cultura robótica desde una edad muy temprana. No a través de una enseñanza específica, sino infundiendo estas cuestiones en las asignaturas y proyectos existentes, con un enfoque decididamente transversal.

La tecnología y la ciencia, por supuesto, pero también el francés, la historia-geografía y la filosofía tienen todo el derecho a abordar los retos sociotécnicos de los robots. Descifrar la imaginación literaria y cinematográfica de las criaturas artificiales, comprender sus motivaciones antropológicas, analizar las cuestiones geopolíticas en torno a la automatización, reflexionar sobre la ética de las máquinas... Todas ellas son disciplinas complementarias igualmente necesarias para construir una comprensión sistémica de la robótica.

Más allá de las aulas, la interdisciplinariedad también puede adoptar la forma de proyectos de colaboración que combinen la experiencia práctica y la reflexión crítica. Diseñar y programar un robot para resolver un problema local, explorar un escenario de ciencia ficción que cuestione la cohabitación del hombre y el robot, montar una exposición sobre la historia de los autómatas... Al reunir enfoques creativos, experimentales y reflexivos, estas iniciativas dan cuerpo a las cuestiones que rodean a la robótica y animan a los alumnos a implicarse. Se beneficiarían de la participación de colaboradores externos (científicos, artistas, asociaciones) para abrir la escuela a la "vida real" de los robots.

He aquí algunas ideas de secuencias pedagógicas "robocéntricas":

  • En primaria: descubrir los principios básicos de la codificación y el pensamiento computacional utilizando robots programables lúdicos (Thymio, Beebot). Conocer la diversidad de robots mediante salidas (museos de ciencia, empresas) y encuentros con profesionales.

  • En secundaria: comprender los conceptos de algoritmos e inteligencia artificial a través de experiencias prácticas (talleres de programación en Python o Scratch). Reflexionar sobre los empleos del mañana y el impacto de la automatización. Descifrar los estereotipos de género asociados a los robots.

  • En secundaria: analizar las implicaciones filosóficas (naturaleza de la mente y la conciencia), sociales (brecha digital, relación con el trabajo) y geopolíticas (carrera mundial hacia la IA) de la robotización. Participar en debates y controversias.

El reto consiste en difundir, desde la escuela, un método de enseñanza que combine la cultura técnica con las cuestiones sociales de la robótica. El objetivo es formar futuros ciudadanos capaces tanto de comprender como de cuestionar estas tecnologías, llamadas a aumentar nuestras capacidades y nuestra vida cotidiana.

En la enseñanza superior: cursos especializados pero abiertos a las cuestiones sociales

En la enseñanza superior, la formación en robótica tiene un lugar natural en los cursos especializados que forman a los futuros profesionales del sector. Escuelas de ingeniería, másteres en informática y robótica, licenciaturas en mecatrónica... Estos cursos especializados deberían proporcionar todos los elementos científicos y técnicos necesarios para diseñar y programar máquinas inteligentes. Pero más allá de estos fundamentos esenciales, se beneficiarían de la incorporación de una sólida formación sobre los retos "sociales" de estas tecnologías.

Esto implica ya cursos dedicados a los aspectos jurídicos, éticos, económicos y sociales que acompañan al desarrollo de la robótica. ¿Cuál es el marco jurídico y de seguros de los vehículos autónomos? ¿Cómo evitar los sesgos en los algoritmos de aprendizaje? ¿Cómo proteger los datos personales captados por los robots? ¿Qué modelos económicos y ecosistemas de innovación son necesarios para una robótica integradora? Al proporcionar a los estudiantes una base en las ciencias exactas, les estamos preparando para desarrollar un enfoque reflexivo y responsable de sus actividades futuras.

Los planes de estudios híbridos que combinan ciencias de la ingeniería y ciencias sociales son una forma prometedora de forjar estos perfiles "compredisciplinares". Dobles licenciaturas (informática y sociología, por ejemplo), másteres que combinan mecatrónica y derecho, proyectos de colaboración SHS/ciencias, etc. Estas formaciones en "Y" permiten un verdadero diálogo interdisciplinario, en el que la tecnología alimenta la reflexión sobre las personas y viceversa. Forman "ciudadanos-ingenieros", capaces de pensar en los robots no como un fin en sí mismos, sino como un medio para un proyecto social compartido.

Además de estos cursos especializados, todos los estudiantes, sea cual sea su campo, deberían recibir una introducción a los retos de la robótica. En forma de cursos introductorios, seminarios o MOOC, estos módulos transversales les proporcionarían una comprensión básica de los conceptos clave (aprendizaje automático, interacción hombre-robot) y una toma de conciencia de las cuestiones sociotécnicas que plantean. Esta es la aculturación básica que resulta esencial si queremos navegar conscientemente en un mundo de máquinas inteligentes... y potencialmente cruzarnos con ellas en nuestra vida profesional.

También sería valioso aumentar el número de proyectos estudiantiles interdisciplinarios relacionados con la robótica. Hackathons que reúnan a ingenieros, diseñadores, juristas y sociólogos para abordar retos robóticos, coworking en laboratorios Fab para crear prototipos de soluciones, estudios de impacto realizados con asociaciones, etc. Al combinar un enfoque experimental y perspectivas interdisciplinares, estas iniciativas "prácticas" están creando las competencias colaborativas y creativas necesarias en las profesiones del futuro. Sobre todo, contribuyen a anclar la robótica en un verdadero diálogo entre ciencia y sociedad.

En la vida adulta: reinventar la educación popular en robótica

Además de la formación inicial, la educación en robótica también debe impregnar la vida adulta, a través de la formación continua y la educación popular. En un momento en el que la transformación digital está reorganizando la baraja en términos de profesiones y competencias, la "actualización" en robótica se está convirtiendo en una cuestión clave en términos de empleabilidad para muchos trabajadores. Los módulos de formación específicos deben permitir a los profesionales comprender el impacto de la automatización en su sector, comprender los avances tecnológicos y desarrollar su capacidad para trabajar con cobots. Este reto es tanto más acuciante cuanto que el aumento de las competencias en robótica determinará en gran medida la resistencia de los empleos a medio plazo.

El sector de la formación profesional tiene aquí un papel clave que desempeñar, ofreciendo cursos adaptados a la diversidad de necesidades y grupos destinatarios. Trabajando en estrecha colaboración con sectores profesionales y empresas, pueden crear cursos "a medida", combinando conocimientos técnicos (programación, mantenimiento) y competencias transversales (resolución de problemas, cooperación entre humanos y robots). El uso de tecnologías inmersivas (realidad virtual/aumentada) abre posibilidades sin precedentes para el juego de roles y el aprendizaje experimental, lo más cerca posible de los entornos de trabajo robóticos. El reto consiste en democratizar el acceso a estos cursos de formación, utilizando formatos modulares, de aprendizaje a distancia y de certificación (insignias, bloques de competencias), que son palancas decisivas para la "flexiguridad robótica".

Fuera del ámbito profesional, también es importante reinventar la educación popular en robótica, para apoyar a todos los ciudadanos en la actual "robolución" de la sociedad. Las asociaciones, los espacios digitales públicos, los fab labs y las microfolies constituyen una valiosa red de recursos locales para desarrollar iniciativas de divulgación adaptadas a todas las edades. Talleres de deconstrucción de representaciones, cafés robot, laboratorios de vida ciudadana, debates en línea... Hay que inventar toda una serie de formatos que permitan a todos explorar estas tecnologías y las cuestiones que plantean.

La clave está en crear las condiciones para un aprendizaje activo, colaborativo y participativo, basado en las preguntas y experiencias de cada uno. Por ejemplo, invitando a los ciudadanos a probar un robot y recabando sus opiniones, antes de debatir colectivamente sus ventajas y limitaciones. O implicándoles desde la fase de diseño de proyectos de robótica que respondan a necesidades sociales identificadas (tutoría, asistencia a personas aisladas, etc.). Aprovechando de este modo los conocimientos de los usuarios "legos", sentamos las bases de una interacción más integradora y ética entre humanos y robots.

En cuanto al contenido, esta educación popular debe ser crítica y emancipadora. Se trata de deconstruir ideas preconcebidas, descubrir los prejuicios y las relaciones de poder que hay detrás de los dispositivos robóticos. Entender quién diseña los algoritmos, con qué propósito y con qué consecuencias sociales. Explorar las zonas grises y las controversias en lugar de afirmar verdades inequívocas. En resumen, proporcionar a los ciudadanos las herramientas prácticas que necesitan para influir en las decisiones tecnológicas que conforman su vida cotidiana y su futuro. Se trata de un reto democrático vital que exige la movilización de todos los mediadores del conocimiento.

Para las personas mayores: domar a los robots para envejecer mejor

Por último, la educación en robótica es especialmente importante para las personas mayores, que se ven directamente afectadas por el despliegue masivo de tecnologías de asistencia. Robots de asistencia a la movilidad, acompañantes emocionales, asistentes de control médico a distancia... Estos dispositivos "envejecen bien" están llamados a proliferar a medida que las personas envejecen y pierden su independencia. Aunque pueden ser una ayuda inestimable, estos robots plantean una serie de cuestiones específicas que deben abordarse de antemano con las personas mayores.

La primera es la aceptabilidad de estas máquinas inteligentes en la esfera íntima del hogar y el cuerpo. ¿Cómo domar este "cuerpo extraño" tecnológico sin vivirlo como una intrusión o una prótesis deshumanizadora? Hay que ayudar a las personas mayores a familiarizarse poco a poco con su asistente robótico, comprendiendo tanto sus funciones como sus limitaciones. Los talleres prácticos pueden ayudarles a manejar el robot, personalizarlo (ponerle un nombre, elegir una voz) y aprender los reflejos de control y seguridad adecuados. El reto es construir una relación de confianza y una sensación de control, que son las palancas del consentimiento libre e informado.

Además, es importante que las personas mayores puedan ejercer plenamente su capacidad de reflexión sobre el impacto del compañero robótico en sus vidas. ¿Me siento seguro, apoyado o, por el contrario, vigilado y dependiente? ¿Qué efecto tiene en mis relaciones con mis cuidadores? ¿Cómo cambia la relación con mi cuerpo y la imagen que tengo de mí mismo? Los grupos de debate entre iguales pueden ser una forma útil de estimular esta retroalimentación y ajustar la forma de vivir con la máquina.

De cara al futuro, también debemos reflexionar sobre el lugar adecuado que deben ocupar estos robots en el cuidado de las personas mayores. Debemos guardarnos de ceder a un solucionismo tecnológico que ve en la máquina una cura milagrosa para el aislamiento y la dependencia. Los robots nunca sustituirán la presencia humana, el contacto físico y la estimulación psicosocial que proporcionan los profesionales de la asistencia y los familiares.

Por eso, educar a las personas mayores en la robótica significa también animarles a seguir controlando y criticando la asistencia que reciben. Y ver el robot como una más de las muchas formas de lograr un envejecimiento activo, creativo y solidario, con el mundo de los vivos al alcance de la mano.

A nuestro servicio

En un momento en que la robótica se inmiscuye en los más pequeños intersticios de nuestras vidas, urge asumir colectivamente las cuestiones que plantea. Una educación en robótica, concebida como un nuevo componente de la cultura general del siglo XXI, podría contribuir a ello. ¿Qué está en juego? Permitir que todos los ciudadanos se conviertan en actores ilustrados y críticos de esta "robolución" en curso, de modo que puedan conservar el control sobre las herramientas que configuran nuestro futuro común. Se trata de un reto social que exige una acción coordinada del sistema educativo, el mundo de la investigación y la sociedad civil.

Lejos de una visión tecnófila o tecnofóbica, esta educación en robótica debe desarrollar en cada uno una "mentalidad robótica" que combine la comprensión técnica con el cuestionamiento ético. Se trata de adquirir una base de conocimientos y reflejos para interactuar sabiamente con las máquinas inteligentes que pueblan nuestros entornos. Pero también la capacidad de problematizar sus usos y de debatirlos colectivamente, para que formen parte de un auténtico proyecto social. Se trata de un exigente proceso de aculturación, que debe desplegarse a lo largo de toda la vida, combinando los conocimientos académicos con las prácticas cotidianas.

Desde la escuela, esto significa infundir una cultura de la robótica en todas las disciplinas y proyectos, cultivando la interdisciplinariedad entre las ciencias y las humanidades. En la enseñanza superior, hay que formar ingenieros con mentalidad cívica mediante planes de estudios "Y" que combinen tecnología y cuestiones sociales. En la vida adulta, reinventar la educación popular emancipadora, desde los fab labs a los terceros lugares. Y para la tercera edad, domesticar los robots del "envejecer bien" con vistas a la emancipación. Se trata de un vasto proyecto de colaboración que exige políticas públicas proactivas de apoyo a las iniciativas de base.

Esperamos que la educación en robótica contribuya a convertirnos en actores, y no en meros espectadores, de un futuro tecnológico incierto. Ante el auge de máquinas que imitan cada vez más nuestras capacidades, necesitamos reafirmar urgentemente lo que nos hace singularmente humanos: la conciencia reflexiva que nos impulsa a cuestionarnos constantemente nuestro futuro. Esto da un nuevo sentido al viejo dicho: "La ciencia sin conciencia no es más que la ruina del alma".

Para concluir, debemos ante todo invitar a los lectores a proseguir sus propias reflexiones, más allá de cualquier receta única. Porque es aprendiendo colectivamente a cuestionar las tecnologías, a debatir sus objetivos, a crear prototipos de usos creativos para ellas, como daremos vida al espíritu crítico que nuestras sociedades robotizadas tanto necesitan. Fuera la "robolución" que hemos tenido que soportar, y dentro la robótica que se debate acaloradamente, se modifica con orgullo y se manipula con alegría. Nada será mayor garantía de progreso que una educación que ponga la tecnología a prueba de nuestra humanidad.

Ilustración: Generado por la IA - Flavien Albarras


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