Una cita que oía a menudo en mi infancia era de Nicolas Boileau:
"Apresúrate despacio; y, sin desfallecer, repasa veinte veces tu trabajo: púlelo sin cesar y vuélvalo a pulir; añade a veces, y borra a menudo".
La práctica, clave de la excelencia
Un esquiador alpino desciende la misma pendiente docenas de veces para perfeccionar su carrera antes de una prueba decisiva. Del mismo modo, un estudiante relee sus apuntes y practica las preguntas para aprobar su examen. En ambos mundos, la práctica es la columna vertebral del éxito. Existe un vínculo esencial entre lo que se aprende en la teoría y lo que se consigue en la realidad. Ofrece una triple ventaja
- comprobar que nuestros conocimientos son sólidos
- poner a prueba nuestra comprensión
- nos permite progresar corrigiendo nuestros puntos débiles.
Esta lógica va mucho más allá del deporte. Un músico ensaya una pieza para emocionar a su público, un ingeniero simula un puente para garantizar su estabilidad: para destacar en cualquier campo, la práctica es esencial.
Para convertir el aprendizaje en la escuela en una búsqueda de la excelencia comparable a la de un campeón, necesitamos adoptar la mentalidad de un campeón: rigor, progresión, apoyo.
1. La práctica: una palanca para aprender y destacar
La práctica es una herramienta tan vital para un estudiante como para un deportista de alto nivel.
- El primer paso es comprobar que lo que sabes funciona. Un jugador de baloncesto prueba un nuevo lanzamiento en un partido de entrenamiento, igual que un estudiante aplica una ley física en un problema para asegurarse de que "funciona". John Dewey, en Experiencia y educación, defendía esta idea: el conocimiento adquiere todo su sentido cuando experimentamos con él.
- La segunda secuencia pone a prueba la comprensión. Un músico que falla un compás comprende dónde tiene que mejorar, igual que un estudiante que suspende una pregunta de biología identifica sus defectos. Por último, permite mejorar. La repetición, como un corredor que afina su zancada o un estudiante que perfecciona una redacción, elimina errores y consolida habilidades. Anders Ericsson, en Peak, llama a esto práctica deliberada, un método universal para alcanzar la pericia.
Ejemplo: un alumno que practica ecuaciones acaba resolviéndolas sin vacilar, igual que un pintor ajusta sus colores a base de ensayos repetidos. En la escuela, la práctica transforma los conceptos abstractos en conocimientos prácticos tangibles, una palanca esencial para aspirar a la excelencia, ya sea en el aula, en el campo o en el taller.
2. ¿Cómo entrenarse como un campeón? Las etapas de la práctica
Los campeones no improvisan: siguen un camino estructurado que los alumnos pueden imitar.
- Primera etapa: pequeños pasos y simulación. Un corredor empieza con distancias modestas antes de un ultra-trail, igual que un estudiante empieza con ejercicios sencillos de vocabulario antes de un texto complejo. David Kolb, en Experiential Learning, demuestra que el aprendizaje se basa en experiencias progresivas.
- Segunda etapa: complejidad gradual. Un pianista pasa de melodías básicas a fugas elaboradas, un estudiante progresa de preguntas cortas a análisis detallados.
- Por último, entran en juego el entrenamiento y el intercambio: un entrenador guía a un gimnasta, un profesor a un alumno y el intercambio con los compañeros afina el pensamiento. Albert Bandura, en Autoeficacia, subraya la importancia de la visualización: imaginar el éxito -un oral o un salto- aumenta la confianza.
En la escuela, esto se traduce en que el alumno pasa de pruebas rápidas a proyectos ambiciosos, apoyado por un profesor. La repetición afianza el conocimiento, la visualización prepara para la acción. Estos pasos forman un camino de la teoría a la realidad, equipando a los alumnos para rendir, tanto si aspiran a un diploma como a un escenario o una profesión.
3. La práctica en la escuela: un potencial infraexplotado
Algunos profesores siguen limitándose a escribir textos incompletos para "implicar" a sus alumnos. Esto está muy lejos de la práctica o de los juegos de rol.
Otros incorporan formas de práctica: ejercicios regulares, prácticas, juegos de rol. Estos enfoques permiten poner en práctica los conocimientos. Pero, como señala Education at a Glance de la OCDE, la práctica suele quedar al margen, eclipsada por una pedagogía centrada en la teoría y los cursos tradicionales.
Los contrastes son reveladores. Los cursos de formación profesional capacitan a los alumnos para reparar máquinas o codificar programas informáticos, mientras que los programas artísticos hacen hincapié en los ensayos para obras de teatro o recitales. En cambio, en los cursos generales, la práctica se limita con demasiada frecuencia a deberes formateados o exámenes estandarizados. ¿Qué pasaría si una lección de historia se convirtiera en una simulación diplomática? ¿O una lección de ciencias un reto de ingeniería? Estas ideas, aún poco extendidas, podrían revolucionar el aprendizaje.
Para inculcar una mentalidad de campeones, las escuelas deben hacer de la práctica una prioridad diaria. Proyectos creativos, talleres prácticos, juegos de rol: estas experiencias preparan a los alumnos para "actuar" en contextos exigentes, como un deportista antes de una final. Al convertirse en rutina, la práctica puede transformar la educación en un trampolín hacia la excelencia, al igual que el deporte o las artes.
4. Hacia una mentalidad de campeón: un reto para todos los campos
La práctica es el denominador común de la excelencia, sea cual sea el campo. Un cirujano practica con modelos antes de una operación, un actor ensaya sus líneas para cautivar, un estudiante prepara un debate para persuadir: todos se basan en la práctica para triunfar. Estos caminos comparten los mismos pilares: disciplina, adaptación tras el fracaso, entrenamiento, preparación mental... que Mihaly Csikszentmihalyi explora en Flow como las claves de un rendimiento óptimo.
Los resultados hablan por sí solos: los profesionales que ensayan, como los ingenieros que prueban diseños, los profesores que simulan lecciones, etc., superan a los que se duermen en los laureles. En la escuela, un alumno que practica la argumentación o la aritmética adquiere más soltura y confianza, preparado para retos mayores. Esta mentalidad de campeón no está reservada a la élite: está al alcance de todos, en cuanto uno se compromete a practicar intencionadamente.
Las escuelas, las familias y los alumnos deben estar a la altura de este reto. Hacer de la práctica un reflejo, rodearse de mentores y aspirar a la mejora continua: ése es el camino. Practicar se convierte en una puerta de acceso a la excelencia, un estado mental que conduce al éxito en los estudios, el deporte, las artes y la vida profesional.
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