Superar la violencia mediante la educación
Integremos la violencia, sus causas y consecuencias en los actos educativos en lugar de negarla.
Publicado el 26 de marzo de 2025 Actualizado el 26 de marzo de 2025
Una cita que oía a menudo en mi infancia era de Nicolas Boileau:
"Apresúrate despacio; y, sin desfallecer, repasa veinte veces tu trabajo: púlelo sin cesar y vuélvalo a pulir; añade a veces, y borra a menudo".
Un esquiador alpino desciende la misma pendiente docenas de veces para perfeccionar su carrera antes de una prueba decisiva. Del mismo modo, un estudiante relee sus apuntes y practica las preguntas para aprobar su examen. En ambos mundos, la práctica es la columna vertebral del éxito. Existe un vínculo esencial entre lo que se aprende en la teoría y lo que se consigue en la realidad. Ofrece una triple ventaja
Esta lógica va mucho más allá del deporte. Un músico ensaya una pieza para emocionar a su público, un ingeniero simula un puente para garantizar su estabilidad: para destacar en cualquier campo, la práctica es esencial.
Para convertir el aprendizaje en la escuela en una búsqueda de la excelencia comparable a la de un campeón, necesitamos adoptar la mentalidad de un campeón: rigor, progresión, apoyo.
La práctica es una herramienta tan vital para un estudiante como para un deportista de alto nivel.
Los campeones no improvisan: siguen un camino estructurado que los alumnos pueden imitar.
En la escuela, esto se traduce en que el alumno pasa de pruebas rápidas a proyectos ambiciosos, apoyado por un profesor. La repetición afianza el conocimiento, la visualización prepara para la acción. Estos pasos forman un camino de la teoría a la realidad, equipando a los alumnos para rendir, tanto si aspiran a un diploma como a un escenario o una profesión.
Algunos profesores siguen limitándose a escribir textos incompletos para "implicar" a sus alumnos. Esto está muy lejos de la práctica o de los juegos de rol.
Otros incorporan formas de práctica: ejercicios regulares, prácticas, juegos de rol. Estos enfoques permiten poner en práctica los conocimientos. Pero, como señala Education at a Glance de la OCDE, la práctica suele quedar al margen, eclipsada por una pedagogía centrada en la teoría y los cursos tradicionales.
Los contrastes son reveladores. Los cursos de formación profesional capacitan a los alumnos para reparar máquinas o codificar programas informáticos, mientras que los programas artísticos hacen hincapié en los ensayos para obras de teatro o recitales. En cambio, en los cursos generales, la práctica se limita con demasiada frecuencia a deberes formateados o exámenes estandarizados. ¿Qué pasaría si una lección de historia se convirtiera en una simulación diplomática? ¿O una lección de ciencias un reto de ingeniería? Estas ideas, aún poco extendidas, podrían revolucionar el aprendizaje.
Para inculcar una mentalidad de campeones, las escuelas deben hacer de la práctica una prioridad diaria. Proyectos creativos, talleres prácticos, juegos de rol: estas experiencias preparan a los alumnos para "actuar" en contextos exigentes, como un deportista antes de una final. Al convertirse en rutina, la práctica puede transformar la educación en un trampolín hacia la excelencia, al igual que el deporte o las artes.
La práctica es el denominador común de la excelencia, sea cual sea el campo. Un cirujano practica con modelos antes de una operación, un actor ensaya sus líneas para cautivar, un estudiante prepara un debate para persuadir: todos se basan en la práctica para triunfar. Estos caminos comparten los mismos pilares: disciplina, adaptación tras el fracaso, entrenamiento, preparación mental... que Mihaly Csikszentmihalyi explora en Flow como las claves de un rendimiento óptimo.
Los resultados hablan por sí solos: los profesionales que ensayan, como los ingenieros que prueban diseños, los profesores que simulan lecciones, etc., superan a los que se duermen en los laureles. En la escuela, un alumno que practica la argumentación o la aritmética adquiere más soltura y confianza, preparado para retos mayores. Esta mentalidad de campeón no está reservada a la élite: está al alcance de todos, en cuanto uno se compromete a practicar intencionadamente.
Las escuelas, las familias y los alumnos deben estar a la altura de este reto. Hacer de la práctica un reflejo, rodearse de mentores y aspirar a la mejora continua: ése es el camino. Practicar se convierte en una puerta de acceso a la excelencia, un estado mental que conduce al éxito en los estudios, el deporte, las artes y la vida profesional.
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