Publicado el 26 de marzo de 2025Actualizado el 26 de marzo de 2025
¿La práctica musical conduce a la felicidad?
Una actividad buena para la cabeza y el corazón
Muy pocas personas dirán que nunca escuchan música. Es una forma de arte popular, poderosa y unificadora. Según el músico, profesor de educación musical y canto coral y director de conjunto Emmanuel Boulanger, la práctica de la música es una búsqueda de algo aún más fuerte. En su discurso en TEDxPoitiers, explica que cantar o tocar un instrumento ayuda a crear vínculos sociales y a encontrar consuelo, sea cual sea el momento de la vida.
Cree que cualquiera puede dedicarse a estas actividades. Saber hablar significa saber cantar, sólo hay que conocer la voz y aprender a dominar el arte. Por eso organiza fines de semana musicales en los que habituales y neófitos cantan e incluso graban lo que producen.
Lo mismo ocurre con los instrumentos, que requieren más práctica pero pueden ser aprendidos por todos. Monta orquestas donde los principiantes tocan sólo unas notas de un instrumento y, a medida que progresan, aumentan la partitura a interpretar. Es un planteamiento positivo y motivador, ya que la mayoría quiere alcanzar el nivel de su colega que toca toda la melodía.
Si la división del trabajo genera una disociación entre actividad y sentido, la virtualización completa el proceso de despojarlo de su realidad. Los grandes ideales de la era industrial fueron capaces de movilizar a la gente en poderosas ideologías. El final de esta era terminó con el crack ecológico y devolvió a cada cual a su responsabilidad individual de desarrollarse. ¿Qué hacemos con lo colectivo?
La inteligencia artificial generativa (IAG) está de moda. Su efecto en el sector educativo es ya innegable. Hay motivos para preguntarse por las facilidades que ofrecen las herramientas AGI. Las escuelas se adaptarán a su existencia encontrando la fórmula adecuada para ofrecer a los alumnos una educación que siga siendo eficaz en este nuevo contexto.
Los héroes, gracias a los valores que promueven, garantizan la formación de adultos positivos, capaces de ponerse al servicio de los demás, de entender que la vida tiene un propósito, una meta, de dar sentido a sus vidas.