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Publicado el 19 de noviembre de 2025 Actualizado el 19 de noviembre de 2025

Aprender de la vida

Lo que las grandes ciudades están haciendo con nuestro deseo de aprender juntos

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Hoy en día, nuestras ciudades concentran la mayor parte de la actividad humana (70%) e intelectual. Ofrecen abundancia de información, tecnología y oportunidades de encuentro, pero también modifican nuestros cuerpos, nuestros sentidos y nuestra atención. El deseo de aprender, y más aún de aprender juntos, se ve a la vez estimulado y obstaculizado.

La distancia de los seres vivos no es sólo un hecho ecológico: configura nuestros paisajes interiores y nuestras formas de relacionarnos.

1. La pantalla como principal entorno de aprendizaje

El tiempo que pasamos frente a una pantalla ha alcanzado niveles sin precedentes.

  • En Canadá, sólo el 32% de los jóvenes urbanos de entre 12 y 17 años respeta el límite de dos horas diarias de uso recreativo recomendado por la Agencia de Salud Pública (Toigo et al, 2025).
  • En la India, un estudio comparativo muestra un tiempo medio de pantalla de 177 minutos al día entre los adolescentes urbanos, frente a 93 minutos en las zonas rurales (Kumar et al., 2023).

Estas cifras reflejan una urbanización de la mirada: cuanto más denso es el entorno, más tiempo pasamos con el mundo a través de las pantallas. Este uso excesivo de las pantallas fragmenta la disponibilidad atencional y altera el equilibrio mental. Las adolescentes que pasan más de cuatro horas al día delante de una pantalla tienen un mayor riesgo de sufrir ansiedad o síntomas depresivos (Agencia de Salud Pública de Canadá, 2025).

En el acto de aprender, esta dispersión se traduce en una disminución de la curiosidad y una menor capacidad para contemplar, escuchar y trabajar juntos. El omnipresente mundo digital se convierte tanto en una herramienta de acceso al conocimiento como en un filtro que reduce la diversidad sensorial de la realidad.

2. La mirada urbana: fragmentada, acelerada, desvitalizada

Los entornos modelan nuestros gestos oculares. Los estudios de seguimiento ocular han demostrado que, en los paisajes urbanos, la mirada se mueve rápidamente, escaneando superficies artificiales, mientras que en un entorno natural se detiene más tiempo, revelando un estado atencional más tranquilo.

El experimento Nature Gaze (Tavares et al., 2024) demuestra que, incluso durante un paseo de 45 minutos por la ciudad, el simple hecho de dirigir conscientemente la atención hacia los árboles o el follaje aumenta la sensación de restablecimiento mental. Así pues, la naturaleza no es sólo un escenario, sino que educa nuestra mirada.

En la ciudad, las fijaciones son breves y los movimientos oculares más numerosos; la percepción es continua y orientada a la acción. En la naturaleza, en cambio, la mirada es libre de vagar, condición indispensable para un aprendizaje contemplativo, capaz de maravillarse. Esta diferencia influye en el deseo de aprender: en un entorno saturado de señales urbanas, la atención se vuelve estratégica; en un entorno vivo, se vuelve relacional.

3. La creciente escasez de silencio y presencias vivas

Las investigaciones europeas sobre el acceso a zonas tranquilas muestran que, en las grandes ciudades, la mayoría de los residentes no disponen de un espacio en el que el nivel medio de ruido se mantenga por debajo de 55 dB(A) en un radio de 400 m alrededor de su domicilio (Centro Temático Europeo sobre Contaminación Atmosférica, Transporte, Ruido y Contaminación Industrial, 2021). En otras palabras, el silencio -requisito indispensable para recuperar la atención- es cada vez más escaso.

El ruido mecánico constante enmascara los sonidos de la vida: el canto de los pájaros, el susurro de las hojas, el viento... Un estudio europeo ha confirmado que el ruido antropogénico reduce la diversidad acústica y la presencia de aves en los entornos urbanos (Rhodes et al., 2023). Este empobrecimiento sensorial afecta a la motivación para aprender: priva a la mente de un entorno capaz de alimentar la imaginación y la memoria sensible. La atención se satura y ya no puede descansar, y con ella se extingue la relación con la lentitud, esencial para el aprendizaje reflexivo y colectivo.

4. Distanciamiento de lo salvaje y reducción de las experiencias compartidas

La densidad de las zonas edificadas aleja a los residentes de los espacios donde los seres vivos pueden expresarse libremente. Peña et al (2023) observaron que sólo el 31% de las especies de aves "utilizan" los entornos urbanos, frente al 49% que los evitan. Menos diversidad observable significa menos oportunidades de identificación y de conversaciones compartidas sobre los seres vivos.

Las investigaciones demuestran que la familiaridad con los objetos de la cultura comercial va mucho más allá del conocimiento de los seres vivos. Por ejemplo, Balmford et al. (2002) demostraron que los niños británicos tenían más probabilidades de identificar a los personajes de Pokémon (78% de aciertos) que a las especies comunes de animales salvajes (53%).

Otros estudios confirman el elevado reconocimiento de logotipos comerciales: Fischer et al (1991) ya observaron que los niños de 3 a 6 años reconocían hasta el 91% de los logotipos estudiados. Por el contrario, según Stagg (2022), el conocimiento de las plantas depende estrechamente del lugar que ocupan en la experiencia cotidiana: cuanto más relevante se percibe una planta en la vida de una persona, más se reconoce e identifica. Por el contrario, en las sociedades urbanas de los países de renta alta, donde el contacto directo con las plantas espontáneas o cultivadas es cada vez menor, la familiaridad con el mundo vegetal tiende a disminuir, un fenómeno conocido como plant blindness, es decir, una forma de ceguera ante la presencia y la diversidad de la vegeta viva.

La ciudad enseña a familiarizarse con el rótulo comercial, no con la huella de los seres vivos. Aprender juntos presupone referencias sensibles compartidas: sonidos, olores, paisajes vividos. Si éstos desaparecen, el colectivo pierde su anclaje compartido. El entorno comercial tiende a aislar la conciencia en lugar de conectarla. Sin embargo, el deseo de aprender juntos se basa en una experiencia compartida del entorno: un espacio que respira, que suena, que está habitado.

5. Las paradójicas ventajas de los entornos urbanos

Sin embargo, las grandes ciudades no son sólo un lugar de empobrecimiento. Favorecen la creación de redes, el acceso rápido al conocimiento y la aparición de comunidades de aprendizaje. Las plataformas de formación, los espacios de coworking, los terceros lugares educativos y los jardines compartidos son microambientes donde reaparece la vida.

Los trabajos de Felappi et al (2024) demuestran que la presencia de una masa de agua o de una diversidad de plantas en un parque urbano aumenta la restauración cognitiva y el bienestar de los usuarios. El entorno vital, por pequeño que sea, actúa como catalizador de la cohesión social y la cooperación. Los entornos híbridos -que combinan lo digital y lo sensorial- también ofrecen potentes palancas.

La investigación educativa demuestra que los enfoques de "aprendizaje inmersivo" o "aprender caminando" reactivan la curiosidad y el diálogo. Si la ciudad se abre a periodos de silencio, vegetación y atención compartida, puede volver a convertirse en un entorno de aprendizaje colectivo.

Hacia un nuevo equilibrio de la atención

El deseo de aprender no sólo depende del contenido, sino también del entorno atencional. En un mundo de pantallas y ruido, la motivación se vuelve frágil y la fatiga cognitiva constante. Por el contrario, los entornos que favorecen la contemplación, la lentitud y la copresencia aumentan la disposición a aprender.

La ecología de la atención (Citton, 2014) nos invita a reconocer que el conocimiento nace también de la calidad de nuestra mirada sobre el mundo. Volver a anclar el aprendizaje en el mundo vivo, incluso en un contexto urbano, significa restaurar la diversidad perceptiva: permitir pausas para el silencio, paseos sensoriales, experiencias colectivas de la naturaleza. Es aprendiendo a ver y sentir juntos como las comunidades urbanas pueden reinventar el deseo de aprender.

Referencias

Agencia de Salud Pública de Canadá (2025). Recreational screen time and mental health among Canadian children and youth. Ottawa: Gobierno de Canadá.

Balmford, A., Clegg, L., Coulson, T., & Taylor, J. (2002). Why conservationists should heed Pokémon. Science, 295(5564), 2367-2367.

Citton, Y. (2014). Pour une écologie de l'attention. Paris : Seuil.

Felappi, J. F. (2024). The Role of Green Infrastructure Quality for Healthier and Biodiverse Cities A One Health Approach for Reconciling People and Wildlife Needs. Rheinische Friedrich-Wilhelms-Universitaet Bonn (Alemania).

Fischer, P. M., Schwartz, M. P., Richards, J. W., Goldstein, A. O., & Rojas, T. H. (1991). Brand logo recognition by children aged 3 to 6 years: Mickey Mouse and Old Joe the Camel. JAMA, 266(22),

Kumar, S., et al. (2023). Screen time and lifestyle differences between urban and rural adolescents in India. Journal of Public Health Research, 12(3).

Luquezi, A. (2025). Assessing accessibility to quiet and green areas at the city scale. Landscape and Urban Planning, 242, 106936.

Pena, J. C., Ovaskainen, O., MacGregor-Fors, I., Teixeira, C. P., & Ribeiro, M. C. (2023). The relationships between urbanization and bird functional traits across the streetcape. Landscape and Urban Planning, 232, 104685.

Rhodes, M. et al. (2023). Anthropogenic noise reduces avian diversity in urban habitats. Frontiers in Ecology and Evolution, 11, 1252632.

Montana, J., Ferguson, C., & Marshall, T. (2023). Large-scale social surveys on people and nature relations: Report on the state of the art in the UK.

Stagg, B. C., & Dillon, J. (2022). Plant awareness is linked to plant relevance: A review of educational and ethnobiological literature (1998-2020). Plants, People, Planet, 4(6), 579-592.

Toigo, S., Wang, C., Prince, S. A., Varin, M., Roberts, K. C., & Betancourt, M. T. (2025). Screen time and mental health in Canadian children and youth. Promoción de la salud y prevención de enfermedades crónicas en Canadá, 45(7/8). https://www. canada.ca/content/dam/phac-aspc/documents/services/reports-publications/health-promotion-chronic-disease-prevention-canada-research-policy-practice/vol-45-no-7-8-2025/temps-loisir-ecran-sante-mentale-enfants-jeunes-canadiens.pdf

Tavares, L. et al. (2024). The Nature Gaze: Eye-tracking experiment reveals well-being benefits derived from directing visual attention towards elements of nature. People and Nature, 6(3), 715-729.

Centro Temático Europeo sobre Salud Humana y Medio Ambiente. https://www.eionet.europa.eu/etcs/etc-he/products/etc-he-products/etc-he-reports/etc-he-report-2025-3-access-to-quiet-green-areas-in-european-urban-centres-direct-service-contract-no-3506-ro-regind-eea-59966-no-4100-r0-regind-eea-60379


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