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Publicado el 21 de abril de 2026 Actualizado el 21 de abril de 2026

Madres e hijas aprenden juntas

Transmisión, reciprocidad y apertura al mundo vivo

Fuente : denis cristol - reve de dan'a

El laboratorio de innovación pedagógica Rêve de Dan'A organiza expediciones de aprendizaje con burros en el marco de la formación profesional continua, especialmente sobre temas relacionados con la transformación de las formas de aprender. Sorprende ver que un público inesperado se une a las expediciones: parejas madre-hija.

A menudo se piensa en el aprendizaje como un proceso individual, integrado en sistemas formales y medido en términos de competencias adquiridas. Sin embargo, cada vez más investigaciones nos animan a reconsiderar el aprendizaje como una experiencia relacional, situada y encarnada.

En este sentido, la relación madre-hija es un observatorio especialmente fértil. Revela formas de aprendizaje en las que se entrelazan la transmisión intergeneracional, la construcción de la identidad y la co-elaboración de experiencias vividas. Es más, cuando implica la interacción con seres vivos -plantas, animales, entornos naturales u otredad humana- abre una comprensión más amplia del aprendizaje como forma de vivir en el mundo.

Transmisión situada: más allá del capital educativo

La investigación empírica confirma la existencia de una transmisión educativa específica entre madres e hijas. El nivel educativo de la madre influye significativamente en las trayectorias educativas, pero esta relación no puede reducirse a un efecto mecánico de reproducción social (Khalid, 2023). Implica dimensiones más difusas: relación con el conocimiento, confianza en uno mismo, relación con el lenguaje o el esfuerzo.

Estudios recientes demuestran que esta transmisión forma parte de un complejo proceso intergeneracional. Las experiencias de maternidad, los estilos educativos y las representaciones de lo femenino evolucionan de una generación a otra, combinando continuidades y transformaciones (Yüksel, 2025). En esta dinámica, la hija no es una simple receptora: interpreta, transforma y reconfigura lo que se le transmite.

La relación madre-hija aparece así como un espacio de transmisión encarnada. El aprendizaje tiene lugar en las prácticas cotidianas: cocinar, cuidar, organizar, hablar. Estas situaciones ordinarias son lugares donde se adquieren conocimientos tácitos, a menudo invisibles pero cruciales.

Cuando estas prácticas están vinculadas a los seres vivos - jardinería, paseos, observación de las estaciones - movilizan otra dimensión del aprendizaje. Las investigaciones sobre la conexión con la naturaleza en la infancia demuestran que las experiencias compartidas con adultos significativos contribuyen a estructurar formas duraderas de cuidado y responsabilidad hacia el medio ambiente (Chawla, 2020).

En el vínculo madre-hija, estas experiencias adquieren una intensidad particular: vinculan la transmisión emocional y la relación con el medio ambiente. El aprendizaje se convierte entonces en una forma de sintonizar con ritmos más amplios que uno mismo.

Una relación recíproca: co-aprendizaje y autotransformación

La investigación contemporánea converge para cuestionar el modelo unidireccional de transmisión. La relación madre-hija se caracteriza por la reciprocidad educativa, en la que circulan los papeles de maestro y alumno.

Investigaciones recientes demuestran que las interacciones madre-hija desempeñan un papel en la co-construcción de la identidad y la experiencia vivida (Chaudhary & Dutt, 2025). Esta dinámica es especialmente evidente en los intercambios narrativos, los debates sobre experiencias personales y los ajustes relacionales cotidianos.

La calidad de esta relación tiene efectos mensurables. Influye en la autoestima, las habilidades sociales y la capacidad para regular las emociones (Casas Monteserín & Moral Jiménez, 2025). El aprendizaje se produce en la propia relación: aprender a hablar, a escuchar y a situarse.

En los contextos contemporáneos, esta reciprocidad se refuerza. Los cambios tecnológicos, sociales y culturales están creando situaciones en las que las hijas acompañan a sus madres en nuevos aprendizajes. Esta inversión parcial de los papeles no cuestiona la relación, sino que la reconfigura.

El mundo vivo puede desempeñar un papel mediador en estos procesos. La investigación sobre la mediación animal demuestra que la presencia de un animal fomenta la empatía, la regulación emocional y la cooperación. En una relación madre-hija, el animal puede convertirse en un foco de atención compartido, un medio para el diálogo indirecto.

Las plantas introducen otra forma de mediación. Su lenta temporalidad y su relativa indiferencia a las intenciones humanas desplazan las interacciones hacia la observación, la atención y la paciencia. Cultivar un huerto juntas, por ejemplo, implica una forma de aprendizaje en la que ni la madre ni la hija tienen el control total del proceso. El ser vivo se convierte entonces en un tercero educativo, redistribuyendo posiciones y abriendo un espacio para la coexperiencia.

Hacia una ecología del aprendizaje: implicaciones para la formación

Lo que este trabajo revela es una concepción más amplia del aprendizaje. La relación madre-hija aparece como un medio en el que se entrecruzan dimensiones cognitivas, afectivas, sociales y ambientales. Revela una ecología relacional del aprendizaje.

En esta ecología destacan varias características.

  • El aprendizaje se sitúa en contextos concretos. Es corporal, moviliza el cuerpo y las emociones.
  • Es recíproco, ya que implica la circulación de roles.
  • Por último, es abierto e incorpora formas humanas y no humanas de alteridad.

Para los responsables de la formación, estos factores exigen un replanteamiento de los métodos pedagógicos. Integrar las relaciones intergeneracionales, valorar los conocimientos adquiridos a través de la experiencia y abrir el aprendizaje al contacto con el mundo vivo son vías concretas para avanzar.

Ya hay experiencias en marcha, como los talleres de educación ambiental madre-hija, los programas de aprendizaje en familia y los programas intergeneracionales de narración de cuentos. Las investigaciones demuestran que estos enfoques fomentan el compromiso, profundizan el aprendizaje y mejoran la calidad de las relaciones (Chawla, 2020).

Sin embargo, estos enfoques deben considerarse con cautela. Aunque los efectos del vínculo madre-hija y de las interacciones con los seres vivos han sido bien documentados por separado, todavía hay pocas investigaciones empíricas sobre su vinculación. Se trata de una vía de investigación prometedora, siempre que se distinga claramente entre resultados establecidos e hipótesis.

El aprendizaje entre madres e hijas, en contacto con seres vivos, no puede reducirse a un dispositivo pedagógico o turístico. Se trata de una experiencia relacional en la que se tejen formas de estar en el mundo. En un contexto marcado por la aceleración y la fragmentación de las experiencias, estas formas de aprendizaje ofrecen recursos para reintegrar la educación en entornos vivos, relacionales y compartidos.

Referencias

Casas Monteserín, L., & Moral Jiménez, M. (2025). Impacto de las relaciones madre-hija en la autoestima y la inteligencia social. Revista Electrónica de Investigación en Psicología de la Educación.

Chaudhary, N., & Dutt, A. (2025). Mother-daughter relationships and femininity construction. Feminism & Psychology.

Chawla, L. (2020). Childhood nature connection and constructive hope. People and Nature, 2(3), 619-642.

Khalid, A. (2023). Mothers and their daughters' education: Beyond simplistic narratives. Oxford Review of Education.

Yüksel, Ç. E. (2025). Intergenerational changes in motherhood: A qualitative study.

Rêve de Dan'A https://a pprendre-autrement.org/reve-dana/


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