Publicado el 22 de abril de 2026Actualizado el 22 de abril de 2026
Limitar el turismo excesivo sin acabar con la economía: un reto mundial
¿Qué más se puede hacer con la afluencia de turistas?
La pandemia de covid-19 pasó factura al sector turístico durante 2020 y 2021. Gran parte del mundo estaba confinado y paralizado, y había cierto miedo a viajar. Tanto más cuanto que el virus se había propagado fácilmente gracias a aviones y cruceros. Sin embargo, cuando la crisis terminó, el turismo se reanudó con fuerza, para disgusto de los habitantes de ciudades turísticas como Barcelona, Venecia y otras, que habían apreciado estos momentos de tranquilidad sin la contaminación asociada al turismo de masas.
Como consecuencia, los alcaldes y otras autoridades públicas empezaron a coger el toro por los cuernos. Aunque el turismo de masas no ha desaparecido, los representantes electos han introducido normativas para garantizar que los residentes locales no sigan viéndose perjudicados por la falta de vivienda, el traslado de servicios lejos de ellos para dejar paso a instalaciones turísticas, etcétera. En algunos casos, incluso los teléfonos inteligentes y su acceso a la red pública se utilizan para contabilizar y definir el origen geográfico de los visitantes de la ciudad. La idea es seguir las tendencias y, sobre todo, reducir el exceso de turismo.
Esto es tanto más complejo cuanto que este sector financiero es esencial en muchos países. Sin embargo, la población local no suele percibir ni un céntimo de los beneficios que obtienen las multinacionales del turismo y los gobiernos. El concepto es intentar que los beneficios reales vuelvan a manos de la población local. Algunas personas también están utilizando la tecnología para crear interesantes itinerarios multimedia que ayuden a repartir el flujo de turistas y mantenerlos alejados de las zonas masificadas.
En los últimos veinte años se ha producido un disciplinamiento de las ONG de desarrollo belgas, a raíz de la Declaración de París sobre la Eficacia de la Ayuda y de las políticas de gobernanza neoliberales. Las ONG se las arreglan para bailar con estas limitaciones. Y esta danza está transformando a cada uno de los actores al ritmo de las reformas políticas y administrativas.
A pesar de ser una parte importante de la biomasa terrestre y esenciales para la supervivencia de plantas y animales de todo tipo, la mayoría de la gente siente una aversión básica por los insectos. Por eso, comerlos parece una cuestión de inconsciencia. Sin embargo, la entomofagia podría ser la próxima evolución alimentaria en nuestras vidas... y en los comedores escolares.
¿Estaría dispuesto a pagar más para librarse del sentimiento de culpa? La culpa es el sentimiento, fundado o infundado, de haber cometido un error o una equivocación. Afecta a toda la humanidad. Descubra si la culpabilidad y el marketing van de la mano en la tesis de Bénédicte de Peyrelongue titulada "El papel de la culpabilidad percibida en la disposición a pagar: aplicación a las compras para niños y a la compra de productos alimenticios ecológicos".