Idea clave
La noción de "sumisión libremente consentida" hace referencia a una paradoja central de las sociedades contemporáneas: los individuos aceptan, a veces con entusiasmo, obligaciones, normas o formas de control que, sin embargo, limitan su autonomía.
Esta expresión, popularizada en psicología social por los trabajos de Jean-Léon Beauvois y Robert-Vincent Joule, no describe una dominación impuesta por la fuerza, sino una adhesión producida desde el interior del sujeto. Los individuos actúan, eligen y se comprometen, pero bajo condiciones que moldean sutilmente sus decisiones.
En la era de las plataformas digitales y de la inteligencia artificial generativa, estas cuestiones han adquirido una nueva relevancia. La pregunta ya no es simplemente: "¿Quién nos constriñe?", sino: "¿Cómo deseamos lo que nos gobierna?".
La genealogía del concepto se sumerge en varias tradiciones intelectuales.
- La primera fuente es el análisis de Michel Foucault sobre las formas modernas de poder. En su obra sobre la disciplina y la gubernamentalidad, Foucault demuestra que las sociedades modernas ya no se basan principalmente en la coacción visible, sino en mecanismos que llevan a los individuos a interiorizar las normas.
En Surveiller et punir (Foucault 1975), las escuelas, las fábricas, los cuarteles y los hospitales son vistos como lugares donde los cuerpos aprenden a conformarse. El poder se hace efectivo precisamente porque se incorpora. El individuo acaba vigilándose a sí mismo.
- Esta idea se amplió experimentalmente en los estudios de psicología social de los años sesenta y ochenta. Joule y Beauvois demostraron que pequeñas acciones realizadas libremente pueden llevar a un individuo a aceptar compromisos mucho mayores.
La famosa técnica del "pie en la puerta" se basa en este mecanismo: la obtención de un pequeño acto inicial aumenta la probabilidad de obtener posteriormente un comportamiento más costoso. El individuo reconstruye una identidad coherente a posteriori: "puesto que he aceptado esto, significa que soy el tipo de persona que lo acepta". El consentimiento se construye gradualmente.
En Petit traité de manipulation à l'usage des honnêtes gens (Joule y Beauvois 1987), los autores muestran que las sociedades liberales valoran la idea de libertad individual al tiempo que multiplican las técnicas de compromiso invisible.
- Este análisis enlaza también con los trabajos de Pierre Bourdieu sobre la dominación simbólica. Para Bourdieu, las estructuras sociales producen disposiciones similares al habitus que llevan a los individuos a reproducir espontáneamente el orden social.
Los propios dominados pueden contribuir a la reproducción de su dominación porque perciben el mundo a través de categorías que ya han sido moldeadas por ese orden. Así pues, la adhesión no es necesariamente consciente. Está inscrita en gestos, gustos, aspiraciones y formas de ser.
Resistencia, apropiación indebida y apropiación
Sin embargo, la sumisión voluntaria no debe reducirse a una simple manipulación. El concepto tiene importantes límites teóricos.
- En primer lugar, porque corre el riesgo de subestimar la capacidad de resistencia, desviación o crítica de las personas. Los individuos no son meros sujetos pasivos moldeados por dispositivos.
Los trabajos de Michel de Certeau han demostrado que los usuarios desarrollan tácticas para apropiarse de los sistemas y eludirlos. Incluso en entornos muy estandarizados, queda espacio para la invención.
- En segundo lugar, el concepto puede conducir a una lectura excesivamente pesimista de la sociedad. No toda adhesión es necesariamente alienante. Las sociedades humanas también se basan en formas necesarias de consentimiento: normas compartidas, confianza, cooperación, compromisos colectivos.
La cuestión no es tanto la existencia del consentimiento como las condiciones de su producción: ¿es informado? ¿Es reversible? ¿discutido? ¿Es simétrico? ¿O se obtiene mediante la saturación cognitiva, la dependencia emocional o la arquitectura invisible de la elección?
Tecnología digital inteligente
Esta cuestión ha cobrado especial importancia con el desarrollo de las tecnologías digitales.
Desde la década de 2000, varios investigadores han demostrado que las plataformas digitales perfeccionan los mecanismos del compromiso conductual. Los trabajos de Shoshana Zuboff sobre el "capitalismo de la vigilancia" describen una economía basada en la captación del comportamiento humano con fines predictivos y comerciales. Las interfaces ya no se limitan a responder a las necesidades de los usuarios, sino que buscan dirigir su comportamiento, prolongar su atención, anticipar sus deseos y modelar sus hábitos.
Las redes sociales son un ejemplo emblemático de esta dinámica. Notificaciones, recompensas intermitentes, métricas sociales, scroll infinito: todos ellos son mecanismos que producen formas de adhesión al comportamiento sin coacción explícita.
El usuario "elige" seguir conectado, pero esta elección está estructurada por una arquitectura persuasiva extremadamente sofisticada. La libertad formal permanece, mientras que las condiciones concretas de atención se orientan constantemente.
Adhesión afectiva virtual
La llegada de la inteligencia artificial generativa abre una nueva etapa. A diferencia de las herramientas digitales tradicionales, la IA conversacional produce una relación interactiva que imita ciertos aspectos del diálogo humano: personalización, fluidez, memoria contextual, reformulación empática. Esta cualidad relacional modifica profundamente las formas posibles de adhesión. El usuario ya no se encuentra simplemente ante una interfaz, sino ante una presencia dialógica capaz de acompañarle, aconsejarle, tranquilizarle, estructurarle y, a veces implícitamente, decidir en su nombre.
- El primer reto se refiere a la delegación cognitiva. Cuanto mejor sintetice, redacte, proponga o arbitre una IA, mayor será el riesgo de transferirle operaciones intelectuales que antes realizaban individuos o grupos.
Esta delegación puede producir una comodidad considerable: ahorro de tiempo, reducción de la incertidumbre, disminución de la carga mental. Pero también puede conducir a una dependencia progresiva. El sujeto puede acabar dejando de ejercer ciertas capacidades críticas, reflexivas o deliberativas porque un sistema las realiza más rápidamente que él.
Esta dinámica coincide con los análisis contemporáneos del "sesgo de automatización": la tendencia a depositar una confianza excesiva en los sistemas automatizados, incluso cuando se equivocan. En entornos saturados de información, la fatiga cognitiva favorece la aceptación de sugerencias algorítmicas. La IA se convierte entonces no sólo en una herramienta, sino en un organizador implícito del juicio.
- Un segundo reto se refiere a la personalización de las relaciones. Las IA aprenden de interacciones anteriores, se ajustan a las preferencias del usuario y desarrollan formas de continuidad conversacional. Esta personalización puede mejorar la eficacia educativa, terapéutica u organizativa. Pero también puede crear vínculos asimétricos.
Cuanto más parece que un sistema "comprende" a los usuarios, más tienden éstos a disminuir su vigilancia crítica. El riesgo no es sólo técnico, sino también antropológico. Una parte de nuestra relación con el mundo podría estar progresivamente mediada por sistemas capaces de dirigir nuestras emociones tanto como nuestro razonamiento.
- Por último, la IA está transformando las formas mismas del poder. Los mecanismos disciplinarios analizados por Foucault seguían basándose en instituciones visibles. Los mecanismos algorítmicos contemporáneos operan a menudo de forma difusa, distribuida y opaca. Recomendaciones, clasificaciones, priorizaciones y sugerencias configuran silenciosamente los entornos de toma de decisiones. El poder actúa menos por prohibición que por modulación de posibilidades.
Apoyo y respaldo frente a sumisión y dependencia
Sin embargo, sería simplista reducir la IA a un instrumento de sumisión. Las mismas tecnologías también pueden apoyar capacidades de emancipación: mayor acceso al conocimiento, aumento de las posibilidades creativas, ayuda a la expresión, apoyo reflexivo, traducción intercultural, exploración de escenarios complejos. Todo depende de los marcos de diseño, los usos sociales y las culturas de vigilancia que las acompañen.
Por tanto, el reto contemporáneo probablemente no sea buscar una imposible autonomía absoluta, sino construir formas de lucidez colectiva sobre las condiciones técnicas, económicas y simbólicas que guían nuestro comportamiento.
La cuestión política central pasa a ser la siguiente: ¿cómo preservar la capacidad de deliberación, contradicción, lentitud y discernimiento en entornos concebidos para hacer más fluida la pertenencia?
Desde esta perspectiva, la educación desempeña un papel decisivo. No sólo una educación técnica en el uso de herramientas, sino una educación crítica en las arquitecturas de la atención, los mecanismos del compromiso y las formas contemporáneas de persuasión algorítmica.
Entender hoy la sumisión libremente otorgada significa cambiar el enfoque: el problema ya no es sólo la obediencia visible, sino las condiciones invisibles que hacen que ciertas orientaciones sean deseables, naturales u obvias.
Ilustración: Shutterstock - 2712178993
Referencias
Beauvois, J.-L., & Joule, R.-V. (2014). Petit traité de manipulation à l'usage des honnêtes gens (Nueva ed.). Presses universitaires de Grenoble.
Bourdieu, P. (1998). La domination masculine. Seuil.
de Certeau, M. (1990). La invención de lo cotidiano. 1. Arts de faire. Gallimard.
Foucault, M. (1975). Surveiller et punir. Gallimard.
Zuboff, S. (2019). La era del capitalismo de la vigilancia. PublicAffairs.
Carr, N. (2020). Los bajos fondos: Lo que internet le está haciendo a nuestro cerebro. W. W. Norton.
O'Neil, C. (2016). Armas de destrucción matemática. Crown.
Pasquale, F. (2015). La sociedad de la caja negra. Harvard University Press.
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