Efectos económicos de la inteligencia artificial 1/3
Si no podemos prescindir de la inteligencia artificial, tendremos que aprender a vivir con ella.
Publicado el 13 de mayo de 2026 Actualizado el 13 de mayo de 2026
La noción de "sumisión libremente consentida" hace referencia a una paradoja central de las sociedades contemporáneas: los individuos aceptan, a veces con entusiasmo, obligaciones, normas o formas de control que, sin embargo, limitan su autonomía.
Esta expresión, popularizada en psicología social por los trabajos de Jean-Léon Beauvois y Robert-Vincent Joule, no describe una dominación impuesta por la fuerza, sino una adhesión producida desde el interior del sujeto. Los individuos actúan, eligen y se comprometen, pero bajo condiciones que moldean sutilmente sus decisiones.
En la era de las plataformas digitales y de la inteligencia artificial generativa, estas cuestiones han adquirido una nueva relevancia. La pregunta ya no es simplemente: "¿Quién nos constriñe?", sino: "¿Cómo deseamos lo que nos gobierna?".
La genealogía del concepto se sumerge en varias tradiciones intelectuales.
Sin embargo, la sumisión voluntaria no debe reducirse a una simple manipulación. El concepto tiene importantes límites teóricos.
Esta cuestión ha cobrado especial importancia con el desarrollo de las tecnologías digitales.
Desde la década de 2000, varios investigadores han demostrado que las plataformas digitales perfeccionan los mecanismos del compromiso conductual. Los trabajos de Shoshana Zuboff sobre el "capitalismo de la vigilancia" describen una economía basada en la captación del comportamiento humano con fines predictivos y comerciales. Las interfaces ya no se limitan a responder a las necesidades de los usuarios, sino que buscan dirigir su comportamiento, prolongar su atención, anticipar sus deseos y modelar sus hábitos.
Las redes sociales son un ejemplo emblemático de esta dinámica. Notificaciones, recompensas intermitentes, métricas sociales, scroll infinito: todos ellos son mecanismos que producen formas de adhesión al comportamiento sin coacción explícita.
El usuario "elige" seguir conectado, pero esta elección está estructurada por una arquitectura persuasiva extremadamente sofisticada. La libertad formal permanece, mientras que las condiciones concretas de atención se orientan constantemente.
La llegada de la inteligencia artificial generativa abre una nueva etapa. A diferencia de las herramientas digitales tradicionales, la IA conversacional produce una relación interactiva que imita ciertos aspectos del diálogo humano: personalización, fluidez, memoria contextual, reformulación empática. Esta cualidad relacional modifica profundamente las formas posibles de adhesión. El usuario ya no se encuentra simplemente ante una interfaz, sino ante una presencia dialógica capaz de acompañarle, aconsejarle, tranquilizarle, estructurarle y, a veces implícitamente, decidir en su nombre.
Esta dinámica coincide con los análisis contemporáneos del "sesgo de automatización": la tendencia a depositar una confianza excesiva en los sistemas automatizados, incluso cuando se equivocan. En entornos saturados de información, la fatiga cognitiva favorece la aceptación de sugerencias algorítmicas. La IA se convierte entonces no sólo en una herramienta, sino en un organizador implícito del juicio.
Sin embargo, sería simplista reducir la IA a un instrumento de sumisión. Las mismas tecnologías también pueden apoyar capacidades de emancipación: mayor acceso al conocimiento, aumento de las posibilidades creativas, ayuda a la expresión, apoyo reflexivo, traducción intercultural, exploración de escenarios complejos. Todo depende de los marcos de diseño, los usos sociales y las culturas de vigilancia que las acompañen.
Por tanto, el reto contemporáneo probablemente no sea buscar una imposible autonomía absoluta, sino construir formas de lucidez colectiva sobre las condiciones técnicas, económicas y simbólicas que guían nuestro comportamiento.
La cuestión política central pasa a ser la siguiente: ¿cómo preservar la capacidad de deliberación, contradicción, lentitud y discernimiento en entornos concebidos para hacer más fluida la pertenencia?
Desde esta perspectiva, la educación desempeña un papel decisivo. No sólo una educación técnica en el uso de herramientas, sino una educación crítica en las arquitecturas de la atención, los mecanismos del compromiso y las formas contemporáneas de persuasión algorítmica.
Entender hoy la sumisión libremente otorgada significa cambiar el enfoque: el problema ya no es sólo la obediencia visible, sino las condiciones invisibles que hacen que ciertas orientaciones sean deseables, naturales u obvias.
Ilustración: Shutterstock - 2712178993
Referencias
Beauvois, J.-L., & Joule, R.-V. (2014). Petit traité de manipulation à l'usage des honnêtes gens (Nueva ed.). Presses universitaires de Grenoble.
Bourdieu, P. (1998). La domination masculine. Seuil.
de Certeau, M. (1990). La invención de lo cotidiano. 1. Arts de faire. Gallimard.
Foucault, M. (1975). Surveiller et punir. Gallimard.
Zuboff, S. (2019). La era del capitalismo de la vigilancia. PublicAffairs.
Carr, N. (2020). Los bajos fondos: Lo que internet le está haciendo a nuestro cerebro. W. W. Norton.
O'Neil, C. (2016). Armas de destrucción matemática. Crown.
Pasquale, F. (2015). La sociedad de la caja negra. Harvard University Press.
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