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Publicado el 16 de septiembre de 2013 Actualizado el 28 de noviembre de 2024

Cómo la tecnología digital está transformando la práctica de la historia

Los historiadores afrontan la agitación en ámbitos enteros de su profesión

PhotosNormandie, en Flickr

¿Qué hace especial a la Historia en la era de la Web 2.0? ¿Han cambiado las prácticas de los historiadores al mismo tiempo que la web se ha transformado para ser cada vez más participativa? Dos textos ofrecen una visión más clara de los componentes de esta nueva historia digital. El primero, Y a t-il une Histoire Numérique 2.0 (¿Existe una Historia Digital 2.0?), presenta una larga y detallada reflexión sobre el tema de la historia digital. Su autor, Serge Noiret, es especialista en información, historia y civilizaciones en la biblioteca delInstituto Universitario Europeo. Su artículo, disponible en línea en Academia.eu, se publicó en la Collection de l'Ecole Française de Roma a raíz de una presentación en un seminario sobre los cambios en la práctica de la historia ante la llegada de las tecnologías de la información.

El segundo texto, Ce que le numérique fait à l'historien.ne, data de mayo de 2012. Claire Lemercier, directora de investigación en el Centre de sociologie des organisations del CNRS, responde a las preguntas de Elisa Grandi y Émilien Ruiz, doctorandos en historia contemporánea (2012), sobre la historia digital y el papel del historiador en el desarrollo de la tecnología digital, examinando de cerca y en detalle su propia práctica. Publicadas en línea en studistorici.com, las respuestas de la investigadora son sencillas y claras, y sus explicaciones interesantes incluso para los no especialistas en historia.

Serge Noiret: ¿Existe una historia digital 2.0?

En este artículo, Noiret examina los cambios que se están produciendo en los conceptos profesionales del historiador, como la durabilidad de las fuentes, concepto que la tecnología digital hace precario, ya que los documentos están sujetos a continuas modificaciones y revisiones. También han surgido nuevas formas de describir los documentos, conservarlos y hacerlos accesibles. Las herramientas de investigación están cambiando, al igual que las prácticas de comunicación, lectura y publicación. El autor también destaca la aparición de prácticas interdisciplinarias no tradicionales en historia, como la colaboración de historiadores con informáticos. Además, la autoridad académica se ve socavada por el creciente número de estudios históricos que se publican en la red. La propia noción de autoría se está redefiniendo en parte a favor de los colectivos. Ante estos cambios, Noiret ve la necesidad de recomponer los métodos científicos. Para él, el compromiso disciplinario también es esencial cuando se trata de opciones técnicas relativas al acceso a documentos y códigos de software(acceso abierto, código abierto). En su opinión, comprender lo que está en juego en estos cambios nos ayudará a gobernarlos mejor, por ejemplo en la asignación de textos y la validación de contenidos.

Web 2.0

Noiret recuerda los principios generales de la Web 2.0, en la que cambian los papeles de escritor y lector, y en la que prima la participación en actividades sociales. La gente interactúa creando contenidos, y el discurso histórico se construye mediante la colaboración. Un buen ejemplo de ello es la enciclopedia Wikipedia, que utiliza contenidos generados por los usuarios (CGU ) para crear contenidos. Tras la colaboración más estática y estable entre autores a través del correo electrónico en la Web 1.0, ahora los cambios en los datos se realizan directamente en el texto. En historia, esta colaboración se refleja en la construcción de programas con código accesible (Zotero, por ejemplo, para la investigación), y en archivos abiertos donde se comparten conocimientos, fuentes primarias, documentos e información, sobre todo aquellos cuya difusión aún no ha sido validada. Para el autor, es muy importante "dominar" estos espacios UGC para los historiadores: redes sociales, blogs, podcasts, etiquetado, así como componentes técnicos comomash-ups, widgets, etc.

Por ejemplo, las bibliotecas han ido a buscar a los usuarios allí donde están, en las redes sociales, sobre todo en Facebook, que representa una puerta de entrada y una herramienta de difusión del catálogo. Noiret explica que este uso de la web también ha transformado los propios catálogos, donde, por ejemplo, se pueden proporcionar nubes de palabras clave a los usuarios para que afinen y continúen su búsqueda.

El autor señala que, en la Web 2.0, los usuarios ya no se contentan con hacer doble clic, sino que pueden participar en la elaboración de los contenidos, añadiéndoles significado y aprovechando las sugerencias para seguir investigando, incluso fuera del sitio donde se encuentran. Los contactos se realizan directamente a través de las redes sociales, en lugar de por correo electrónico. A partir de ahora, los internautas actuarán, más que navegar, en sitios dinámicos que se actualizan de forma continua e interactiva.

Ventajas e inconvenientes de la Web 2.0 para la historia

Noiret cita a Dan Cohen, del CHNM, quien esboza las ventajas e inconvenientes de la Web 2.0 para la disciplina. La nueva web facilita la comunicación al permitir la comunicación sincrónica y asincrónica entre historiadores. Las nuevas herramientas permiten transmitir información y conocimientos, fuentes primarias y documentos a todas partes, a todo el mundo. La revisión y la indexación corren a cargo de todos, y la apertura del código de los programas y del software permite a los historiadores "interactuar mejor con los contenidos digitales". Los inconvenientes de la Web 2.0 para los historiadores están relacionados con la precariedad de la información digital, la obsolescencia acelerada de las tecnologías y la dificultad que representa la descentralización de la autoridad científica para identificar correctamente la información.

Wikipedia

Noiret considera que la escritura colectiva emprendida en el contexto no comercial de la enciclopedia Wikipedia encierra un gran potencial si es utilizada por los historiadores en un entorno científicamente fiable. El historiador digital sería aquel que comprende las razones de Wikipedia, que"pretende mejorar el conocimiento histórico de un gran número de lectores que podrían beneficiarse enormemente de los conocimientos de los especialistas". El autor plantea la siguiente pregunta:"¿Por qué el historiador, al servicio cultural de la sociedad, cuyo papel es mejorar el conocimiento crítico colectivo del pasado, no debería utilizar el instrumento de la difusión masiva para difundir la historia contagiosa, el debate activo y participativo y adoptar los principios de la historia digital 2.0? Noiret ve numerosas posibilidades, sobre todo en materia de enseñanza, donde estudiantes e investigadores completan entradas o mejoran artículos ya existentes, revisando, corrigiendo y desarrollando sus facultades críticas ante la web. El papel de los historiadores en la Web 2.0 consistiría en filtrar, organizar e interpretar los datos proporcionados por el público en general. Noiret menciona la importancia para los historiadores académicos de ir más allá del uso pasivo de la lectura de datos en la web para promover el uso activo de los nuevos medios interactivos en su disciplina.

Proyectos digitales de historia

Los proyectos de historia digital se han convertido en plataformas interactivas en las que los usuarios participan activamente en el contenido, por ejemplo en wikis, blogs, etiquetado y livetweeting. Los métodos de contacto (y el contrato implícito) entre especialistas y lectores están cambiando, sobre todo a través del crowdsourcing, que sigue la estela de los proyectos de digitalización masiva en organizaciones culturales y bibliotecas. La proliferación de fuentes primarias digitalizadas está cambiando las posibilidades de investigación y enseñanza. Además de facilitar el acceso a tesis, información y documentos, los sitios web de historia ofrecen ahora los métodos necesarios para organizar el crowdsourcing.

La historia digital puede utilizarse para construir contenidos académicos utilizando nuevas formas de escritura científica. La historia digital brinda la oportunidad de reflexionar sobre los medios y canales de transmisión del discurso. Para Noiret, la web puede complementar la difusión tradicional. El autor cita numerosos ejemplos de sitios web de historia realmente abiertos al público, con el objetivo de crear nuevos discursos. Photos Normandie, en Flickr, es una herramienta colectiva de redocumentación de fotografías, una herramienta utilizada en trabajos académicos y cuyas anotaciones son verificadas por especialistas. Parallel Archive es otro ejemplo de proyecto abierto citado por Noiret. Además de hacer accesibles las fuentes, este archivo abierto de la Universidad Centroeuropea de Budapest ofrece la posibilidad de crear un espacio de investigación personal, un entorno de estudio colectivo (adiciones, anotaciones, debates) o describir documentos mediante metadatos.

La exposición en línea Gulag Many Days, Many Lives (Gulag, muchos días, muchas vidas), un proyecto de la CHNM realizado con el software de código abierto Omeka, pretende crear contactos con un público lo más amplio posible. Los internautas comentan y comparten sus reflexiones sobre su experiencia del Gulag, con el objetivo de recopilar nuevas fuentes de todo el mundo. La Base de Datos Central de Nombres de Víctimas de la Shoah, otro proyecto digital que abre la historia, solicita la participación directa del mundo de Internet para crear un archivo de desaparecidos a partir de nuevos testimonios. También es el caso del Archivo Digital del 11 de Septiembre, que recoge y presenta imágenes digitales y correos electrónicos relacionados con el trágico suceso del 11-S, y que se ha integrado en la Biblioteca del Congreso.

Noiret concluye que la historia digital se compone dediversos relatos de comunidades, familias o individuos, a veces a través de testimonios directos, sin la mediación de científicos. Por último, subraya la necesidad deconocimientos tecnológicos para hacer de la historia algo apasionante y socialmente útil para el gran público a través de la participación en los contenidos. En su opinión, la historia digital 2.0 también puede dar un lugar a los excluidos de la historia, y es importante convencer a los historiadores profesionales de la utilidad de la web para mejorar su trabajo.

Claire Lemercier: Lo que la tecnología digital aporta a los historiadores

Claire Lemercier, entrevistada por Grandi y Ruiz, define la historia digital y sus componentes ante todo como la edición electrónica de fuentes. Como historiadora contemporánea, utiliza ampliamente las herramientas informáticas para diversos fines: acceso a bibliografía y fuentes, seguimiento científico, comunicación con colegas, redacción de textos en grupo o en solitario, edición y creación de bases de datos de fuentes, tratamiento cuantitativo de fuentes. Para Lemercier, la historia digital tiene que ser algo más que una práctica de historiadores frikis, y considera urgente dotarla de un contenido más preciso.

La cuestión de la estructuración de la información histórica vuelve a plantearse con la proliferación de información y de herramientas para tratarla; los historiadores pueden obtener resultados muy positivos de la creación de bases de datos bibliográficas (por ejemplo, utilizando la herramienta Zotero) y de la posibilidad de estructurar los metadatos para hacerlos útiles para sus investigaciones.

Transformación de la profesión de historiador

El director de investigación considera que todo ha cambiado en los últimos 10 años en cuanto a la forma de hacer las cosas, aunque debe mantenerse el principio básico de la crítica de las fuentes. Uno de estos cambios, la proliferación del correo electrónico, aumenta la comunicación científica global al facilitar la interacción, incluso a distancia, pero, en su opinión, esto va en detrimento del trabajo de investigación tradicional y, en particular, de la escritura. La digitalización de los documentos abre nuevas posibilidades de diálogo y debate en la investigación, pero plantea la cuestión de sus límites. ¿Dónde se detiene el investigador en la innumerable masa de documentos que debe comprobar y analizar? Uno de los principales problemas es la disyuntiva entre el tiempo dedicado a recopilar información y el tiempo dedicado a leerla y procesarla. El acceso a las fuentes y la forma de leerlas también han cambiado. Las fuentes son accesibles pero están dispersas; no forman parte de un corpus coherente. Además, aunque ya no sea necesario visitar físicamente el lugar donde se conservan los documentos, hay que seguir planteándose la cuestión del origen de las colecciones. Para el autor, también se ha producido una auténtica revolución en la forma de relacionarnos con las fuentes. Por ejemplo, ¿se ha vuelto superflua la descripción de una fotografía digital o la transcripción del texto de las fuentes fotográficas? Según Lemercier, todas estas transformaciones plantean cuestiones que deben debatirse colectivamente.

El desarrollo de la investigación colectiva es otro componente de la historia digital descrito en la entrevista. Las herramientas cruciales de revisión y puesta en común tienen efectos psicológicos positivos para los investigadores: las revisiones se aceptan mejor porque son transparentes y los autores pueden rastrearlas. Ella ve otra ventaja en el hecho de compartir el trabajo bibliográfico y los repositorios de fuentes: esto permite compartir el trabajo de escrutinio y colaboración a distancia, a pesar de los problemas prácticos (identificación normalizada de los archivos, normalización de los equipos informáticos). Sin embargo, este tipo de investigación colectiva está menos valorada en el mundo académico y profesional de la historia, que sigue basándose en el trabajo individual. Además, algunos tipos de trabajo, como los diarios o las bases de datos colectivas, simplemente no se reconocen.

En cuanto ala publicación científica en línea,"el acceso abierto me parece la regla", afirma la directora de investigación. En su opinión, es positivo que los documentos agotados o exentos de derechos de autor, los productos de funcionarios y las obras sin perspectivas lucrativas sean accesibles a través de plataformas como Internet Archive o Zotero Commons. También pone de relieve la importancia de documentar adecuadamente las fuentes digitalizadas (una tarea ingente pero esencial) para que puedan ser útiles a otros. El mundo científico sigue desconfiando de la publicación digital, pero el autor señala que los consejos editoriales son tan exigentes como en el caso de las revistas en papel. También parece haber confusión entre poner en línea "material científicamente seleccionado" y abrir los archivos a objetos inéditos, escritos preliminares y trabajos en curso que puedan ser comentados. En su opinión,"la naturaleza no validada del objeto debe quedar clara para todos".

Para Claire Lemercier, el problema de la gestión de la masa de información es muy real. En 2012, los elementos de su investigación son variados en su forma y están dispersos: elementos en papel, archivos digitales, documentos en ambas formas. La documentación es más voluminosa que cuando defendió su tesis en 2001 debido a la mayor facilidad de acceso a la información. No es posible releer los documentos de todos los capítulos de la investigación porque ésta nunca está acabada; siempre hay acceso a otros elementos, lo que provoca en la historiadora un sentimiento de duda, que supera eligiendo los elementos centrales de acuerdo con su visión del tema.

Las herramientas que han cambiado su práctica como historiadora son los instrumentos de seguimiento. Aunque le roban mucho tiempo, son beneficiosos para su enseñanza y para el desarrollo de su investigación. En particular, lee las Lettres de OpenEdition, el Liens-socio, compendios como histoire_eco y diarios de investigación como los de la página web Devenir historien, que le quitan tiempo de su tiempo libre y de sus actividades profesionales y que deja de leer en los periodos de trabajo más intenso. También utiliza herramientas de tratamiento cuantitativo de datos y programas informáticos de análisis formal flexibles y gratuitos. Para la investigadora, el cambio de herramientas de la historia digital puede conducir a una reflexión colectiva sobre la base del trabajo, por ejemplo sobre métodos y prácticas como la lectura o la toma de notas sobre una fuente.

Referencias

Serge Noiret Y a t-il une Histoire Numérique 2.0? en Academia.edu: http: //www.academia.edu/739198/Y_a_til_une_Histoire_Numerique_2.0_ [consultado el 14 de septiembre de 2013].

Entrevista a Claire Lemercier por Elisa GRANDI y Émilien RUIZ, Ce que le numérique fait à l'historien.ne en Diacronie Studi di Storia Contemporanea, www.diacronie.it, N. 10 | 2|2012 Digital History: la storia nell'era dell'accesso: http: //www.studistorici.com/2012/06/29/grandi_numero_10/ [consultado el 14 de septiembre de 2013].

Imagen del encabezado: PhotosNormandie, en Flickr, licencia CC BY-SA

Cuerpo del texto: Wikipedia, artículo sobre la batalla de Hastings; sitio web de la Historia del Gulag.


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