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Publicado el 02 de junio de 2015 Actualizado el 07 de enero de 2026
¿Cómo nos ayuda a aprender caminar? Son muchos los autores que nos animan a calzarnos los zapatos y recorrer los senderos del bosque. Caminar nos ayuda a conocernos, a meditar y a sentirnos libres. Pero también nos proporciona una comprensión más profunda que la que obtenemos de los libros. Por último, caminar favorece la aparición de ideas, estimula la creatividad...
Para recopilar tantas ideas, te proponemos crear un sketchnote, es decir, una nota dibujada que luego describiremos con detalle.

Sin entrar en consideraciones fisiológicas ni detenernos en el aspecto físico de la marcha, son la relación con el tiempo y la disponibilidad que ésta requiere las que explican cómo caminar favorece la reflexión.
Frédéric Gros es filósofo. También es autor de Caminar, una filosofía. En su opinión, caminar no nos hace más inteligentes, pero sí más disponibles para el pensamiento. El filósofo explica que muchas obras filosóficas se concibieron caminando.
Jean-Jacques Rousseau es uno de esos autores que afirma haber aprendido y descubierto mucho caminando. Durante sus divagaciones, pudo observar plantas y minerales. Pero Rousseau también fue uno de esos autores que contrapusieron el aprendizaje caminando por la naturaleza al de ir a las bibliotecas. Rimbaud, en su poema "Les assis", Nietzsche, que se burlaba de la erudición de los filólogos, David Thoreau, que comparaba los libros con el heno... Muchos nos han dicho que dejemos los libros y nos sumerjamos en la naturaleza.
Caminar ofrece esos momentos de desapego que favorecen el descubrimiento creativo. Cédric Villani, en Théorème Vivant, nos recuerda que la invención no llega en un momento de intensa concentración e investigación, sino en una actividad más tranquila, cuando nuestra mente toma un poco de distancia. La concentración es, pues, necesaria, pero también lo es el tiempo de evasión que le sigue. Cédric Villani describe los alrededores de la Universidad de Princeton, donde se puede ver a eminentes investigadores paseando por la noche.
El inspector Adamsberg, héroe de las novelas de Fred Vargas, también siente la necesidad de caminar para hacer aflorar la intuición que le permite resolver sus investigaciones.
Muchos autores utilizan la metáfora de los senderos del bosque para evocar los vericuetos del pensamiento que acaban desembocando en nuevas ideas o creaciones. En su último libro, Michel Serres demuestra que los inventos, innovaciones y descubrimientos son a menudo obra de "zurdos cojos", que no siguen los caminos que otros han trazado.
Haciéndose eco de ello, Henry David Thoreau, autor del librito Caminar, nos dice:
"¿De qué sirve tomar los mismos viejos caminos una y otra vez? Hay que labrarse caminos hacia lo desconocido. Si yo no soy yo, ¿quién será?".
Frédéric Gros y David Le Breton arrojan más luz sobre el tema. Caminar rompe máscaras y roles. Los caminantes comparten un cansancio, un ritmo. Ya no les preocupan las apariencias sociales.
Los dos autores parecen no haber caminado nunca con afeitadoras. Es excepcional, pero más de veinte kilómetros, es mucho camino...
Caminar es un medio de transporte lento, que obliga a quienes lo practican a dedicarse tiempo a sí mismos, a veces horas. David Le Breton subraya el lado sorprendente de esta práctica cuando nuestros contemporáneos tienden a alabar la velocidad.

Frédéric Gros explica que existe un sentimiento de gratitud en la contemplación del paisaje por parte del caminante. El paisaje aparece como la recompensa a un esfuerzo. Caminar tiene también una dimensión física. El caminante se siente cansado, a veces dolorido, y respira. Se siente vivo.
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