Publicado el 12 de febrero de 2019Actualizado el 02 de marzo de 2023
El principio pedagógico se basa en la autorregulación.
Cuando aprendes rápido, te evalúas rápido
No en 10.000 horas
La popularísima teoría de Malcolm Gladwell de que uno puede convertirse en experto en un campo en 10.000 horas de práctica puede parecer un poco desalentadora. 10.000 horas son 40 horas a la semana durante 5 años o 3 horas al día, 5 días a la semana durante 13 años... Se necesita muchísima disciplina, pasión continua y unas condiciones materiales casi ideales para conseguirlo.
Lo que dice esta teoría es que las 10.000 horas se aplican a personas que ya están dotadas, en contextos específicos y altamente competitivos y a un nivel extremo de rendimiento. Cuando se trata de aprender un idioma, tocar música, cocinar o carpintería, la experiencia demuestra que no hacen falta 10.000 horas, obviamente.
Josh Kaufman, coach y autor de "The Personal MBA" nos dice que con sólo un poco de práctica, ya te vuelves muy bueno en ello. Habla de 20 horas de práctica de calidad, unos 45 minutos al día durante un mes.
Práctica de calidad
No se trata de estar sentado 20 horas escuchando conferencias o leyendo libros. Se trata de practicar, aplicar y relacionar lo que se aprende, de forma gradual y sistemática.
Si crees que ya lo sabes todo, o si estás convencido de que eres un perdedor atávico (de nacimiento, hereditario), necesitas cambiar de actitud y reconocer que puede haber algo que aprender y que puedes hacerlo.
Este es el método de 4 puntos que propone
deconstruir la habilidad en partes ;
aprender lo suficiente para autocorregirse, para reconocer las mejoras y los errores;
eliminar las barreras y distracciones a la práctica, lo que incluye Internet;
practicar al menos 20 horas;
La principal barrera para aprender nuevas habilidades no es intelectual, sino emocional. A nadie le gusta sentirse estúpido y, cuando empiezas a aprender algo nuevo, te sientes así. Con práctica, puedes superar este estado. Y lo demuestra...
Cabe preguntarse por qué este enfoque no puede aplicarse a la escuela.
Autorregulación: un cambio en la filosofía de la enseñanza
La escuela ya ofrece un entorno dedicado, tiempo y una relativa ausencia de distracciones. La mayoría de los planes de estudios ya han desglosado los objetivos y las competencias; lo único que faltaría, según este modelo, es el objetivo metodológico de hacer que los alumnos adquieran los conocimientos y los criterios de autocorrección y autorrefuerzo. En su lugar, se confía en la retroalimentación externa, ya sea del profesor o del sistema de evaluación. Pero se ha desarrollado un nuevo contexto: el de la personalización, que hace necesaria la autorregulación.
Al poner como prioridad de la acción docente el empoderamiento del alumno, capaz de realizar su propia evaluación, prácticamente se libera de la propia enseñanza en favor de la supervisión del aprendizaje y la atención a lo que ocurre con cada alumno. El foco se desplaza de la enseñanza al aprendizaje, ya que el propio alumno dirige sus esfuerzos hacia sus necesidades, rápidamente y sin demora.
Lo que hace el profesor ayuda al proceso, pero lo que hace el alumno es el principal determinante de su aprendizaje, y cuanto más activo sea y sea capaz de medir sus progresos, mejor y más rápido progresará.
La sociología ha desarrollado muchas teorías a lo largo de los años. Sus aplicaciones prácticas permiten visualizar las interacciones sociales entre los miembros de un grupo para crear grupos coherentes de individuos movidos por la misma dinámica. He aquí los retos de los sociogramas y algunas de las herramientas utilizadas para crearlos.
Un estudiante respondió: "¿Cómo puedo combatir la procrastinación? Tuve la tentación de buscar respuestas "operativas" para jóvenes de 18 años en su primer año de universidad...
Una buena manera de "inmunizar" a los alumnos contra los trucos de los medios de comunicación es presentárselos y luego hacer que los utilicen. Aprenderán varias cosas, entre ellas que lo que creían fácil en realidad no lo es, pero también cómo se les pone un cebo. Una vez que sepan cómo funciona, podrán identificar cuándo los textos están diseñados únicamente para atraerles y distinguirlos de las comunicaciones auténticas.