Publicado el 27 de abril de 2022Actualizado el 21 de diciembre de 2022
Llega el dron agrícola: resistencia, inteligencia y precisión necesarias
Preparar y formar para nuevas prácticas. Eficacia, rapidez, economía y medio ambiente
Trabajar grandes extensiones agrícolas es un reto complejo y cada intervención en cientos de hectáreas supone costes importantes: preparación y enmienda del suelo, siembra, control de insectos y malas hierbas, seguimiento, etc. La decisión más pequeña vale miles de euros.
Los costes de funcionamiento de la maquinaria sobre el terreno, en términos de energía, insumos y mano de obra, hacen que algunas intervenciones no sean rentables, como las que sólo afectan a pequeñas superficies y no a todo el campo o la plantación. La preparación del equipo, su transporte a la zona, la operación, el regreso, el mantenimiento y la limpieza... estas operaciones llevan tiempo y hacen que sólo se lleven a cabo actividades a gran escala. Sin embargo, cuando se descubre una infestación, es necesario intervenir rápidamente. Cuando una zona se ve afectada por las heladas o la sequía y debe resembrarse o tratarse, ¿por qué movilizar grandes equipos para zonas pequeñas y dispersas?
La impresión de uniformidad de las grandes superficies es una ilusión: algunas zonas están mejor drenadas que otras, algunas están más expuestas que otras y muchas intervenciones deben ser específicas para cada campo o plantación.
Cuando, además, falta mano de obra... a veces optamos por dejar ciertos cultivos a su suerte.
El dron agrícola al rescate
El uso de drones agrícolas está creciendo rápidamente.
Para esparcir semillas, enmiendas del suelo o bioplaguicidas, son muy eficaces porque pueden adaptar las cantidades aplicadas a cada zona y garantizar una dispersión uniforme. Pueden desplegarse rápidamente y actualmente pueden tratar de 1 a 2 hectáreas por vuelo, hasta 10 por hora. Una hectárea representa una superficie de 100 metros por 100 metros. Como la capacidad de carga útil de los drones es limitada, estamos hablando de 20 a 30 kilos, el dron debe volver a menudo a su base para reabastecerse.
Para las plantaciones de árboles frutales, su ventaja es aún mayor porque el control se realiza desde el aire y no desde el suelo y hace más accesibles las plantaciones en pendientes pronunciadas.
Para la vigilancia de los cultivos, el dron despliega todas sus posibilidades: con diversos sensores de posicionamiento, lidares y cámaras, UV, infrarrojos y filtros, puede trazar una imagen detallada de los campos en términos de humedad, infestación, enfermedad, índice de vegetación, densidad o maduración. A partir de los datos, el agricultor puede planificar diferentes intervenciones e incluso transferir estos datos a sus drones esparcidores para intervenciones específicas. El dron puede desplegarse bajo demanda, rápidamente y según sea necesario.
Equilibrio de costes
La compra de un sistema de drones agrícolas y su funcionamiento cuestan decenas de miles de euros. Un tractor y su equipamiento no son menos caros. Aunque los costes de explotación son de naturaleza muy diferente, al final son comparables.
Las principales ganancias están en las cantidades de productos aplicados y la precisión de las intervenciones. ¿Por qué ponerlo en todas partes cuando sólo lo necesitan determinadas zonas? Para el medio ambiente, estamos hablando de una mejora significativa, además del ahorro neto en insumos. La otra parte de la ganancia es la optimización de las superficies cultivadas. Las zonas abandonadas o de bajo rendimiento pueden ahora ser objeto de intervenciones específicas. A veces se trata de grandes porciones de los campos.
Una mano de obra por desarrollar
Actualmente, los pilotos de drones se entrenan principalmente para la observación y la competición. Sembrar inteligentemente decenas de hectáreas de campo puede no ser tan estimulante como una competición en el bosque, pero puede ser más satisfactorio al final del día. En cuanto a ganarse la vida con ello, ¿por qué no? La agricultura necesita personas... y cabezas. Recoger e interpretar los datos de observación y traducirlos en acciones adecuadas requiere atención e inteligencia.
Como los drones agrícolas son pesados (de 15 a 30 kg), requieren certificación de piloto de dron en la mayoría de las jurisdicciones nacionales. Hay varios cursos de formación de pilotos de drones, pero sólo unas pocas escuelas ofrecen formación específica para la agricultura, donde la eficiencia y la rapidez de operación pueden ser más importantes que en otros lugares, dada la cantidad de terreno que hay que cubrir.
Es evidente que existe una necesidad de formación sobre equipos específicos; sin duda, el mercado seguirá desarrollándose y evolucionará hacia la profesionalización. Ya sorprende el número de ofertas de trabajo de "piloto de drones agrícolas" en las bolsas de empleo, y las empresas de distribución agrícola también han identificado el potencial.
El trabajo de un piloto de drones agrícolas es un trabajo de resistencia, inteligencia y precisión. Hay que verse a largo plazo y en la inmensidad de los espacios por cubrir y por cubrir.
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