La agricultura está experimentando una revolución: los robots y la IA facilitan el trabajo, lo hacen más preciso y respetuoso con los organismos vivos, pero la mayoría de las tecnologías y redes de distribución necesitan grandes explotaciones estandarizadas para ser rentables. El futuro de los pequeños productores se presenta muy diferente.
Uno de los factores fundamentales que limitan el crecimiento humano ha sido siempre la disponibilidad y el reparto de los alimentos. Aunque la producción de alimentos es cada vez menos problemática, su desviación económica limita su accesibilidad y aumenta su coste, ya que en algunos contextos suele ser más rentable producir carne, biocombustible o cultivos de exportación que alimentos para la población local. Si, además, los precios los fija un mercado globalizado, muchos actores abandonarán. Producir alimentos es vital, y por ello es una de las consideraciones primordiales de todo país: ante todo alimentar a su población, pero esta cuestión está sujeta a decisiones políticas y económicas que a menudo no tienen nada que ver con el agricultor.
Entre la producción a pequeña escala y las agrotecnologías (AGricultura y Tecnologías Digitales), la brecha se ensancha, con consecuencias tanto sociales como medioambientales. ¿Un ejército de robots al servicio de quién y para qué producción? ¿La más rentable o la mejor para el medio ambiente, la salud o la paz social? Producir maíz o aceite vegetal para biocarburantes es sólo una de las aberraciones derivadas de una lógica puramente económica. Si a esto añadimos la comida para gatos y perros, los OMG patentados y los monocultivos de regadío, llegamos a cuestionar esta industria en manos de los grandes accionistas, incluidos los fondos de pensiones, y en última instancia de nosotros mismos. Sin embargo, no se nos pide nuestra opinión, salvo para comprar. En principio, el objetivo es producir a menor coste, pero dada la situación, nos preguntamos dónde se está equivocando el sistema.
A menudo, el tema sólo se trata de forma técnica y superficial en la escuela: un huerto escolar, un invernadero, cocinar, hacer conservas... pero ¿cómo es posible que la alimentación sea menos accesible y que tantas personas se vean reducidas a frecuentar organizaciones de ayuda alimentaria? Este dossier analiza la cuestión.
Denys Lamontagne - [email protected]
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