Publicado el 21 de febrero de 2024Actualizado el 21 de febrero de 2024
¿Por qué han desaparecido las utopías?
¿Estamos condenados a un futuro sombrío?
¿Sigue siendo posible soñar con una sociedad mejor? Cuando Tomás Moro describió su civilización utópica en 1516, lo hizo en un contexto histórico en el que el humanismo primaba sobre los dictados religiosos medievales. Hoy en día, es mucho más fácil nombrar distopías ficticias que utopías. Parece que los autores son cada vez más pesimistas sobre la capacidad de la humanidad para avanzar hacia un mundo mejor.
Podría ser una observación triste, pero las distopías son importantes porque ponen de relieve los problemas actuales magnificándolos. La desigualdad, la violencia, el dominio de las empresas sobre la sociedad: los escritores pueden utilizarlas para recordar a la gente que luche contra ellas.
Es más, muchas de estas distopías son utopías ocultas, en el sentido de que un héroe acabará eliminando la amenaza que se cierne sobre todos en el transcurso de una historia o saga. Esto, por otra parte, conduce a la idea de que un salvador acabará por ahuyentar los problemas, mientras que los movimientos sociales son más lentos, hechos de varios movimientos y a veces de retrocesos.
De hecho, deberíamos desconfiar más de los antiutópicos, de los que siguen diciendo que el mundo debe seguir como está o todo irá mal. Porque las utopías y las distopías incitan a la acción; las antiutopías nos piden que dejemos de actuar. Aunque el mundo contemporáneo tiene su parte de dificultades, no debemos olvidar que las utopías del pasado son ahora realidades casi banales.
Los seres humanos son capaces de volar, muchas enfermedades mortales han desaparecido, podemos comunicarnos instantáneamente, la esclavitud ha sido abolida en una gran parte del mundo, etcétera. En definitiva, ahora más que nunca es el momento de atreverse a soñar más allá para no quedarnos en esta fase de estancamiento.
El reconocimiento en el sentido de "gracias" nos hace dependientes de la mirada del otro. Una mirada subjetiva y orientada al otro. ¿Cómo podemos construir el reconocimiento independientemente de la mirada del otro?
La educación no es tan "tradicional" como sistemática, y sólo cuando se aleja de sus mejores prácticas va mal. En un contexto de escasez de profesores, aunque la reducción del tamaño de los grupos parezca necesaria para una enseñanza diferenciada, resulta difícil concebirla en la práctica; entonces, ¿qué dirección toman las instituciones?
La enseñanza es una de las profesiones en las que se es menos libre en cuanto a las opciones que forman parte del paisaje de la apariencia. La profesión sitúa a sus profesionales en un contexto en el que siempre están sometidos al escrutinio, sobre todo de sus alumnos y, por extensión, de sus padres.
Para comprender la sumisión libremente consentida en la actualidad, hay que cambiar de perspectiva: el problema ya no es solo la obediencia visible, sino las condiciones invisibles que hacen que ciertas orientaciones resulten deseables, naturales u obvias.
Dado el gran número de iniciativas y agentes que trabajan para promover la economía circular, el lanzamiento de esta plataforma internacional pretende fomentar la colaboración entre los proyectos existentes, así como servir de puerta de entrada a otros sitios nacionales y locales.