Publicado el 19 de junio de 2024Actualizado el 19 de junio de 2024
Buscar el amor de los demás
Un fenómeno amplificado en la era de las redes sociales
Entre las necesidades humanas básicas, todos los neurocientíficos y psicólogos estarán de acuerdo: la necesidad de reconocimiento y amor de los demás es esencial. Este es uno de los vestigios de nuestro muy lejano pasado de Homo Sapiens. En la prehistoria, ser excluido de un grupo significaba casi con toda seguridad la muerte. Así que evolucionamos para asegurarnos de ser apreciados por los demás. Cuando esto no ocurre, puede ser tan perjudicial para la salud como fumar o la obesidad.
De hecho, algunas personas se han dedicado a profesiones para obtener reconocimiento como cómicos o periodistas. Así obtienen su dosis habitual de reconocimiento y neurotransmisores como la dopamina y la oxitocina. Por eso muchos artistas son adictos a los aplausos: es una fuerte dosis de reconocimiento en su cerebro. Las redes sociales lo han entendido y han utilizado las mismas técnicas que la industria del tabaco para crear una adicción a los famosos "me gusta".
Pero no hace falta un reconocimiento masivo para sentirse bien física y mentalmente. Bastan unos pocos amigos sinceros. Para hacer amigos y ser querido, hay algunos consejos que la propia ciencia avala:
Sé amable, sonriente y simpático;
El mimetismo ayuda a sentirse parte del grupo;
Interésate por la otra persona haciendo preguntas y hablando;
Estar siempre ahí, es decir, estar en presencia de la gente con regularidad;
No seas demasiado perfecto; las imperfecciones y los errores hacen que la gente sea más simpática.
Aprender a ver más allá es un proceso continuo que requiere una combinación de varios ingredientes. La escuela como incubadora de redes, anticipación y prospectiva.
Los efectos del cambio climático ya se dejan sentir en todo el mundo. Miles de millones de toneladas de dióxido de carbono en el aire están contribuyendo al fenómeno. Para algunos, la solución práctica sería capturar este carbono y enterrarlo para que no acabe en la atmósfera. Por el momento, esta tecnología suscita más dudas que optimismo.