"La moda es el método más irresistible y eficaz de manipular grandes colectividades humanas".
Moda participativa: la solución definitiva
Convenciones ciudadanas, grandes debates, listas de agravios, referendos... ¿consultamos a todo el mundo para introducir una dosis de horizontalidad en un mundo que se percibe demasiado jerárquico? En la retórica contemporánea de la gobernanza participativa, la facilitación aparece como un arte de hacer hablar, una palanca para generar inteligencia colectiva, una garantía de cooperación dentro de los grupos.
Pero en cuanto esta práctica se sistematiza e institucionaliza, crea zonas grises. Fue en este vacío donde surgió la noción de "facipulación", acuñada en la década de 2010 por profesionales críticos de los enfoques participativos, especialmente en el seno de movimientos de educación popular, colectivos de ciudadanos y consultores implicados en procesos de transición democrática.
Este neologismo -contracción de "facilitación" y "manipulación"- surgió como denuncia de los abusos observados en espacios donde se invita a los individuos a cooperar mientras se bloquean las condiciones para expresar desacuerdos y se niega el potencial generativo del conflicto. Así pues, la facipulación se refiere al uso de métodos de facilitación con fines no explícitos: canalizar energías, orientar decisiones, legitimar direcciones ya decididas o descalificar cualquier pensamiento discrepante, preservando al mismo tiempo la imagen del diálogo libre.
Un caso emblemático de facipulación se observó en el marco de la "Convención Ciudadana del Clima" (Francia, 2019-2020). Si bien la experiencia fue aclamada por su capacidad para hacer emerger propuestas fuertes, varios investigadores han señalado el marco inicial impuesto por el ejecutivo, los métodos de priorización de puntos y el encuadre tecnocrático de ciertos debates, que limitaron el alcance transformador del proceso (Blondiaux, 2021). En este caso, la facilitación no era en sí misma manipuladora, pero su inclusión en un sistema político asimétrico reducía su poder democrático real.
Otro ejemplo proviene del mundo corporativo: en ciertos enfoques ágiles de transformación o gestión del cambio, se orquestan talleres colaborativos (como el pensamiento de diseño o el foro abierto) para hacer creer a los empleados que están co-construyendo soluciones, mientras que las decisiones estratégicas ya se han tomado aguas arriba. En este caso, la facilitación se convierte en una herramienta de pacificación de la gestión, una forma de generar apoyo a través de la sensación de haber sido escuchado, sin ningún poder real de transformación (Linhart, 2021).
Las trampas del poder
Estas situaciones no son abusos aislados, sino síntomas de una tensión constitutiva: toda práctica destinada a estructurar el discurso colectivo produce los efectos del poder. Michel Foucault nos recuerda que el poder no sólo se ejerce de arriba abajo, sino que circula a través de disposiciones, procedimientos y microdetalles. Fijar el turno de palabra, dirigir la temporalidad, reencuadrar una emoción o reformular una palabra bruta son actos que, aunque aparentemente insignificantes, determinan la naturaleza del diálogo y las formas de legitimidad.
Así pues, la facipulación no es una desviación anecdótica de la facilitación, sino una posibilidad inherente a cualquier práctica que pretenda "hacer hablar a un grupo". Es un riesgo estructural si el facilitador no hace explícito su marco de intervención, sus objetivos o los intereses que atraviesan el proceso. La creencia en la neutralidad metodológica crea un punto ciego crítico que los actores más estratégicos pueden explotar.
Hacer visible el marco de facilitación
Para contrarrestar esta tendencia, se necesitan varias salvaguardas. La primera es hacer visible el marco de facilitación:
- quién lo controla
- con qué fines,
- con qué medios.
En segundo lugar, es esencial introducir mecanismos de autocrítica como parte del proceso, como los foros de metadiscusión, el uso de observadores externos y la regulación cruzada entre los participantes. Por último, la formación de facilitadores debe incorporar un enfoque político a su postura, combinando métodos, ética y conciencia de las relaciones de poder.
La facilitación puede ser un arte de emancipación o una elegante máscara de poder. El futuro de esta práctica depende de la vigilancia ética y política de los practicantes, y de la capacidad de los grupos para cuestionar los sistemas que los gobiernan.
Ilustración: Joseph Mucira - Pixabay
Fuentes
Blondiaux, L. (2021). Le nouvel esprit de la démocratie: actualité de la démocratie participative. París: Seuil.
https://journals.openedition.org/lectures/609
Boltanski, L., & Chiapello, È. (1999). Le nouvel esprit du capitalisme. París: Gallimard.
https://shs.cairn.info/revue-l-annee-sociologique-2001-1-page-257?lang=fr
Foucault, M. (1980). Pouvoirs et stratégies. En Dits et écrits, Tome II. París: Gallimard.
https://shs.cairn.info/revue-actuel-marx-2004-2-page-89?lang=fr
Linhart, D. (2021). L'insoutenable subordination des salariés. París: Érès.
https://www.editions-eres.com/ouvrage/4680/linsoutenable-subordination-des-salaries
Mouffe, C. (2000). The democratic paradox. Londres: Verso.
https://monoskop.org/images/4/41/Mouffe_Chantal_The_Democratic_Paradox_2000.pdf
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