Temáticas de la semana

Opciones políticas

La educación suele formar parte del discurso político, ya que es en la escuela donde se forman los futuros ciudadanos. Los partidos políticos son especialmente sensibles al rumbo que toman las instituciones educativas.

Los principios que guían a los partidos son diferentes de los de los votantes. Para un partido, la prioridad es llegar al poder y, una vez allí, mantenerse. Si el partido tiene principios, intentará convencer a los votantes con un programa y unos objetivos realistas, apoyados por candidatos competentes. Si no los tiene, utilizará otros medios para inclinar la balanza a su favor: manipulación, propaganda, intimidación, corrupción, falsificación, etcétera. Si no tiene ninguno, utilizará la fuerza. Los partidos, en su afán de simplificación, intentan hacer creer que resolverán los problemas del empleo, la economía, la seguridad o la gestión mediante inversiones, impuestos (más o menos) o legislación.

Pero sea cual sea el partido o el programa, son los efectos de las propuestas sobre la economía los que determinarán su éxito a medio plazo. El todo gratis y los proyectos grandiosos son electoralmente agradables pero raramente sostenibles en la práctica. Esta lógica económica hace tiempo que se ha contagiado al vocabulario y a los objetivos de la educación pública: formamos a los ciudadanos para que sean capaces de contribuir al sistema del que depende el poder político.

Pasar de una cultura de productividad y competitividad a otra de desarrollo de un entorno viable implica un cambio profundo del discurso político y de las prioridades que se plantean en las escuelas y universidades. Si hemos de elegir entre las ventajas de la uniformidad industrial y la diversidad necesaria para la adaptación local, entre la estandarización de una gestión optimizada y las exigencias específicas de cada situación, entre una inteligencia artificial insensible y la coherencia de las interacciones del mundo vivo del que formamos parte, no se trata de elegir bandos, sino de encontrar los mejores usos para cada situación, con un espíritu de equidad... La complejidad resiste poco a las simplificaciones de la retórica populista en la mente, pero la retórica populista resiste aún menos a la complejidad de la realidad en los hechos. La competencia es nuestra mejor defensa.

Nunca hemos tenido tantos recursos, conocimientos y medios en la historia de la humanidad, pero parece que nos cuesta utilizarlos para hacer algo que no sea "un poco más de lo mismo". Aprovechemos que la educación desarrolla el espíritu crítico de los ciudadanos antes de que se considere subversivo cuestionar una política o una actividad.

Todos hacemos política en nuestras vidas.

Denys Lamontagne - [email protected]

Ilustración: Gordon Johnson - Pixabay

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